Obras de los museos porteños, de gira por el mundo

Fuente: Foro de Baires – Los museos porteños albergan una cantidad muy importante de obras con relevancia internacional, destacada por curadores de instituciones del mundo entero. En ese sentido, en estos momentos hay una presencia inédita, en cuanto a cantidad, de obras del patrimonio local en préstamo para muestras en el exterior, en este caso de los museos de Esculturas Luis Perlotti y de Arte Español Enrique Larreta.

A través del trabajo de la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico del Ministerio de Cultura porteño, las obras están siendo exhibidas en distintos museos y fundaciones. El Museo Perlotti participa con piezas notables en la estética indigenista que lo caracteriza, obra en su mayoría de Luis Perlotti. En tanto el Larreta comparte en Europa el gran cuadro de Ignacio Zuloaga que retrata a Enrique Larreta en los tiempos de celebridad literaria por su novela La gloria de don Ramiro.

A continuación, las principales obras:

Museo Luis Perlotti en Fundación Juan March, Madrid (España)

El Museo de Esculturas ha enviado para la exposición Antes de América. Fuentes originarias en la cultura modernaque se lleva a cabo desde el 6 de octubre de 2023 hasta el 10 de marzo de 2024, cuatro obras de su patrimonio de arte americanista: Maqueta del proyecto de Monumento a la Independencia en la Quebrada de Humahuaca (2º premio), de Héctor Greslebin y Luis Perlotti, 1925, modelado en yeso con base de madera; dos obras tituladas Juego de café con motivos indígenas, de Luis Perlotti, cerámica policromada con las técnicas de torneado, bizcochado, decorado y vidriado; y  Máscara indígena, de Luis Perlotti, c.1930, cerámica policromada, decorada y vidriada. Estas piezas se conservan y difunden desde el único museo de esculturas porteño en Caballito.

“Antes de América. Fuentes originarias en la cultura moderna” es una exposición que propone reconstruir visualmente un proceso histórico que tiene lugar en los dos hemisferios del continente americano, desde Alaska hasta la Patagonia: el de recuperación y reinterpretación en las artes y la cultura de las formas y los significados de las antiguas civilizaciones americanas y culturas indígenas derivadas, desde el siglo XIX hasta nuestros días. La mayoría de las piezas seleccionadas no ha salido nunca de sus países de origen, y a veces ni siquiera de los depósitos de los museos y colecciones que las albergan, o no se exhiben de modo habitual.

Museo Enrique Larreta en Munich y Hamburgo (Alemania) y en Segovia (España)

En la exposición itinerante El mito de España. Zuloaga 1870 – 1945, que se lleva a cabo en el Kunsthalle der Hypo-kulturstiftung (Múnich) de septiembre de 2023 a febrero de 2024, en el Bucerius Kunst Forum (Hamburgo) de febrero a julio de 2024, y en el Museo Zuloaga (Segovia) de junio a octubre de 2024, el Museo de Arte Español presenta su célebre pintura Retrato de Enrique Larreta, de Ignacio Zuloaga (París, 1912), óleo sobre tela, que ocupa un lugar central de la casa y la colección en Belgrano.

La representación que Zuloaga hace de Enrique Larreta es uno de los retratos paisajísticos más famosos del artista, en el que concibe el paisaje como una extensión de la figura que expresa la esencia del retratado y, a menudo, sirve como una proyección de su alma. Pintado en París en 1912, donde Larreta se desempeñaba como ministro plenipotenciario de Argentina, el lienzo lo muestra con el telón de fondo de la ciudad de Ávila, escenario principal de su novela La gloria de don Ramiro de 1908”(Texto del catálogo de la muestra).

“El mito de España. Zuloaga 1870 – 1945”, reúne unas 100 pinturas de colecciones públicas y privadas de todo el mundo, muchas de las cuales no han sido presentadas al público desde la muerte de Zuloaga en 1945. Es la primera vez que el artista, cuyas obras fueron expuestas repetidamente y con éxito en Alemania a principios del siglo XX, pero que es hoy prácticamente desconocido en ese país, será homenajeado fuera de España en una muestra tan completa.

David Siqueiros: el mural de la discordia vuelve al primer plano

Fuente: Ámbito – «Ejercicio plástico», la obra del artista mexicano, fue expropiada por el Congreso en 2009 para evitar su deterioro total y hoy está en el Museo de la Casa Rosada. Sin embargo, habría acciones judiciales para volver todo atrás.

El mural “Ejercicio plástico” que en 1933 pintó el mexicano David Alfaro Siqueiros en la quinta bonaerense del dueño del diario “Crítica”, Natalio Botana, se encuentra en el museo construido sobre las ruinas de la Aduana Taylor. Ocupa un espacio digno, si se compara con los containers que durante 17 años albergaron la pintura del maestro latinoamericano a la intemperie. Se supone que esta obra cumbre del arte, ya restaurada y expropiada por el poder legislativo desde septiembre de 2009, ocupa su “emplazamiento definitivo”.

Durante las feroces luchas por la titularidad del mural que lo sentenciaron a una penosa reclusión, la obra padeció un descuido patrimonial alarmante. Hoy, “Ejercicio plástico” luce en todo su esplendor. No obstante, las cuestiones judiciales se complican, ya que nadie se resigna a perder este capital formidable. Los supuestos dueños del mural aseguran que la expropiación por la ley 26.537, es inconstitucional y que “está suspendida por un fallo de la Corte”. A través de sus letrados, anuncian que ya expiró el convenio de exhibición firmado con el gobierno.

“Voy a pedir la devolución de la obra”, sostenía la letrada de la firma Dencanor, pasados los festejos del 25 de mayo de 2010. El monto que pagaría entonces el Estado por la expropiación (12 millones de pesos), no fue aceptado. Dencanor compró el mural en 1994 por 820.000 dólares, el valor más alto hasta el momento pagado por una obra de arte en la Argentina. En el año 2009, la feroz batalla legal entre quienes invirtieron dinero en el costoso desmontaje para sacar la obra de la quinta y llevarla de gira por el mundo, no se sabía si había terminado.

“No hay nada terminado aún”, le aclara en estos días Luis Porcelli, abogado y apoderado de Dencanor, a un diario argentino. “Fue un comodato con promesa de devolución y, luego un permiso de exportación temporaria para que la obra viajara por el mundo. No pasó y se dictó la expropiación, algo que según la empresa es inconstitucional”, aclaró el letrado. Según agregó, quienes se consideran dueños de la obra la reclaman y amenazan con iniciar un juicio al Estado por 200 millones de dólares. Consultado un ex senador que impulsó la expropiación, respondió: “Sabemos de combates largos. Además, podemos pagar el mural con bonos a 30 años”.

¿Acaso se especula que en una Argentina como nunca empobrecida, nadie va a defender una obra de arte? Además, ¿cómo se puede llevar de gira por el mundo una pintura frágil y de dimensiones colosales? ¿Volverían a cortar el mural para ponerlo en containers?

“Ejercicio plástico” es una rareza del muralismo dada su impronta vanguardista. El sótano de la quinta donde Botana le dio asilo a Siqueiros, un comunista recalcitrante, cuando lo iban a llevar prisionero, no resultaba ideal para poner en práctica sus propios enunciados políticos. Pero, lejos de limitarse a decorar el sótano de un hombre rico, el mexicano se concentró en el análisis de los problemas visuales y estrechó la relación del arte con la tecnología; fabricó una auténtica máquina de la percepción, anticipatoria del cinetismo.

Siqueiros eludió el tema político y los fans de su ideología lo sustituyeron por un melodrama marquetinero: el triángulo amoroso conformado por el muralista, el poderoso Botana y Blanca Luz Brum. La escritora uruguaya, bellísima y aventurera, suplantó los análisis estéticos. La permanencia obligada de la obra con sus eróticos desnudos en la oscuridad del sótano del polémico magnate, los afanes revolucionarios de Siqueiros, configuraban una historia explosiva. Pero la obra, aunque pocos aprecian el valor artístico, es mucho más que un folletín: marca un hito en la vanguardia internacional y refunda el muralismo.

Siqueiros explica el sentido de su trabajo con elocuencia, dice que el mural es una máquina destinada a activar la percepción del espectador, quien deberá recorrerlo casi en soledad. Estudiar y atender estos reclamos es responsabilidad de quienes lo poseen. “Ejercicio plástico” es una obra frágil y, su conservación es un tópico delicado en extremo. La pieza es una rareza que demanda el cuidado de su especificidad, tiene un “aura” que es preciso proteger.

Al igual que las personas, las obras de arte tienen “derechos morales”: en efecto, el Convenio de Berna para la protección de las obras literarias y artísticas, contempla el derecho del autor de oponerse a cualquier deformación u otra modificación o acción que las dañen. Con sus características tan especiales el mural pide atenciones particulares, como recrear la intimidad del lugar o realizar las filmaciones que de modo tan insistente reclamó su autor.

Antes de viajar a Buenos Aires, Siqueiros ya era amigo de Eisenstein y trabajó con los dibujantes de Disney. Así pintó una obra que aspiraba al movimiento, con el objetivo de hacerla filmar y conquistar el público del cine arte de masa por excelencia. Es decir, diseñó una matriz, encontró la manera para que la obra trascendiera, sin necesidad de traslado alguno y sin cortarla en pedazos. Él estaría escondido: la obra sería libre. Si se hubieran tenido en cuenta sus escritos, hoy la imagen de “Ejercicio plástico” estaría en todas las pantallas y otra sería la historia.

No obstante, ahora que el mural acaba de recobrar sus formidables atributos visuales cabe preguntarse: ¿cómo pudieron pasar inadvertidos los valores estéticos de esta imponente pintura, incluso, ante los ojos de los artistas que trabajaron con él? No se entienden las duras críticas de Berni, que lo trató de “oportunista” (al igual que el cineasta Héctor Olivera); tampoco se entiende el enigmático silencio de Spilimbergo o el uruguayo Lázaro, y el tardío reconocimiento de Castagnino. La ausencia de mensaje político resulta imperdonable a los ideólogos del comunismo. En México tampoco lo aceptan.

Entretanto, el Museo del Bicentenario acaba de recuperar su nombre original, Museo de la Casa Rosada, y de las 13.000 piezas que se exhiben (mayormente sin catalogar), pertenecientes a presidentes argentinos, decidieron excluir las más recientes. Un modo elegante de deshacerse de los mocasines de un ex presidente y otros objetos que nada tienen que ver con esta obra cumbre, ajena al arte político.

Falsos y recontra falsos: un manual de fraudes del arte

Fuente: Clarín – “Todas Ias falsificaciones son como vampiros; deberían clavárseles una estaca en el corazón”. Lo dijo Josep Noble, quien fuera uno de los directivos más importantes del Museo Metropolitano de Nueva York, un museo que en algún momento dio a conocer que más del 40% de sus fondos eran falsificaciones.

Menos dramáticos que Noble, la mayoría de los que están involucrados en el mundo del arte suelen hablar de copia, reproducción y falsificación. Todas mueven cifras abultadas. Se habla de falsificación cuando son copias sin autorización y además, tienen voluntad deliberada de engañar, de pasar por originales y únicas."Fake or fortune", la serie de la BBC sobre fraudes con el arte.«Fake or fortune», la serie de la BBC sobre fraudes con el arte.

Si bien las historias que hoy leemos o vemos en películas y series suceden casi siempre en Europa o los Estados Unidos, –entre ellas, Fake or Fortune?, de la BBC, con Philip Mould o Fraude de arte, producida por Alec Baldwin–, en Latinoamérica, territorio utópico de copias de Giocondas, paraíso de compradores, vendedores y falsificadores de arte precolombino, abundan las anécdotas, el grueso, improbables, la mayoría, peligrosas.

Las Mona Lisa falsas en América

Se sabe que la «Mona Lisa», de Leonardo Da Vinci, estrella del Museo Louvre, fue robada de allí por el italiano Vincenzo Peruggia en 1911 y recuperada en 1913.El regreso de la Gioconda al LouvreEl regreso de la Gioconda al Louvre

En junio de 1932, el periodista estadounidense Karl Decker publicó un artículo en el que reveló que un argentino había sido el cerebro de este robo y que en Estados Unidos había 6 copias falsificadas del cuadro de Da Vinci.

El marqués Eduardo de Valfierno se lo había confesado a Decker en 1914 en Marruecos. Este había conocido en Buenos Aires a Yves Chaudron, un pintor francés que realizaba falsificaciones de arte y que en Paris convencieron a Peruggia de robar la Gioconda del Louvre.

Mientras se buscaba la obra robada y el escándalo recorría el mundo, Chaudron hizo varias copias que luego fueron ofrecidas por Valfierno como si fuera la original a distintos coleccionistas. A medida que las falsificaciones fueron finalizadas, Valfierno viajó con ellas a Estados Unidos, una por vez, para no despertar sospechas. Vendidas todas, abandonaron a Peruggia a su suerte. Nunca quisieron la original.

Hay dos libros escritos por dos argentinos que ficcionan la supuesta vida de Valfierno. Uno, de Martin Caparrós quien obtuvo el Premio Planeta por ese libro, y otro, del ex embajador y columnista político Diego Guelar.

La historia es muy bonita, pero es mentira. Nunca existió el Marqués de Valfierno. Por tanto nunca existieron las Giocondas falsas importadas a América.

La mayor fábrica de artefactos prehispánicos

El interés por el arte precolombino, el más falsificado en Latinoamérica, continúa hasta hoy, entre el expolio y la recuperación de auténticas piezas y el falso maridaje o pastiche, la industria de la falsa procedencia y las copias burdas que se venden en todo el mundo, dando lugar a cientos de historias.

Una de las más interesantes es la del coleccionista mexicano Josué Sáenz, quien compró las 10 páginas sobrevivientes del «libro» que solía conocerse como el Códice Grólier y ahora es conocido como el Códice Maya de México.

Por mucho tiempo, fue considerado falso al afirmar distintos estudiosos que el estilo no era maya y que era “el más feo” en cuanto a trazos y color. Investigaciones posteriores destacaron que eran tiempos de carencias que también influyeron en los materiales y el arte. Hoy es el manuscrito legible más antiguo del continente americano. Los árboles de donde tomaron las cortezas para elaborar los soportes datan entre 1026 y 1157.

A este mismo coleccionista le fue ofrecida en 1966, y a través de una llamada anónima, una máscara antigua con incrustaciones de jade y hueso. Los ojos, la nariz y la boca de la cara estaban bordeados de un material resinoso rojo. Sin embargo, lo que más llamaba la atención eran los dientes, una hilera de dientes…. humanos. La máscara –le dijeron– podía representar al dios maya Itzamná, Señor de los Cielos. Página 7 del Códice Maya de México.Página 7 del Códice Maya de México.

Sáenz la compró durante un viaje de película que incluyó un vuelo aéreo, con una brújula tapada para que él no supiera hacia dónde iban. Ya en su poder la máscara, ante la sospecha de que era falsa, la puso en venta y ésta pasó de mano en mano. Luego se comprobó que era original. Hasta donde sé, forma parte de la Colección Bliss de arte precolombino, en Estados Unidos.

El primer taller de falsificadores latinoamericanos de cerámica prehispánica reconocido como tal fue el de la Familia Alzate, en Colombia. De impecable factura y gran imaginación, llegaron a falsificar objetos que no existían en la etapa prehispánica, por ejemplo: cafeteras.

Se dice que Julián Alzate vendió más de mil precolombinos falsos y engañó a la plana mayor de la arqueología mundial de ese tiempo. La colección Alzate cobró dimensiones míticas y actualmente es conservada por el Museo Universitario de la Universidad de Antioquia.

El Museo del Oro en Lima

En el 2001, un informe dictaminó que el 98% de las piezas expuestas en el Museo de Oro de Lima eran falsas, entre ellas joyas incaicas y tapices prehispánicos. En el 2018, en un trabajo conjunto expertos del Museo de América, en Madrid, y la Policía española y de Estados Unidos llegaron a la conclusión de que el 90% del arte precolombino vasijas policromas mayas, urnas amazónicas, vasijas moche, figuras Nayarit, máscaras teotihuacanas o figurillas olmecas que se vendía en el mercado nacional e internacional y por internet era falso.

Si antes las falsificaciones de obras contemporáneas latinoamericanas se producían la mayoría de las veces en el país de origen del artista, las cosas han cambiado rápidamente.

Los hijos del colombiano Fernando Botero dieron a conocer en 2023, pocos días después de la muerte del artista, un comunicado donde, entre otras cosas, señalaron: «Vamos en contra de los falsificadores asiáticos de la obra de mi padre”.

“Lamentablemente en China, Vietnam, Tailandia y otros países asiáticos, hay organizaciones criminales que falsifican la obra, y por razones geográficas, de idioma, y legales —que las leyes de protección de la propiedad intelectual no son tan estrictas o efectivas allí como en Occidente–, la lucha contra ese flagelo se ha dificultado más en el Oriente”, significó Fernando Botero Zea, quien también dijo que son las esculturas, y no las pinturas, las más falsificadas.Museo Oro de PerúMuseo Oro de Perú

Las obras de Botero, nacido en Colombia en 1932, han alcanzado récords de venta. Auténtico es el torso en el porteño Parque Thays de Retiro. Su pintura «Los músicos» se subastó en más de 5 millones de dólares en Christie’s, en noviembre del 2023 y su escultura «Hombre a caballo» fue vendida en 2022 por 4.3 millones de dólares también en Christie’s. La misma casa de subasta que retiró de la venta en 1993, un cuadro falso, «Los bailadores».

Hace unos años me encontré con el hijo de Botero en Pietrasanta. Le pregunté si era cierta la historia de que había encontrado en una galería argentina una falsificación de su obra. Le pregunté también sobre los Boteros, falsos y originales, que habían sido incautados en casas de mafiosos y, en general, el gusto de los narcos por su obra. Se rió como quien no puede hacer nada.

Con nombre y sin él

En Falsificadores Ilustres, uno de los pocos libros traducidos al español sobre este tema, el escritor y periodista francés Harry Bellet, licenciado en historia del arte, asevera que la falsificación es “el oficio más antiguo del mundo”. Bellet, además de mostrar casos conocidos, ofrece lo que podría ser un pequeño manual del falsificador.

En el mundo del mercado del arte se repite que para que una falsificación tenga éxito se necesita un artista de renombre, un falsificador sin escrúpulos, un intermediario mentiroso, un galerista con contactos, un crítico o especialista con prestigio y un incauto con dinero, algo que ya tenía claro Dante Alighieri, cuando en su célebre Divina Comedia, considera a los falsificadores como grandes pecadores y los sitúa a las puertas del infierno, en la décima fosa del octavo círculo, Canto trigésimo.

Son pocos los grandes falsificadores de arte cuyos nombres se conocen, aunque cada país tiene los suyos. Sus identidades se manejan, la mayoría de las veces, entre el chisme y el misterio, de donde nacen las historias, algunas desopilantes.

Elmyr de Hory, el más famoso falsificador, tuvo su historia latinoamericana. El pintor y falsificador húngaro se suicidó en Ibiza en 1976, cuando iba a ser extraditado. Antes vivió en México y, según algunas crónicas, visitaba Buenos Aires, buscando inspiración. Falsificó a Picasso, Modigliani, Matisse, Cézanne y Chagall, entre otros, fue protagonista de un libro que escribió Clifford Irving y de un film sobre su vida que hizo el mítico Orson Welles, F de falso.Elmyr de Hory, el falsificador de maestros europeos celebrado por el jet set. Se suicidió en Ibiza en 1976.Elmyr de Hory, el falsificador de maestros europeos celebrado por el jet set. Se suicidió en Ibiza en 1976.

De Hory tiene un museo donde se exhiben algunas de sus obras falsificadas. El escritor español Diego Feliu publicó una rigurosa investigación periodística en la que desmiente que este haya sido el genio que se cree que fue. La vida del mayor falsificador de obras arte de la historia puede ser una estafa.El genial cineasta estadounidense Orson Welles quedó fascinado por la personalidad de De Hory; contó su historia en el brillante documental "F de Falso".El genial cineasta estadounidense Orson Welles quedó fascinado por la personalidad de De Hory; contó su historia en el brillante documental «F de Falso».

El mexicano Brígido Lara, quien se supone falsificó más 40.000 piezas de cerámica precolombina hoy repartida por colecciones y museos del mundo, es uno de los pocos nombres que suelen mencionar los investigadores especializados en arte precolombino.

Falsificadores consabidos e ignotos

La primera esposa de Diego Rivera, la rusa Angelina Beloff, conocida como Quiela, falsificaba a primitivos italianos y flamencos, así como a antiguos pintores catalanes. Lo hacía mientras estaba casada con Diego, según contó otro gran artista, David Alfaro Siqueiros.

Diego Rivera junto a Frida Kalho están entre los más falsificados. La amiga de ambos, la pintora surrealista Remedios Varo, falsificaba a Giorgio de Chirico, quien lo sabía y la avalaba.Frida Khalo, una de las artistas más falsificadas de México.Frida Khalo, una de las artistas más falsificadas de México.

Más reciente en el tiempo, en México, el artista Gabriel de la Mora hizo en 2011 una exposición titulada “Originalmente falso”. Rescató y compró obras en el mercado negro del arte, según él “con pedrigrí”, atribuidas a Frida Kalho, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Leonora Carrington, entre otros, y las sometió a diversas intervenciones hasta convertirlas en una obra original. Buena parte de éstas fueron vendidas.

Silvina Benguria: el inquietante tema del «doble» en la pintura

Fuente: Ámbito – La prestigiosa artista argentina internacional inauguró en La Compañía una muestra de obras hechas entre 1984 y el año pasado, que explorar, con un eco pop, un tema central para la literatura fantástica.

Silvina Benguria exhibe en la sede de la calle Arenales de La Compañía una serie de pinturas realizadas entre los años 1984 y 2023. El conjunto de 15 obras llega casi hasta el presente y puede considerarse una breve muestra antológica: le permite al espectador conocer la identidad de la artista. Para comenzar, la exposición mantiene desde el principio al fin del recorrido los colores glamorosos que caracterizan a la artista. Lo primero que se advierte es el predominio de los rojos y azules que se funden en tonalidades violáceas, además de los muy marcados rasgos de humor y las reminiscencias del Pop art. A las escenas altamente sofisticadas y a sus personajes juguetones que configuran su estilo alegre e inconfundible, Benguria le agrega esta vez, un inmenso dinosaurio y un paisaje extraño del Tupungato, con la cumbre pintada en intenso color rojo.

La muestra, curada por Fernando Schapire, se abre con la obra “Guantes celestes”. Sobre unos sillones negros descansa una de las típicas mujeres con su silueta regordeta, el pelo rojo y un vestido celeste como los guantes. Este personaje ha formado dos círculos con los dedos índices y los pulgares y los colocó rodeando sus ojos. De este modo, la mujer simula mirar a través de unos prismáticos. La imagen posee su gracia, al igual que la mayor parte de las pinturas, como “Dock Sud” y “Turbantes”, una serie de cuatro mujeres pelirrojas con vestidos a rayas color rojo.

De un modo no del todo explícito, Benguria acentúa la expresividad gracias al fenómeno del “doble”, es decir, de la perfecta igualdad de dos personajes. El “Doppelgänger», según la expresión en alemán, se encuentra con frecuencia en la literatura. Cortázar utiliza la dualidad en el protagonista de “Rayuela” y es a la vez deudor de autores como E.T.A. Hoffman, Dostoievski, Stevenson o Edgar Alan Poe.

Aunque no son tan frecuentes en las artes visuales, los usos de la construcción del doble se extienden en la literatura hasta la actualidad. No obstante, “Turbante II”, una pintura de gran formato de 2019, es el mejor ejemplo. Los dos personajes femeninos conversan amigablemente sobre la cubierta de un barco acodadas sobre la barandilla. Ellas son idénticas y ostentan vestidos y turbantes también idénticos, hasta sus perfiles con narices prominentes y el gesto, el interés de una por la otra, se ha duplicado. Detrás, sobre el fondo negro del barco, dos círculos amarillos representan los ojos de buey del barco y reiteran la igualdad.

En la exhibición hay otro dúo exacto de mujeres con pelos rojos y trajes de baño también rojos que, esta vez, enfrenta durante su baño en el mar y entre las olas, la aparición tan curiosa como inesperada de un gran langostino. Los dobles de Benguria replican la absoluta igualdad de los rasgos físicos, el humor y los atuendos. Así se vuelve mucho más intenso el carácter por momentos gracioso y a veces ridículo de esas mujeres que, más allá de las sonrisas que despiertan, son ante todo femeninas. Tan femeninas como su autora.

Los barcos, tema que se destaca en la exposición, llaman la atención por la elaborada belleza de las chimeneas y por la desmesura de sus gloriosas nubes de humo, blanquecino y algodonoso. Si bien la obra de Benguria es decididamente figurativa, las imágenes de los barcos se reducen en varias ocasiones a un planteo casi abstracto: una línea recta y otra oblicua que se hunde en las aguas. No obstante, el tema que en realidad ronda en toda la muestra es la pintura, el lenguaje y los recursos que la artista pone al servicio de su frondosa imaginación.

Silvina Benguria comenzó su carrera en la década del 60. En 1978, cuando ganó la beca Francesco Romero otorgada por el gobierno de Italia, se radicó en Roma hasta 1994. Cuando menciona esos años recuerda que trabajó muchísimo, aunque no le resultó fácil. “Roma es una ciudad tan bonita y tan interesante que es muy difícil trabajar. Salís a comprar algo y te quedas mirando las iglesias, los monumentos, las fuentes… Expuse allá en la Banca di Roma y en el Instituto Latinoamericano, volví porque había muerto mi padre”. En 1997 obtuvo la beca Pollock y su carrera, si bien se afianzó en la Argentina, profundiza desde entonces su perfil internacional.

Prilidiano Pueyrredón, nuestro pionero

Fuente: Clarín – El artista más demandado por la burguesía porteña de mediados del siglo XIX y un osado. Su genio creativo no lo privó de nada: desnudos, gauchaje, paisajes locales, brasileños y europeos, retratos en poses y trajes pacatos de aristócratas nacionales e incluso de gente ya fallecida, a requerimiento de los parientes. Todo ello quedó inmortalizado por “nuestro pionero” en materia pictórica, explican las curadoras de Prilidiano Pueyrredón. Un pintor en los orígenes del arte argentino, muestra libre y gratuita del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). También fue ingeniero, urbanista, paisajista, productor rural y arquitecto: su trabajo más reconocido es la Quinta de Olivos. Cruzó tres veces el Atlántico, hablaba seis idiomas, era culto, cortés, elegante; aficionado a la naturaleza, la ópera, el arte, los carruajes y la caza. Tal lo refleja un autorretrato del campo junto a su setter, rifle en mano. Con asesoría de estancieros invirtió en 1500 vacas lo obtenido al vender su finca de San Isidro, al familiar Manuel Aguirre en 1856. Herencia para el único hijo del brigadier Juan Martín de Pueyrredón y aliado de San Martín en pos de la independencia.

Es la segunda retrospectiva que protagoniza Pueyrredón (1823-1870) en el museo, desde 1996. La puesta curada por Florencia Galesio, Patricia Corsani y Paola Melgarejo tiene 40 obras acervo del MNBA: clásicos y paisajes poco exhibidos, costas rioplatenses de Olivos, San Fernando; bosques palermitanos. La completa, a préstamo: “La temprana ‘Pescador’, del Museo de Bellas Artes Emilio Pettoruti de La Plata, posiblemente de su tiempo en Cádiz (por 1840). Además, dibujos a lápiz de soldados, héroes en la Guerra de la Triple Alianza como el Dominguito Sarmiento de su principal discípulo Fermín Rezábal Bustillo, del Museo Histórico Nacional (MHN)”, relata Galesio, jefa de Investigación y Curaduría.Más homenajes: "Celebramos Prilidiano", exmuestra del Museo Pueyrredón de San Isidro (2023).Más homenajes: «Celebramos Prilidiano», exmuestra del Museo Pueyrredón de San Isidro (2023).

También, materiales (varios vía QR): epígrafes, fotos, facsímiles de publicaciones de antaño y más. Al montaje lo nuclean cinco ejes: Costumbrismo/ tradición; Un pintor profesional; Los retratos y el círculo del artista; Los viajes: América y el Grand Tour europeo y La costa y las afueras de la ciudad. A dos salas, más un sector compartido con panorámicas de Cándido López, el nexo son los guerreros del Paraguay.

Hombre de mundo

“Prilidiano pasó de los 12 a 26 años en el exterior, eso le permitió formarse en contacto con los movimientos culturales locales. Al adquirir Juan Manuel de Rosas poderes extraordinarios, el 7 de marzo de 1835, su familia se exilia a vivir en Río de Janeiro; Francia y España, además de recorrer Italia o Inglaterra, viajes educativos llamados ‘el grand tour’. Presenció la conformación de museos públicos: la National Gallery en Londres, el Museo del Louvre en París y el del Prado en Madrid; entonces, artistas reconocidos como William Turner abrieron sus galerías de arte. En Brasil funcionaba la carioca Academia Imperial de Bellas Artes con puestas anuales”, detalla Melgarejo. Corsani, agrega: “Un mapa QR detalla las ciudades confirmadas donde estuvieron y lo narra una cronología. Señalan sus intereses obras e influencias recibidos de colegas, al ir por museos y urbes europeas”.Sacada de la red, Buenos Aires. Acuarela sobre papel 28,5 cm x 59,3 cm. 
Sacada de la red, Buenos Aires. Acuarela sobre papel 28,5 cm x 59,3 cm.

Es imposible, según las curadoras, afirmar cuáles fueron los espacios artísticos de su formación pictórica. La certeza: para 1850 llegó a Buenos Aires con amplia formación intelectual y profesional e incorpora temas y modalidades, evidente en sus piezas rurales con cosas típicas de la campiña. “Prilidiano incluye aspectos de cada lado: características de la pintura costumbrista española en sus piezas pequeñas; del academicismo de la escuela francesa en retratos y la modalidad de pintar paisajes al aire libre, innovación de artistas de la Escuela de Barbizon mientras cursaba arquitectura e ingeniería en la École Centrale de París”, detalla Melgarejo.

Coinciden las expertas en que su investigación sobre el maestro experimentado –puesta inaugurada a fines de 2023 por el bicentenario del nacimiento– les permitió bucear en aristas menos conocidas: su pericia, gestión de obra profesional, divulgación, variedad de géneros abordados y el rol de sus aprendices. Enfoca el perfil pictórico y todo en torno a eso, del llamado primer pintor argentino. “A nivel académico –Cátedra de Dibujo (UBA)– lo precede Carlos Morel, retratista y pintor de escenas costumbristas durante 1830/40”, señala Galesio.Parece otra. Retrato de Manuelita Rosas (estudio). Donación José Prudencio de Guerrico, 1896.Parece otra. Retrato de Manuelita Rosas (estudio). Donación José Prudencio de Guerrico, 1896.

“Se lo presenta como un conocedor de la materialidad trabajada y las técnicas: soportes como papel, cobre, lienzo; al óleo y acuarela lo demuestran”, apunta Corsani. Evidentes en sus pinturas bonaerenses con lavanderas trabajando, o las actividades diarias en un patio porteño; así como los grandes óleos donde “Pueyrredón garantiza la semejanza –contrasta Melgarejo–. Junto a sus acuarelas de paisajes hay piezas de 1861, gauchos y al fondo nuestra pampa; sus grandes óleos ‘Un alto en el campo’ y ‘El rodeo’, pensados para el Salón de Londres”.

El primer artista visual argentino del género erótico, gran pena y desgracia: solo quedan dos cuadros pero ninguno aquí; los demás se destruyeron a mano propia o de parientes avergonzados, tal difieren las versiones. “Sabíamos que ‘El baño’ (único desnudo del Bellas Artes) integraría la exhibición del Museo Pueyrredón de San Isidro”, señala Corsani. Instituido en 1944, en su exfinca familiar, lo homenajeó por el 200° aniversario en diciembre. Allí, topless con sonrisa pícara desde la bañera; junto a “La siesta”, sobrevivientes al contrabando nudista y escándalo.Un alto en la pulpería. c. 1860. 24 x 32,6 cm.Un alto en la pulpería. c. 1860. 24 x 32,6 cm.

Grandes retratos patrios

Son centrales casi una decena de personajes, sus “daguerrotipos hechos pinturas” de contactos ligados a estrechos vínculos paternos. En “Retrato de Santiago Calzadilla” (1859) muestra el interior de su céntrico atelier, próximo a la Plaza de Mayo actual. Ironía o profesionalidad en juego, hizo su cuadro emblema: “Con 28 años recibió el primer encargo importante, ‘Retrato de Manuelita Rosas’ (1851) evidencia un artista con todas las características de profesional”, sostiene Melgarejo. Dueña de fotos y miradas, reina del salón y anfitriona: su imagen de la hija del político Juan Manuel; siempre expuesta –junto a piezas maestras del siglo XIX– desde los años 30, llegada del MHN. A su izquierda un pequeño cuadro, parece otra joven de 34 años en su ensayo para la versión final. Es la misma que asoma un fragmento al frente del billete de ¡20 pesos! (rediseño del año 2000) junto a la faz de su progenitor.

Manuela posó una hora, previa consulta y autorización de su “tatita” para su primer retrato (antes se había resistido) con los detalles definidos por tres miembros de Comisión protocolar. El vestido con miriñaque e insignia federal en peinado, acorde a la moda regional de la divisa punzó –simbolizaba una idea política, invento local e irrepetible en el mundo–, todo en rojo a pedido. “Confirmamos que la pintura viajó de Buenos Aires a Londres cuando la familia de Rosas se exilió tras la derrota en la Batalla de Caseros. Además, conocimos el modelo iconográfico que inspiró al artista para posicionar a la retratada donde la ubica”, cuenta Corsani.Retrato de Santiago Calzadilla, 1859. 122,5 x 102,5 Retrato de Santiago Calzadilla, 1859. 122,5 x 102,5

En broma decía ser “un pobre pintor, que pinta por pocos pesos”; de buen carácter, alegre, según sus contemporáneos, su amigo Leonardo Pereyra; Rezábal Bustillo y Nicolás Granada, sus discípulos. El último dijo que al salir a pintar, su maestro canturreaba “retazos de óperas favoritas o alegres girones de canciones andaluzas”. Consensúan las curadoras: “Para difundir su pintura, esa labor pedagógica fue clave: eran alumnos y a la vez ayudantes”.

A mitad del siglo XIX él surge dentro de la escena porteña, cubierta por trabajos de colegas extranjeros. Sin espacios expositivos, museos ni galerías de arte; exhibía en los almacenes Fusoni y su taller, circulaban allí prensa y personalidades. Organizó una Exposición Nacional de Arte y su estatuto específico, trunca por la Batalla de Cepeda (1858). Pensó un Museo y una Academia, ambos de Bellas Artes. Todas inquietudes que con su calidad artística, le dan un lugar relevante y antecedentes a los artistas de la Generación del ‘80.Ciego popular en Cádiz. Acuarela sobre papel. 26,5 x 17,5 cm.
Ciego popular en Cádiz. Acuarela sobre papel. 26,5 x 17,5 cm.

Corsani, concluye: “Pueyrredón perdura y atraviesa generaciones. Es parte de nuestra identidad, fundamental para entender el arte argentino del siglo XIX, siempre interesado por la educación”.

Quedan misterios. ¿Por qué su firma es con triple P ?, ¿si su apellido es francés, va sin tilde? Prilidiano falleció con 47 años, su vista deteriorada por diabetes; soltero y sin descendencia, dejó más de 200 creaciones. Al elegir Francia como escuela, Eduardo Sívori advirtió por 1883 que “Si los demás países artísticos están en decadencia es debido a los gobiernos que no se ocupan nada de arte”: podría ser de 2024 y la diferencia, nula.

  • Prilidiano Pueyrredón. Un pintor en los orígenes del arte argentino
  • Lugar: MNBA, Av. del Libertador 1473
  • Horario: mar a vier 11 a 20, sáb dom 10 a 20
  • Entrada: libre y gratuita

Otro ataque a una obra de arte: ahora le tocó a la Venus de Botticelli

Fuente: Clarín – Ahora le tocó a una de las pinturas más icónicas del arte renacentista Sandro Botticelli: El nacimiento de Venus, de 1485.

Dos integrantes de la agrupación Última Generación atacaron la obra, una de las «celebridades» de la ciudad italiana de Florencia.

Entraron a la Galería Uffizi, antiguo palacio de los Médici, y cubrieron el cristal de protección de la obra maestra de Botticelli con fotografías que reflejan efectos del cambio climático.

La pieza de más de 500 años es una alegoría del renacimiento del alma humana y fue cubierta por imágenes que pretenden alertar sobre la emergencia ambiental.

Sobre el vidrio que protege la tela de más de 5 siglos de antigüedad, los activistas pegaron imágenes de la ciudad de Toscana bajo el agua, por la reciente inundación en Campi Bisenzio, y cubrieron así -en parte- el célebre lienzo del siglo XV.Pegatina. Sobre el vidrio de la "celebridad" de Botticelli. Foto: APPegatina. Sobre el vidrio de la «celebridad» de Botticelli. Foto: AP

Esta misma obra ya había sido atacada en el año 2022, por dos activistas que habían pegado sus manos al cristal que protegía la pintura de Botticelli, en los Uffizi.

La obra no sufrió ningún daño en aquella vez ni tampoco ahora, de acuerdo con medios locales.

«Hoy este cuadro, símbolo de amor y belleza, se ha transformado, mostrando la destrucción y el dolor que ya estamos viviendo por la crisis climática. El Gobierno sigue fingiendo que los campos no se quemarán en enero, que el agua no será un problema este verano, que las casas destruidas por las inundaciones son acontecimientos accidentales y no causados ​​por decisiones humanas. Y en lugar de abordar estos problemas reales, dicta leyes absurdas», leyó uno de los activistas, antes de ser detenido, junto con el otro atacante.Símbolo de belleza clásica y de renacer. "El nacimiento de Venus", de Botticelli.Símbolo de belleza clásica y de renacer. «El nacimiento de Venus», de Botticelli.

Inmediatamente después de leer el comunicado, en el suelo de la sala de los Uffizi se colocó una pancarta que decía «Fondo de reparación de 20 mil millones para los daños causados ​​por los desastres climáticos».

En enero, el alcalde de Florencia, Dario Nardella, había dicho que «una batalla sacrosanta como la de la emergencia medioambiental no se puede librar atacando, aunque sólo sea simbólicamente, el arte y la cultura».

Tan solo en los últimos días, activistas arrojaron sopa de calabaza sobre el cristal que protege La Gioconda de Leonardo da Vinci, a fines de enero, y lo mismo hicieron sobre La primavera del pintor impresionista Claude Monet en el Museo de Bellas Artes de Lyon.

La seguidilla venía del año 2021, cuando atacaron Los girasoles de Van Gogh en la National Gallery de Londres, mientras que en octubre del 2022 la policía neerlandesa detuvo a tres activistas climáticos del movimiento Just Stop Oil luego de que atacasen el cuadro La joven de la perla (1665), del pintor del Siglo de Oro Johannes Vermeer, en la galería Mauritshuis de La Haya.

Más tarde tiraron harina sobre un automóvil pintado por Andy Warhol, o echaron pintura roja a un cuadro de Claude Monet en Estocolmo, entre otros hechos vandálicos.

Las acciones no ha hecho más que ganar críticas y rechazo: irrumpen en espacios cerrados, atacan patrimonio cultural, en su mayoría obras de cientos de años, a veces tiran comida, en nombre de la defensa del planeta.

¿Es que acaso creen que a los museos no les preocupa el cambio climático? se desprendió de una declaración emitida el año pasado por el Consejo Internacional de Museos (ICOM) frente a esta oleada que se ha intensificado en los dos últimos años.

El Parlamento italiano aprobó en enero una ley que aumenta las penas para los autores de acciones contra monumentos o lugares culturales, en respuesta a una serie de acciones por parte de los defensores del clima.

Con información de agencias

El arte de la copia: secretos, negocios y tabúes de los grandes falsificadores

Fuente: La Nación – Daniel Schávelzon y Leticia Obeid analizan y repasan la historia de los falsificadores de ayer y hoy; ¿homenaje al copiado o estafa al comprador?

La copia, como una de las bellas artes o como la mayor estafa. Dos libros parecen conversar desde puntos de vista opuestos sobre lo que significa copiar a otro artista. La diferencia entre uno y otro podría ser la intención: homenaje al copiado o estafa al comprador. Pero la operación es bien parecida.

Es indiscutible que Kurth, el falsificador trata sobre un delincuente. El historiador y arqueólogo Daniel Schávelzon lo entrevistó entre 2005 y 2010 para escribir sus memorias, y recién atinó a publicarlas en 2023 bajo el sello Planeta, una vez que el personaje y su hijo murieron. Sucede que hablar de falsificaciones en el mundo del arte es un golpe de escepticismo para el mercado. Entre las obras que el falsificador dice haber copiado y vendido como buenas, hay piezas de Carmelo Arden Quin, Libero Badíi, Héctor Basaldúa, Juan Batlle Planas, Antonio Berni, Alfredo Bigatti, Norah Borges, Pío Collivadino, Pablo Curatella Manes, Ernesto de la Cárcova, Gyula Kosice, Julio Le Parc, Benito Quinquela Martín, Rogelio Polesello y Xul Solar, entre muchos otros. No se privó de nada. Todos los estilos. “¿Por qué nadie colecciona en la Argentina a los constructivistas de la década de 1940? Simplemente –escribe Schávelzon– porque nadie puede diferenciar lo original de lo que no lo es”.

Obra de Leticia Obeid: Clarice Lispector, Rua Barata Ribeiro. Serie Manuscritos 2020
Obra de Leticia Obeid: Clarice Lispector, Rua Barata Ribeiro. Serie Manuscritos 2020

Aunque en el arte local hay decenas de historias de falsificadores, son relatos que rara vez llegan a ser libros o películas. Es, en cierta forma, un tabú que se cree que echa sombra sobre la producción de un artista. Por temor a afectar las ventas de sus originales, los mejores cuentos se transmiten en voz baja.

Artistas contemporáneos de éxito que sustentaron sus días con la venta de cuadros falsos de colegas de un siglo anterior, galeristas que hicieron la vista gorda y vendieron obras de incomprobable procedencia, piezas que hoy cuelgan en museos nacionales y que fueron adquiridas a una marchand que se sabe que todo lo que vendía era falso o traficado. De esas historias hay que hablar.

Lo hace Schávelzon al contar los secretos de un falsificador que durante cincuenta años fraguó todo tipo de obras, muebles, estampillas, monedas, espejos, almohadones, documentos. Falsificó certificados y fotos para sustentar sus mentiras de antigüedad a las obras recién salidas de su taller. Manejó el sigilo, para sostener su trabajo en el tiempo y no ser descubierto. No destacarse, no imitar a los famosos, no ir a fiestas ni tener autos de lujo. No veranear en Punta del Este. Pasar desapercibido.

Un trono del siglo XII que se expone en el Museo del Louvre y la copia realizada por Walheimer
Un trono del siglo XII que se expone en el Museo del Louvre y la copia realizada por Walheimer Nollmann Maria (Redactora Soft News)

Pocas piezas de un mismo autor, perfectas o las quemaba, de poco valor, y no idénticas a las existentes, sino con alguna sutileza. Creaba obras nuevas de pintores vivos tan buenas, que una vez un artista dijo que sí, que la había pintado él.

Y el perfil bajo: nada que ver con Elmyr de Hory, que vendió más de 1000 falsificaciones de cuadros millonarios y se paseaba en Rolls Royce. Se hizo famoso después de que Clifford Irving le dedicase un libro, y posteriormente apareciese en el documental Fraude (F for Fake), de Orson Welles.

En el país nadie se había sentado hasta ahora a conversar con un falsificador para contar sus secretos. “Lo han hecho, pero nunca se animaron a publicarlo. Me contaron historias fascinantes de personas también fascinantes”, dice Schávelzon. En sus títulos anteriores, cuenta varias historias más: El silencio es oro. Tráfico de arte durante el nazismo en la Argentina (Olmo Ediciones, 2017) y Arte y falsificación en América Latina (Fondo de Cultura Económica, 2009).

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En el libro, se dan recetas prácticas que sirven para perder la inocencia al admirar un cuadro o una antigüedad: cómo envejecer una madera con aceite viejo de camión o cómo cambiar clavos de cabeza redonda por otros de cabeza cuadrada como los que se usaban antes, rellenar un almohadón con lana de colchón viejo. “Así funciona nuestra realidad y creo que es bueno desnudarla, ponerla en evidencia, discutirla. Le da herramientas especialmente al especialista en arte para evaluar mejor y no ser engañado”, explica.

“Hay un gran falsificador sobre el que se ha escrito montones en México que se dedicaba a falsificar arte precolombino, Brígido Lara en la década de los sesenta y setenta. Lo descubren y va preso por tráfico de antigüedades. Pero el Instituto Nacional de Antropología se da cuenta de que es una locura tenerlo preso, lo sacan de la prisión y lo ponen como director del área de reproducción de piezas arqueológicas, selladas y firmadas, que son las que compras hoy en las tiendas de los museos”, cuenta Schávelzon, que además de investigador del Conicet, es director del Centro de Arqueología Urbana en Universidad de Buenos Aires. Convirtieron el defecto en virtud. Para salir de la cárcel, Lara tuvo que pedir arcilla y modelar entre rejas una de sus piezas “mayas” o “aztecas”, para demostrar que lo que vendía era obra suya. “Terminó enjuiciado por un museo de Los Ángeles porque les hacía perder millones de dólares al bajar el valor de sus colecciones y deteriorar su imagen”, apunta.

Elmyr de Hory llevaba una vida extravagante
Elmyr de Hory llevaba una vida extravaganteCaptura

Frank Stella se falsificó a sí mismo y vendió dos cuadros iguales: fue enjuiciado. Pero ¿era ilícito? Hay una delgada línea entre el falso y la copia. “Hay cantidad artistas que sabemos que la mayoría de su obra no es auténtica, y te estoy hablando desde Rembrandt hasta Van Gogh, copias de copias hechas a veces con buena voluntad por el estudiante clásico que aprendía a pintar copiando obras en museos”, señala.

Ese es el punto en común entre el libro de Schávelzon y Galería de copias (Ripio, 2023), de la artista visual y escritora Leticia Obeid. Para ella, la copia es contacto. “Lo que se pegó a algo, lo que se amoldó, lo que se aprendió, lo que se transmite. La copia es un acto de creación táctil: percibe e inventa a la vez, acaricia y hace aparecer”, escribe en el capítulo titulado “De la copia como una de las bellas artes”.

Una visitante observa la obra del pintor estadounidense Frank Stella, artista que se falsificó a sí mismo y vendió dos cuadros iguales. Fue enjuiciado.
Una visitante observa la obra del pintor estadounidense Frank Stella, artista que se falsificó a sí mismo y vendió dos cuadros iguales. Fue enjuiciado.

En su exposición Tocar el velo, que se vio en la galería Hache a comienzos de 2023, presentó una instalación compuesta de copias de manuscritos de escritores. Copia firmas y letras. La letra de Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, Olga Orozco, Clarice Lispector, Aurora Venturini, Charlotte Brontë… copiar es una forma de admirar. Obeid calca por contacto físico, por amor y aprendizaje. Unos meses antes, el artista Fabio Kacero exponía en la galería Ruth Benzacar una muestra compuesta por copias de firmas de artistas.

Explica Alan Pauls en el prólogo: “Cuando se dice que copiar es tocar (y lo dice tarde, cuando su libro ya se las ingenió para hechizarnos con la idea), Leticia Obeid hace por lo menos dos cosas. Recuerda (reivindica) la tradición más artesanal del copiar, su dimensión manual, muscular, motriz, tan vital para cualquier aprendizaje como para toda percepción de sí, todo autoconocimiento corporal. Pero también –es el mismo gesto, solo que proyectado a una escala mayor– recuerda hasta qué punto copiar, mucho más que replicarlo, establece un lazo con lo copiado, se roza con él, y en ese roce se liga y se anuda a él, de modo que la copia deja de ser la versión segunda, subalterna, parasitaria, del original, para convertirse en su aliada, quizás en su par”.

El arqueólogo Daniel Schávelzon, autor del libro La historia de Kurth, falsificador
El arqueólogo Daniel Schávelzon, autor del libro La historia de Kurth, falsificadorAlejandro Guyot

En los ensayos, Obeid expande el concepto de copia a la imitación en una clase de danzas árabes, al doblaje en el cine, la traducción, la falsificación de documentos durante la Dictadura, al trabajo de un médium, las regrabaciones de Taylor Swift de sus propiostemas para recuperar los derechos. No pretende ser original, sino hacer una constelación de copias en la vida cotidiana. “Es una forma de apropiación y de aprendizaje. Copiando aprendemos a hablar, por ejemplo”, dice Obeid.

También, aborda el tema en el campo específico del arte, y da cuenta de sus trabajos en video, en papel, dibujo y su colaboración para la 15º Documenta de Kassel con el colectivo La Intermundial Holobiente (reprodujo un agujero de un manuscrito de la Edad Media en la obra colectiva El Libro de las diez mil cosas, entre otras cosas). Conversa con artistas como Ana Gallardo, que restaura la obra de su madre con hisopos y saliva, y después la copia en grandes lienzos. Y también con Fatima Pécci Carou, que sufrió una persecución mediática por inspirarse en multicopiados personajes de animé para crear sus pinturas. “Ellos inventan y nosotras copiamos”, señala Obeid en el capítulo Karaoke.

“Se nota también como el concepto de originalidad es una herramienta de mercado. Es como una especie de forma de garantizar la escasez de ciertos bienes de lujo –dice la autora–. Si son pocos, están cuantificados, firmados y certificados, entonces eso vendría a justificar el valor del arte, que suele ser alto. La ingrata tarea de crear escasez en la abundancia. La originalidad es una forma de achicar la oferta, porque nuestro medio es abundante, hay gente produciendo cantidad de objetos… se hace, se hace, se hace, se hace febrilmente”.

Leticia Obeid, la artista visual y escritora publicó Galería de copias (Ripio, 2023)
Leticia Obeid, la artista visual y escritora publicó Galería de copias (Ripio, 2023)

Para Obeid, el artista contemporáneo es un experto en mímesis. “Entiende que su vida es lo que le da espesor a la obra, lo que muchas veces la hace verdadera. El artista de nuestra época es un ejemplo único pero representativo de una capa social en la que se destaca y sobresale, es decir, un elegido”, escribe. La profusión existente de premios, concursos y salones lo ejercitan en competir.

Y continúa con su radiografía del artista actual: “Hace cosas similares a otros pero a la vez suficientemente distintas para que no haya sospecha de copia. Lejos de ser un marginal se encuadra muy bien en el modelo de trabajador neoliberal: creativo, espontáneo, listo para nuevos lugares, idiomas, contextos, códigos, con el pasaporte siempre al día. Ha aprendido a absorber los cambios veloces porque se ha templado en la incertidumbre desde el principio y suele estar acostumbrado a la precariedad, a los vaivenes de la suerte y a la posibilidad permanente de una caída en desgracia. De hecho, el artista ya es un personaje estable en el cine y la ficción para representar la rareza, el capricho, el egocentrismo y también el azar”. Lo mismo puede decirse del falsificador.

Luciana Pinchiero, la artista queer de Rosario que brilla en las galerías de arte de Nueva York

Fuente: Télam – La creadora se destaca  con su exposición «Bad Posture», una muestra que realiza, a través de la escultura y el collage, una exploración reflexiva de la identidad queer y un cuestionamiento de los roles tradicionales de la mujer en el sistema social patriarcal.

Oriunda de Rosario, Santa Fe, y con un recorrido profesional que se gestó en Argentina y luego se desarrolló en distintas ciudades de Estados Unidos, la artista plástica argentina Luciana Pinchiero se destaca en Nueva York con su exposición «Bad Posture», una muestra que realiza, a través de la escultura y el collage, una exploración reflexiva de la identidad queer y un cuestionamiento de los roles tradicionales de la mujer en el sistema social patriarcal: «Lo queer, como el collage, es un grito propio que también se amolda, inevitablemente, a lo que está predeterminado en la sociedad», dice.

En Nueva York hay grandes museos de arte, reconocidos en todo el mundo, que son imanes infalibles tanto para locales como para turistas de todas partes. Sin embargo, también hay un circuito un poco más under de galerías y espacios artísticos que afloran como un fenómeno contemporáneo y congregan artistas y creadores no solamente de Estados Unidos sino también migrantes de distintos países de América Latina.

«Esta obra surgió en conversación con una historiadora de arte que en su momento iba a ser la curadora y después finalmente no tuvo ese rol, entonces escribió el texto que presenta mi muestra»

Luciana Pinchiero es una de ellas: aunque nació en Argentina, vivió mucho tiempo en Los Ángeles y luego se asentó en Nueva York, donde encaró una maestría en artes visuales en Parsons. El recorrido profesional también estuvo acompañado de una profunda transformación personal, porque en este proceso Pinchiero «salió del closet», según ella misma cuenta, y esa identidad queer, que comenzó a gestarse en lo personal, también tuvo un correlato en su modo de hacer arte.

Desde entonces, Pinchiero bucea dentro del collage y la escultura los distintos modos en que se han representado los estereotipos de género y la complejidad del cuerpo femenino desde una mirada que insiste en posicionarse por fuera de la heternormatividad.

Un programa artístico, la Fellowship del Bronx, le dio la posibilidad a Pinchiero de tejer una red profesional dentro del arte y fue el puntapié para armar una comunidad de donde salieron amistades, oportunidades y exhibiciones que le permitieron llegar a Praxis New York, donde expone «Bad Posture» actualmente y hasta el 9 de marzo.

La escultura central, titulada igual que la muestra, presenta una instalación de casi cinco metros por dos metros y medio, que alberga figuras recortadas de estatuas clásicas y modelos de vida. La obra reflexiona sobre la belleza clásica y la creación artística, desafiando la dicotomía entre ser adorado (como una deidad) y ser amado (ser humanamente querido).

En una comunicación por videollamada con Télam, la artista profundiza en el proceso creativo y personal que se sintetiza en esta muestra.

Luciana Pinchiero Foto Prensa
Luciana Pinchiero. Foto: Prensa.

-Télam: «Bad Posture» es una exposición que conecta, o combina, el collage con lo queer. ¿Cómo se explica esta relación?
-Luciana Pinchiero:
Esto es algo que vengo conversando con otros artistas queer hace ya un tiempo, obviamente no es un concepto que inventé yo. El collage no es el medio artístico más popular, evidentemente, pero tiene esto de construir desde una imagen que ya existe, que está dada y determinada. Se desglosa, se combina y se arma un nuevo discurso visual. Pienso esto en relación a mi vida heterosexual del pasado: tanta cosa que se da por hecho, que está dada y servida para la heteronormativad, y de pronto al ser queer tomás de ese material institucionalizado, porque es lo que está disponible, y armás tu propia idea de la identidad, de quien sos y de a dónde pertenecés. Tu propia narrativa y tu propia verdad.

Intrínsecamente el collage abarca problemáticas y políticas de autoría, porque se toman referencias visuales que hace un otre, y se crea un lenguaje propio. Con la pintura es distinto porque viene de un lugar de la imaginación cero; cuando usás imágenes que ya existen te amoldás a eso. Entonces lo queer es un grito propio pero también, inevitablemente, de amoldarse a lo que está predeterminado en la sociedad. Esto se puede ver en la historia del collage, que no se conoce mucho, que se vincula más con el surrealismo alemán. Hay mucho en esa obra que para mí es un grito de ‘necesito mi propia identidad, pero tengo todos estos elementos que me determinan un montón de cosas’.

-T: ¿El collage entonces es un poco la «oveja negra» en el mundo artístico?
-L.P.:
Creo que sí y no tengo problema en decirlo. Y no estoy rebajándolo, todo lo contrario: lo levanto y lo celebro. Pero es una realidad que es un género que en el mercado cuesta instaurarlo o involucrarlo, más que la pintura; la pintura es más popular, se colecciona, tiene más valor. Son realidades. Acá hay un término que se usa mucho, «Underdog», que es como… algo abajito, a la sombra de. Y para mí de eso surge lo mejor. Mi vida es «underdog». Funciono así cuando miro películas, cuando leo, en las cosas que me atraen: esto de pertenecer a una mirada diferente, de minoría. Y me encanta que el collage sea así. Y por otro lado el collage es un arte que a todo el mundo le gusta. Las personas ven una obra y dicen «ay, qué lindo el collage», pero históricamente no se conoce su historia o se colecciona como sí sucede con la pintura o la escultura.

«El collage no es el medio artístico más popular, evidentemente, pero tiene esto de construir desde una imagen que ya existe, que está dada y determinada. Se desglosa, se combina y se arma un nuevo discurso visual»

-T: ¿Tenés referentes o influencias dentro del collage?
-L.P.:
Podría decir Hannah Höch, Grete Stern, Sarah Halpern, Carmen Winant y Justine Kurland. Pero mis referentes vienen más de otros lugares, de corrientes de pensamiento, del cine. Muchas de las imágenes que uso vienen de libros y catálogos de celebridades de la época dorada de Hollywood. Me interesa ver cómo se describe y se impone el arquetipo de belleza y rol femenino; todos estos grandes talentos, como por ejemplo Greta Garbo, que han sido tan poderosas, siempre con esos roles de mujer apasionada y a su vez sometida. Yo combino esas imágenes del siglo XX con estatuas clásicas, por lo general greco-romanas, que para mí son otra versión de la cultura popular. Del mismo modo son también referentes de belleza, de cómo se deben ver y comportar las mujeres, a lo que hay que adorar y aspirar a ser. En un punto es cultura popular, hay un diálogo entre esos dos tipos de imágenes.

Luciana Pinchiero Foto Prensa
Luciana Pinchiero. Foto: Prensa.

-T: ¿Cuál sería el concepto fundamental de «Bad Posture» y con qué se encuentran las personas que pueden ver la muestra?
-L.P.:
Esta obra surgió en conversación con una historiadora de arte que en su momento iba a ser la curadora y después finalmente no tuvo ese rol, entonces escribió el texto que presenta mi muestra. Ella es una escritora joven de acá, del mundo de la poesía y de la crítica de arte queer, una lesbiana muy poderosa. Por lo general en proyectos así yo trabajo con mitos griegos. Por supuesto hay muchísimos, pero cuando descubro alguno que me atrapa, arranca el motor para crear la obra. Ella en ese momento me dijo que, curiosamente, nunca había usado el mito de Pigmalion, un mito romano que trata de explicar el origen del arte. Pigmalion es un escultor misógino que odia a las mujeres, y entonces esculpe su mujer ideal. Venus, cuando la ve, le da vida a la escultura, y entonces se enamoran, se casan y tienen hijos. Toda una violencia alrededor de la belleza del otro, la apropiación de la belleza. Así empecé la investigación del mito: cómo se cuenta, qué se dice en la academia, qué obras hay. En el camino descubrí otro mito, el de la doncella de Corintia, que también es romano. Este es de una joven, la hija del ceramista de un pueblo. Ella tiene un novio que se va a ir de viaje y al que va a dejar de ver, entonces una noche, en una cena, utiliza su figura y con un lápiz contornea en la pared su silueta, con el afán de apropiarse de su esencia. Este mito supuestamente también explica el origen del arte. Lo que pasa después es que el padre ve esto, rellena el contorno con arcilla, lo cocina y se hace famoso por vender y crear retratos de alto relieve. Y el crédito se lo lleva él. Los dos mitos tienen distinto tipo de violencia, hay incluso académicos que los estudian en su relación. La obra en la muestra está inspirada en estos dos mitos.

El primer paso que doy es «gastar» todo lo que puedo lo que se ha dicho o escrito de estos mitos. Luego, ya en el formato collage, trabajo con las imágenes tal como son. No altero tamaños ni relaciones, entonces generalmente las obras son pequeñas. Hace algunos años empecé a hacer esculturas planas, que se cortan al ras; son figuras que se sostienen por sí mismas, que en el espacio parecieran volumen y en realidad son planas. En esta muestra son seis figuras, tres estatuas clásicas femeninas y tres imágenes de una misma persona que saqué de un libro de los años 70, que es un manual de posiciones para modelos. La muestra propone una reflexión en torno a estos modelos, a estas mujeres representando arquetipos de belleza que son impuestos, que son incómodos, que no son correctos y que no están buenos. Por eso el nombre «Bad posture»: mala postura. Hay dos series de collage en la muestra, cada una responde a uno de los mitos. En una trabajo más tradicionalmente combinando imágenes, muy queer la mayoría; y en la otra pienso más en la figura y el contorno: corté las figuras sin destruir el espacio negativo del resto del papel, las acumulé y las combiné para generar como estas «capas» de pensamiento. Más de la fantasía.

T: ¿Cómo fue la inserción en el mundo profesional artístico de Nueva York? ¿Fue sencillo para una artista migrante?
L.P.:
Creo que haber hecho la maestría acá me permitió iniciar un canal de comunidad desde entonces: entre estudiantes, con los profesores, y de ahí se fue armando una red. De todos modos me llevó un tiempo sentirme parte, tengo amigues extranjeres que vinieron sin un plan y realmente les cuesta la inserción. La comunidad se empezó a expandir y cuando salí del closet también se empezaron a abrir «mundillos»: el de arte queer, el de arte dentro de la comunidad latina, el de galerías, el institucional. Creo haber logrado pertenecer a algunos o varios de ellos. El trabajo del artista no es solamente estar en el taller armando muestras o creando, sino también haciendo conexiones, apoyando colegas, estando en diálogo. En definitiva, poniendo el cuerpo.

Subastan una icónica pintura del surrealista Magritte, que no se vendía desde 1980

Fuente: Télam – La obra de arte tiene un valor estimado de entre 37 y 57 millones de dólares y será ofrecida a los coleccionistas el próximo 7 de marzo a través de la casa Christie’s.

La pintura del surrealista René Magritte «L’ami intime» (El amigo íntimo), que representa al enigmático hombre del bombín, se ofrecerá a la venta por primera vez desde 1980 cuando salga a subasta el próximo 7 de marzo en Londres, a través de la casa Christie’s.

Se estima una recaudación de entre 37.000.000 y 57 millones de dólares de la pieza estrella de la noche bautizada «El arte de lo surrealista», una obra maestra propiedad de la colección Gilbert y Lena Kaplan, cuya fecha de subasta coincide además con el centenario del Manifiesto Surrealista, publicado por André Breton.

«René Magritte, de todos los artistas surrealistas, es el más buscado a nivel internacional»

Sobre la obra

Fechada en 1958, la obra representa al enigmático hombre del bombín, el «hombre común y corriente pero también misteriosamente anónimo» de Magritte: con su sombrero hongo (o bombín), se lo ve casi como una silueta, desde atrás.

Dentro del lienzo, al mirar por la ventana se observa un paisaje sereno y montañoso y un cielo lleno de nubes, que parece ajeno a la extraña visión de una baguette y una copa de vino flotando en el aire justo detrás del protagonista de la pieza.

Ahora, el público podrá contemplar la obra en la sede de Christie’s de Los Ángeles el 5 y 6 de febrero, en el Rockefeller Center de Nueva York del 9 al 14 de febrero y en Hong Kong del 21 al 23 de febrero. La exposición de preventa en Londres tendrá lugar del 1 al 7 de marzo, informaron desde la subastadora en un comunicado.

«Es un honor que la familia de Gilbert Kaplan nos haya confiado esta obra maestra, que han disfrutado durante más de 40 años. René Magritte, de todos los artistas surrealistas, es el más buscado a nivel internacional», declaró Olivier Camu, vicepresidente de Arte Impresionista y Moderno de Christie’s Londres.

La obra pertenece a una de las series más emblemáticas de Magritte: «Es una de las pocas de estas imágenes icónicas que quedan en manos privadas, un tour de force de la técnica hiperrealista del artista. Extremadamente poético, silencioso y misterioso, sobre todo teniendo en cuenta la identidad desconocida del retratado y su título evocador. Esperamos con ansias la reacción del mercado ante esta exquisita pintura», añadió Camu.

La figura de un hombre con bombín hizo su primera aparición en la obra de Magritte en el cuadro de 1926 «Les rêveries du promeneur solitaire» (Las reflexiones de un vagabundo solitario). La figura llegó a funcionar dentro de la obra de Magritte como un símbolo de los burgueses, de las masas anónimas y sin rostro, del trabajador cotidiano y del vagabundo solitario.

La pintura se había exhibido por última vez en Bruselas en los Musées Royaux des Beaux-Arts de Belgique en 1998, finalizó el comunicado de Christie’s.

Mama Antula, la primera santa criolla, ya tiene quien la retrate

Fuente: Ámbito – Xil Buffone, la artista plástica que ya le había consagrado una instalación lumínico-sonora hace siete años, acaba de presentar un nuevo retrato-estandarte de quien será la primera santa argentina, que el papa Francisco canonizará el 11 de febrero.

El papa Francisco canonizará el 11 de febrero en San Pedro a la beata argentina María Antonia de Paz y Figueroa, conocida como Mama Antula. Será, entonces, la primera santa argentina. Hace poco menos de un año, con una pintura de Antula junto al Cura Brochero (ya santificado) y los burros de ambos, la artista Xil Buffone (1966) obtuvo un premio en la XIII Bienal de Arte Sacro. Y en estos días acaba de terminar un retrato de Antula que llama la atención por su extraordinaria belleza.

Si bien el arte religioso argentino reconoce antecedentes en el siglo XVII y el XVIII, no son muchos los artistas dedicados al género. Entre ellos figuran Alfredo Guttero, Norah Borges, Miguel Carlos Victorica o Santiago García Sáenz. A fines de los años 90, Buffone pintaba frescos en las iglesias junto a Hernán Molina, cuando apareció en Lanús un estudioso de la vida de los santos. “Se llamaba Gerardo Di Fazio -aclara la artista- y nos llevó a la Santa Casa de Ejercicios Espirituales por primera vez. Ahí nos dieron unos libros sobre Mama Antula y nos deslumbramos con esa mujer del 1700 cuyos logros parecían imposibles. No estaba recluida como la gran mayoría de las monjas, salía a predicar. Di Fazio nos pidió que pintáramos a Mama Antula, su imagen desde hoy… luego él falleció y el pedido quedó trunco… o digamos, se demoró…”

Con una idea de Di Fazio en 1997 se filmó la película “Antula” en el Centro Televisivo Arquidiocesano. La protagonista de esta historia nació en Santiago del Estero en 1730. Y su vida está ligada al momento en que tomó conciencia de la importancia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola y decidió difundirlos. En 1767, cuando expulsaron del Virreinato a los jesuitas, responsables de la tarea educativa y de la práctica los Ejercicios Espirituales, se cierran las reducciones y Antula, quien durante 22 años los había asistido, salió a los caminos decidida a dar a conocer la palabra de Dios. Así llegó caminando, siempre descalza, hasta Jujuy. Y luego de una larga peregrinación a pie, donde una de sus acompañantes muere al ser atacada por un puma, se instaló en Buenos Aires. Todos sus esfuerzos tuvieron finalmente un premio. El obispo le otorgó un permiso para fundar la Casa de Ejercicios Espirituales, determinación importante si se tiene en cuenta la devoción de Antula por la Compañía de Jesús, expulsada del reino. Allí moriría a sus 69 años, después de haber alcanzado su misión. Como un milagro más, los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, abiertos y gratuitos, continúan realizándose desde 1789 en el mismo lugar, en la casa más antigua de Buenos Aires que prosigue con la misma función desde que fue creada en la Avenida Independencia.

Xil Buffone es artista y cronista de arte, estudió en la Universidad Nacional de Rosario, está radicada en Buenos Aires, es docente del Instituto Summa y el Centro Cultural Rojas y curadora del archivo de Juan Pablo Renzi. Su franca adoración por Antula se fortaleció cuando conoció a la curadora y teórica Cecilia Bendinella. “Ella venía de escribir un artículo para una universidad de Barcelona donde comparaba a Hildegarda Von Bingen, abadesa alemana del medioevo, con Mama Antula. Y me propuso hacer algo desde el arte en la Santa Casa de Ejercicios Espirituales con motivo de su beatificación, en agosto de 2016”. Allí realizó Buffone una instalación lumínico-sonora, “La Visión de Mama Antula”, un exvoto eléctrico, con música de Germán Cancián y montaje técnico de Sandro Masroni. Cuando terminó la muestra, que envolvía al espectador en la configuración artística, Xil Buffone dejó en la Santa Casa un retrato de Antula, pintado con los colores brillantes de Gramajo Gutiérrez. Había terminado la pandemia cuando volvió a hacer los Ejercicios Espirituales y se encontró con su propio retrato. “Estaba colgado en uno de los pasillos y cerca de la celda de Mama Antula. Agradezco de corazón ese gesto que me emociona”, confiesa.

El nuevo retrato de la beata pintado en estos días, es en realidad un estandarte, cuyo formato se asemeja al del Cura Brochero, que se encuentra en el Santuario de Córdoba y que el papa Francisco colgó en el Vaticano.

Buffone le pintó a Mama Antula los ojos claros, celestes, siguiendo la tradición oral, y los testimonios de la época que dicen que tenía piel blanca, que era alta y delgada, con labios finos, nariz recta y pelo oscuro. El rostro, un óvalo perfecto, es también oscuro, curtido por el sol. La artista glorificó a Antula con todos sus atributos, su cruz alta, el “Manolito” al cuello, el libro de los Ejercicios Espirituales de Loyola, y la capa del legado jesuita. Un halo de santidad está representado por el oro refulgente que rodea su cabeza y transmite la enorme dimensión de su propia fe.