Martín Reyna: “Soy una especie de adicto al color”

Fuente: Clarín – Instalado en París desde 1992, el artista presenta sus pinturas recientes en la Galería Argentina de la embajada. En ellas, imagina el color y las ondulaciones del océano al cruzarlo desde el aire.

Martín Reyna aprendió a dibujar árboles con su papá, en el Parque Lezama. La realidad es que el quería dibujar jugadores de fútbol, como su amiguito. Pero esos espectaculares árboles del parque iban a marcar su obra desde chico, como el agua, la naturaleza y el color.

En Francia desde los 90, hoy es el Nuevo Maestro argentino en París. Su mundo es el agua, que corre y lidera sus tintas de colores fuertes, espectaculares, en un movimiento único e impredecible. Un pintor sin caballete, con la naturaleza, el piso, las piedras y las tintas como bastidores.

De este lado del Atlántico es su exposición en la Galería Argentina de la rue Cimarrosa. Un experimento que se inició en Patagonia, en el Paralelo 42, donde viven sus padres, pintando sobre un paisaje espectacular, y culminó en el patio de la embajada argentina, trabajando sobre las piedritas los sábados y domingos y rogando que hubiera sol y no lloviera. De este lado del Atlántico es exposición más reciente de Reyna en la ciudad, concebida con el curador Eduardo Carballido y es la continuidad de Atlántico, que expuso en el Museo del Agua, en Buenos Aires. Un laberinto ondulado, sinuoso, colorido que une a la Argentina y Francia, el país donde vive con su esposa y su hija economista. Un mar de colores con un conductor de orquesta: el agua, su memoria, la que marca el camino de su obra. Así lo explicó Martín Reyna cuando los amigos, pintores, intelectuales lo abrazaban y lo felicitaban en ese pulmón de encuentros, que es la Galería Argentina.

Reyna pinta en acuarelas, inspirado en Turner y la tradición inglesa. Foto: Noel Smart. Reyna pinta en acuarelas, inspirado en Turner y la tradición inglesa. Foto: Noel Smart.

-¿Cuál es la diferencia entre este lado del Atlántico y el otro?

-En este caso estamos de este lado. Habíamos concebido la exposición Atlántico en Buenos Aires, en el divino edificio de Obras Sanitarias de la Nación. Ahí adentro funciona hace ya varios años el Museo del Agua. Desde hace años trabajo con el agua y el color. El agua es ese elemento o ese otro pintor con el que yo estoy todo el tiempo. Aquella exposición que concebí junto a Julián Mizrahi de la Galería del Infinito se llamaba Atlántico porque determinamos que era mi nexo entre Francia y Argentina o mi separación. Yo decía: “Lo atravesé cien veces, pero siempre por arriba, nunca por el agua. Entonces voy a pintar aquello que me imagino que hay ahí abajo mientras atravieso ese Atlántico”. Cuando comenzamos, le decía a Eduardo Carballido: “esto es una especie de extensión de Atlántico”. Pero la trajimos De este lado del Atlántico, entonces quedó el título.

Ondulaciones

-¿Cómo fue hacer esta obra ondulada, pero sin perder tus características de color, de fuerza, de textura, de naturaleza?

-Estamos hablando de paleta. En mi caso, que trabajo con la luz natural es muy difícil de controlarla. Trabajo el color de una manera inconsciente. Nunca sé qué le va a pasar al color. Diría que el color está afuera antes de que yo me ponga a pintar, como si la propia luz lo determinara. Todas estas obras se hicieron al aire libre, de una manera bidimensional, con el papel en el piso. Y después, en la instalación, le damos el carácter ondulatorio, también para confirmar un poquito el sentido acuático del asunto. La mitad está hecha en Patagonia y el resto en el patio de la embajada en París.

-¿Cómo conseguiste reproducir la naturaleza en el patio?

-En general, en esta suerte de exposiciones-instalaciones trato de que la obra esté muy relacionada al propio espacio donde se va a mirar. Porque me interesa es modificar el espacio en el que se ve. Le pregunté a Eduardo si podríamos usar este patio para pintar la otra parte, la De este lado del Atlántico y él me dice que los fines de semana sí, porque es tranquilo, sin gente que atraviesa el patio, que es de los artistas argentinos. ¿Por qué no pintar en este patio?Martín Reyna y el curador y galerista Eduardo Carballido. Martín Reyna y el curador y galerista Eduardo Carballido.

-Comenzaste este proceso pintando en el Bois de Boulogne, con las piedras, con esas pequeñas ondulaciones y después en el Paralelo 42 de la Patagonia, porque ahí viven tus padres.

-Patagonia es el lugar que eligió mi hermano como residencia, hace ya varios años, en los ochenta. Él se instaló y con los años mis padres se mudaron también, porque era mejor para ellos vivir en ese entorno que en Buenos Aires. Cuando los visito regularmente me pongo a pintar porque el paisaje es imponente.

-¿Dónde es?

-Entre el Bolsón y Lago Puelo, en un barrio que se llama Golondrinas, que está por la ruta 40. Es uno de los paisajes que más me impresionó, de todos los que conozco. Empecé a visitarlos de manera natural, pero de a poco me dije ”esto lo tengo que convertir en pintura; no puedo quedarme con las manos atadas”. Allí pinto mucho.

-¿Y cada vez te quedas más tiempo?

-Cada vez me quedo más tiempo. Ahora hemos instalado una especie de invernadero para que yo pueda seguir pintando si se larga a llover. Además pinto papeles que son muy grandes. Por eso necesito ese invernadero. Antes pintaba unos papeles de un metro y medio por un metro y medio, dos metros máximo. Ahora los papeles tienen 10 metros, van a instalaciones, a veces como en el caso del Museo del Agua, en muy poco tiempo o en un mes tuve que pintar casi 100 metros.Detalle de la exposición "De este lado de Atlántico", de Martín Reyna, en París. Foto: Noel Smart. Detalle de la exposición «De este lado de Atlántico», de Martín Reyna, en París. Foto: Noel Smart.

Colores de Patagonia y París

-¿Y cómo has evolucionado desde el Bois de Boulogne al Paralelo 42 y de nuevo acá?

-Creo que el asunto de la evolución o transformación, que me parece una palabra que corresponde más, es el color. Por en el patio de los artistas argentinos los dos papeles de la entrada de la galería tienen una paleta muy diferente a los dos atrás, de la Patagonia. Esos colores no aparecen si no me voy a pintar ahí.

-No hubieran aparecido.

-Exactamente. Es muy distinto lo que pasa con el color cuando pinto en Francia y o en Argentina. En una oportunidad estuve en Chascomús, a veces voy a Normandía, Bois de Boulogne, Irlanda. Trato de ver qué color me propone cada escenario, color, luz .Llamémosle, color-luz-agua.

-Sos un pintor sin caballete.

-Hay una serie de obras que hago en mi estudio de París: son obras medianas, algunas un poquito más grandes. Se pintan con óleo sobre tela y serían como pinturas de pintor, en el sentido clásico. Sin caballete porque nunca me gustó la imagen, “muy bellas artes”, y yo soy autodidacta.

-En la exposición hay unas instalaciones en blanco y negro. En medio de esa fuerza del color son muy impactantes esos neutros.

-A mí el blanco y negro siempre me resultó el momento de poder descansar del color. El color empalaga, marea, me abisma a veces, me satura, me deja muy desorientado. Y en ese momento el blanco y negro sería como una vuelta a cero. Como si me marcara la radiografía de lo que está pasando, mientras que el color no me deja ver. Ahí vuelvo a esa especie de escritura en blanco y negro, que se hace con agua.

-Ahora activaste la memoria del agua.

-Me parece impresionante lo que el agua me muestra. Me pongo delante de la obra, del papel y estoy esperando ver cómo el agua va a reaccionar. Mi ejercicio, que es de un equilibrio delicado, es ver cómo el agua se va como acomodando y ver qué le pasa.Detalle de las obras más monocromáticas que Martín Reyna crea cuando el color lo agobia. Detalle de las obras más monocromáticas que Martín Reyna crea cuando el color lo agobia.

El agua y las tintas

-¿Cómo pintás? ¿Cómo es el vínculo entre las tintas y el agua?

-Primero pongo a actuar el agua, que es invisible, pero que va dibujando. Es como que el agua dibuja primero. El agua hace todo. Quiero que el agua lo haga y eso a veces me resulta difícil. Quiero no intervenir, no quiero al artista. El otro día en una entrevista me salió decir que el agua percibe. Después cuando lo escuché dije ¿cómo? El agua está percibiendo el territorio en el que se está moviendo. Dibuja de una manera u otra. Interviene después el color. El agua está percibiendo al color y le está diciendo al color que esto es posible y que esto no. Que esto se va a mezclar y que esto no se va a mezclar. Yo no lo puedo decidir a eso. ¿Por qué hay colores que se mezclan y otros que no? Eso es el agua, es una cuestión química. Decide: no, este pigmento con este yo no lo puedo mezclar y este con este lo mezclo. Entonces mi estudio, si se puede llamar así, sería ver qué es lo que el agua está percibiendo.

-¿Esta exposición es un juego lúdico entre luz, color y agua? ¿No hay frontera?

-Es un juego lúdico. Creo que me gusta mucho que la gente la descubra. Que no sea una cosa que está presentada, sino que cada uno va y hace su propio recorrido.

-En tu obra hay una intensidad de colores que se entremezclan, ¿no? A veces te impactan, otras te perturban, otras te asombran. ¿Por qué le das ese protagonismo al color?

-Me da la impresión de que me transformé en una especie de adicto del color. El día comienza y yo sé que voy a necesitar del color. A veces convoco a algún color y a veces, a otro. No hay discurso posible para darse cuenta por qué un día es el rojo y otro el amarillo con el violeta. Estamos en una zona de inconsciente muy grande. Incluso los filósofos griegos no estaban muy contentos con el color; ellos querían la palabra. YVista de la exposición de Martín Reyna en París. Foto: Noel SmartVista de la exposición de Martín Reyna en París. Foto: Noel Smart

El pintor en su atelier

-¿Y seguís yendo al Bois de Boulogne?

-Sigo yendo al Bois de Boulogne, pero no a pintar. Más que nada por impulso, por ganas de ir. Por alguna pintura que no la puedo hacer en el taller, que necesito la luz y el espacio. En Francia el tema de la luz nos cuesta mucho. A veces me paso dos semanas esperando. Mañana parece que va a haber sol, pero no se sabe.

-Tu bandera va a exponerse en la escalera de la embajada. ¿Es importante estar en contacto en París con la comunidad argentina?

-La pregunta es importante. Para mí fue permanente desde que llegué a París en 1992. Lo tuve siempre. Entonces, diría que es como algo absolutamente con lo que cuento. No me puedo dar cuenta casi de la importancia por lo regular y por lo cotidiano que me resulta. Creo que esta exposición es la tercera exposición individual que yo hago en la Galería Argentina. Y participé en muchas otras con argentinos.

Este ser parte de una comunidad argentina, a pesar de que vivo en París, que trabajo con instituciones francesas, que expongo en galerías francesas y todo, para mí se volvió algo como constante y regular, que forma parte de mi trabajo.

Carina Netto es la nueva responsable de la Escuela de Artes Visuales  Paraná

Fuente: APFDigital – En el Decanato de la Facultad de Jumanidades, Artes y Ciencias Sociales se presentó a Carina Netto como nueva Responsable de Sede Artes Visuales “Prof Roberto López Carnelli” • Destacansu trayectoria, ligada fuertemente a la Gestión Cultural, liderando espacios significativos en el campo de la cultura y potenciando el trabajo en equipo con prepotencia de trabajo y creatividad

Estuvieron presentes referentes de diferentes niveles de la Escuela, el vicedecano Daniel Richar, la Secretaria Académica Marcela Cicarelli, la Secretaria de Escuelas Sol Barrera, el Secretario de Investigación Javier Ríos, el Subsecretario Administrativo Lisandro Sotera.

De acuerdo a lo expresado por las autoridades, esta función responde a la necesidad de fortalecer una gestión que tienda a potenciar las diferentes actividades que se desarrollan en la Escuela de Artes Visuales, la coordinación y organización de actividades conjuntas y distintos procesos vinculados con las propuestas académicas, artísticas, de vinculación con la comunidad  y el trabajo en la articulación de acciones administrativas y académicas con otras áreas y claustros de la escuela.

Desde la Gestión de la Facultad destacaron la importante trayectoria de Carina Netto; ligada fuertemente a la Gestión Cultural; liderando espacios significativos en el campo de la cultura y potenciando el trabajo en equipo con prepotencia de trabajo y creatividad.

“Invitamos a la comunidad educativa en su conjunto a acompañar esta nueva tarea y a participar en las diferentes propuestas que se programarán con el objetivo de poner en valor la tarea de una Escuela con una enorme potencia en cada uno de sus espacios”, señaló el vicedecano Daniel Richar.

Carina Netto tiene una destacada trayectoria ligada a la creación, producción musical y gestión cultural. Estudió Música en la Escuela de Música, Danza y Teatro «Prof. Constancio Carminio» y en el Instituto Superior de Música de la UNL. Formó parte de diferentes conformaciones musicales.

En Gestión se desempeñó como Subsecretaria de Cultura de la Ciudad de Paraná – Municipalidad de Paraná –  Decreto Nro. 14 – en el período 2019 – 2023; destacándose en una gestión prolífica de actividades y propuestas.

Anteriormente estuvo como Directora de la Casa de la Cultura dependiente de la Secretaría de Turismo y Cultura de Entre Ríos, (Resolución Nro. 386/2019 M.C y C) desde el 1° de abril de 2019.

Fue Directora de Arte Popular de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Paraná, desde marzo de 2013 a diciembre de 2015.

Se desempeñó en el Área Cultura de la Secretaría de Extensión de la Facultad de Trabajo Social UNER, realizando diferentes eventos académicos-culturales desde el 1° de febrero de 2015 al 31 de marzo de 2019.

Fue también Asesora en el FEICAC (Fondo Económico de Incentivo a la Cultura, las Artes y la Ciencia) y  Asesora de proyectos culturales de estudiantes de Gestión Cultural.

La Responsable de Sede Carina Netto, mantendrá en estos días una reunión de trabajo con los diferentes referentes por Nivel de la Escuela para compartir perspectivas y coordinar acciones. (APFDigital)

María Boneo: «Hay que liberar al arte del encierro en los museos»

Fuente: ámbito – Diálogo con la prestigiosa escultora, una de las mayores representantes del arte público en nuestro país, que prepara dos muestras en el distrito Brickell de Miami y otra en Girona (España)

“A cualquier artista le gusta que su obra se vea y no que esté encerrada entre cuatro paredes”, dice a este diario la escultora María Boneo, una de nuestras mayores representantes de arte público, aquel que puede verse en la calle, en plazas, en el interior de un edificio. “El arte debe salir del museo. A mí me gusta que una obra se pueda ver desde un avión, o al paso de un tren. Que le salga al encuentro al contemplador. Mis obras están concebidas para espacios enormes, lugares en los que se pueda entrar, interactuar. Creo que ese es el ideal del escultor.”

La historia de Boneo es tan singular como sus creaciones: cosmopolita, también a ella el mundo le salió al encuentro. Nació en Belgrado, entonces Yugoslavia, de padre diplomático y madre profesora de filosofía y cine. Luego, de muy niña, se trasladó a Bruselas, desde donde la familia (cuatro hermanas) regresó y se radicó definitivamente en Buenos Aires, donde su padre murió a temprana edad.

Se formó en la Escuela Nacional de Bellas Artes de nuestro país; en Statuaria Arte, Carrara, Italia, y en talleres de reconocidos escultores como Leo Vinci, Aurelio Macchi, Miguel Ángel Bengochea y Beatriz Soto García. “Hay”, acotamos en el diálogo “una semiología de fondo: aquello que el espectador elige ir a ver cuando va al museo, o a la galería, y aquello que se le aparece sin proponérselo, porque está en un espacio público”.

“Ese público que va al museo o a la galería forma parte de una cultura”, responde. “Y, reconozcámoslo, muchas veces va más al museo cuando viaja que en su propio país. Para que ese público concurra aquí al museo tiene que existir una motivación específica que lo impulse. Por ejemplo, los fanáticos de Anish Kapoor —y lo menciono porque es un artista que me encanta— irán a ver una muestra de él como la que se hizo acá, o, más popularmente, concurrirán a una muestra de Dalí porque es el clásico que ‘hay que ver’. Hay mucho de mandato cultural”.

“Es cierto”, continuamos “que visitar museos en el exterior forma parte de la atracción turística. Van al Louvre y salen agotados porque quieren recorrerlo todo en unas horas. Cumplen con ese superyó cultural.”

“Exacto, no es un deseo real”, sigue Boneo. “Yo busco que la obra pública sea invitante, ya sea porque el espectador pueda interactuar con ella, como por ejemplo con un espejo, una transparencia, una luz, o una obra que llame a entrar porque intriga saber qué hay dentro. Eso no quita que, desde un punto de vista clásico, funcione la emoción, que conmueva una mano, un gesto, una vena. Pero a mí me interesa la interacción, ya sea un chico que se tira por un tobogán que es a la vez una escultura, o contemplar la Floralis Genérica de Recoleta. O la música: uno entra en una obra y un sensor, gracias a la tecnología actual, inicia una música, o el sonido de la lluvia. Para mí eso es muy importante. Algo que vaya más allá de la percepción visual, pero primero esa percepción debe invitar a entrar.”

Entre las obras más destacadas de Boneo se encuentra las esculturas ubicadas en la Torre Bouchard Plaza, en el barrio de San Nicolás, en Buenos Aires, “Acero grande” (2015) y “Veintinueve” (2017) [Foto 1].

En 2022, se instaló “En Punto” en el Edificio Chacofi, una torre de oficinas que se encuentra frente a la Plaza Roma, sobre la Avenida Leandro N. Alem, con la colaboración de arquitectos como Julieta Figueroa y Gabriel Gatti Beize. “La obra simboliza la necesidad de poner un punto final para luego continuar”, acota Boneo.

“¿Cómo se gestan sus obras? “Primero desde un boceto”, responde. “Un boceto que ya me hace imaginar la obra en grande, y luego partiéndola. Al partirla sé que puedo entrar [Foto 2: “En Punto” en su etapa de realización]. Me las empiezo a imaginar con espejos, reflejando al espectador. Nacen de adentro hacia afuera, como un nido. Imagino también los materiales, ya que cada obra los requiere distintos. Si es para la exposición pública el problema es que los materiales son muy costosos… claro, en la imaginación, o en una maqueta, todo es más sencillo.”

Los materiales, valga la redundancia, trascienden el plano material. “Mis creaciones”, explica “son fruto de una relación dinámica con los insumos. El mármol es frío y tiene en su polvo propiedades casi curativas, mientras que la madera es cálida y desprende su perfume con cada intervención de un escoplo y un martillo. El metal requiere un trabajo previo de modelado en arcilla que luego se completa al calor de la fusión. El encuentro de la herramienta con los elementos me genera adrenalina; es la música de la talla, el sonido de la creación.”

“El proceso de creación es espontáneo y a veces lleno de errores e improvisaciones que resuelvo sobre la marcha”, continúa. “Cada componente tiene su propia característica y decide el camino a seguir; es un diálogo constante entre la talla y yo. Las reglas flexibles son mis favoritas, me guían en lo cóncavo y convexo, mientras que el cincel deja huella, marcando la historia en cada obra.”

Riesgos del arte público

La exposición pública siempre entrañó riesgos. “Por supuesto, desde siempre, y no hablemos ya de la vandalización sino también de los desastres naturales. Hace un ratito mencionábamos a la Floralis, que con las tormentas del año pasado quedó dañada. Ese es otro problema: una obra puede contar con los apoyos público y privado necesarios para su instalación, ¿y después? ¿Quién se hace cargo de su mantenimiento? ¿Quién es el responsable? Yo paso por Figueroa Alcorta y lloro, es una pena ver cómo ha quedado la Floralis.”

Acerca de esta forma de exponer el arte, Boneo indica: “El desafío que tengo como artista para los próximos años es poder participar en Argentina, Europa y Estados Unidos en obra pública. Considero que los espacios públicos en nuestro país no están tan desarrollados para recibir el arte de talentosos artistas como los que tenemos. Las dificultades para ello son claras y el arte no ocupa la importancia que debería en nuestro país.”

Integrante del Collective 62, espacio y colectivo artístico de mujeres en Miami, Boneo participará próximamente de dos muestras en esa ciudad. “Serán en el Brickell Center”, dice a este diario” “Coinciden con la realización del Art Basel. Culturalmente, Miami es una ciudad que explotó, en especial después de la pandemia: como han bajado tantos los impuestos, son muchos los neoyorquinos que se fueron hacia allí. Estoy trabajando mucho en Miami pese a que la residencia la voy a mantener acá, donde tengo mis afectos, mis cosas. Pero a veces hace falta salir para tomar otros aires, otras facilidades. La obtención de los materiales allá es mucho más sencilla. Pintar una obra en Miami cuesta menos que hacerla acá. También haré una muestra en Girona, España”.

Le preguntamos qué diferencias existen en lo que respecta al arte público entre nuestro país y otros. “Muchas, desgraciadamente. En los Estados Unidos, por ejemplo, todo se hace más fácil. Se allana el camino, se pueden desgravar impuestos. Y ojo que no estoy hablando de obras en plazas o la vía pública sino en edificios privados, es lo más común. En los edificios hay obras, tanto pinturas como esculturas. Es un placer, caminar, ver, comparar; un edificio compite con el otro por la calidad de sus obras. El distrito Brickell del que hablé es maravilloso. Uno mira hacia arriba y ve frisos, colores, formas.”

Boneo, ante otra pregunta, señala también la incidencia positiva que ha tenido en los últimos años el llamado “arte callejero”, que consagró a artistas como Banksy, cuya identidad sigue siendo un enigma. “Es maravilloso. En los Estados Unidos se lo respeta como un gran creador. Hay hasta calles cerradas para exponer el arte callejero. Recordemos también a otro maestro como fue Basquiat.”

Lo femenino

La figura femenina es un tema central en el trabajo de la artista. “Crecí en un entorno femenino, con cuatro hermanas y una madre feminista. Este ambiente me impregnó de un profundo respeto y admiración por la mujer, que se refleja en mis esculturas. Alexander Archipenko fue mi gran inspirador; su obra ‘Mujer Peinándose’ me llevó a comenzar con ‘Mis Mujeres’, trabajos que caracterizan la fuerza y la intuición femeninas.

El paso, como en otros artistas, fue de lo figurativo a lo abstracto. “La figura de lo femenino es casi permanente en mi trabajo y esta temática impregna mi obra, en expresiones figurativas y más tarde abstractas. Muchas de mis mujeres están quebradas y en su materia conviven diferentes texturas. Sus partes rugosas muestran el rastro de la talla, de las herramientas que marcaron sus cuerpos. Sus partes más suaves son huella de la lija, del trabajo fuerte. Así somos nosotras, sabemos resurgir porque dentro nuestro conviven la fuerza con la fragilidad”.

A lo largo de los años fui conociendo a mis mujeres”, completa. “Ya no son tan frágiles; aunque no perdamos esa inocencia, ahora son mujeres fuertes. Desde la figuración transité hacia la abstracción y comprendí que, entre los espacios cóncavos y convexos de la materia, la forma ya existe. Mi obra reciente evoca lo más íntimo de la mujer, el clítoris, la profundidad máxima, el clímax. Llegar allí es como entrar en el útero y volver al origen, donde nos formamos y donde nacemos. Un espacio vacío que se llena, se vacía y se vuelve a llenar; el lugar fértil para que algo crezca”.

Fue promesa de la Selección argentina, jugó en Europa y ahora se dedica a la pintura

Fuente: Ámbito – Quién es este jugador que abandonó el fútbol y encontró otra pasión que lo mantiene ligado al deporte rey: los detalles en la nota.

Una gambeta, un taco, un caño, un gol… todas acciones que dentro del mundo del fútbol muchas veces son interpretadas por un artista. No tiene sentido hacer una lista de los grandes artífices que pasaron por una cancha porque esta nota no tendría fin si tuviésemos que enumerar a todos ellos. Sin embargo, dentro del mismo mundo hay otro tipo de artistas; hoy te contamos la historia de uno de ellos.

Quizás el nombre de Matías Fondato no te suene tan familiar. El nacido el 19 de septiembre de 1984 en General Gerli, Santa Fe, es un exjugador que no tuvo una carrera destacada dentro del campo de juego, pero sin embargo es un artista del fútbol.

Radicado en Inglaterra, el que supo vestir la camiseta de la Selección argentina se dedica a hacer retratos de diferentes estrellas de la pelota. ¿Te acordás dónde jugó?

Cómo fue la carrera futbolística de Matías Fondato

La carrera futbolística de Matías Fondato comenzó de manera prometedora. Formó parte de la Selección Argentina Sub-17 bajo la dirección de José Pekerman que participó del Sudamericano 1999 en Uruguay. En dicho torneo compartió plantel con otros cracks como por ejemplo Fabricio Coloccini y Germán Lux.

En su etapa en clubes, Matías debutó en la primera división con Newell’s Old Boys de Rosario. Su talento en el campo lo llevó a jugar en varios equipos de América y Europa, incluyendo el Guaraní de Paraguay, América de Cali en Colombia, Ionikos en Grecia y Antwerp en Bélgica.

Sin embargo, su carrera se vio truncada por una lesión que lo obligó a retirarse del fútbol profesional. Este fue un momento difícil para él, pero no permitió que la adversidad lo detuviera. Decidió redirigir su energía y pasión hacia otra de sus grandes aficiones: el arte.

La vida de Matías Fondato tras su retiro del fútbol

Pese a haberse alejado de su gran pasión por una lesión, su camino en el mundo del fútbol le dio a Fondato grandes amistades que ayudaron al exmediocampista a hacer el camino recorrido como artista. Desde la sub 17 que Matías tiene una gran relación de amistad con Coloccini que jugó en Newcastle mucho tiempo y que lo incitó a mudarse a la ciudad inglesa. A partir de allí comenzó una historia de éxito en el mundo del arte. «Lo mejor para mí es mezclar mis dos grandes pasiones», dijo el exjugador en una entrevista con Uno Santa Fe.

Su entrada al mundo del arte fue casi accidental. Comenzó pintando un retrato para un amigo jugador del Newcastle United (DeAndre Yedlin), lo que llamó la atención en las redes sociales y le abrió puertas en la comunidad artística. “Cuando lo fui a visitar y vi un par de pinturas en su casa, le pregunté si le gustaba el arte, y me respondió que le encantaba. Entonces le dije que le iba hacer un retrato y lo tomó en joda. Cuando le llevé el dibujo se volvió loco. Lo posteo en Instagram y explotó. Empecé a tener pedidos por encargo. Eso fue en el 2017, y a partir de eso es como que comencé a evaluar lo de dedicarme al arte.”, comentó Fondato para TyC Sports.

Hoy en día, sus obras incluyen retratos de iconos del fútbol como Lionel Messi, Raheem Sterling, Eric «Coco» Lamela, N’Golo Kante Ronaldinho, Maradona entre otros. Luego de publicar sus grandes obras por redes a Fondato le preguntaban si hacía encargos de otras celebridades que no tengan que ver con el fútbol. Fue así como empezó a vender obras de jugadores de básquet, músicos, famosos, entre otros.

Asimismo, el mediocampista contó que la pintura es algo que le gustó desde siempre y que por suerte fue lo que lo ayudó a mezclar ambas pasiones. “Es una situación un rara, es un hobby que tengo de toda la vida, sobre todo el dibujo, y siempre había tenido curiosidad por la pintura…obviamente soy consciente de que soy un privilegiado, de que mi pasado como jugador me ha ayudado, me ha abierto puertas por una cuestión de que a lo mejor excompañeros o exentrenadores siempre te dan una mano».

Fondato utiliza principalmente acrílico sobre lienzo, aunque también ha experimentado con otras técnicas como óleo, acuarela y pintura sobre prendas de vestir. «Soy una persona muy curiosa y muy autoexigente», comenta, subrayando su compromiso con la mejora continua. «hago una pintura y la próxima quiero que esté 10 veces mejor que la anterior, entonces miro muchos videos, pregunto, hablo mucho con artistas, voy a galerías para después darle un toquecito y hacerla mía”, agregó el exfutbolista.

Matías Fondato es un claro ejemplo de cómo las pasiones pueden abrir nuevos caminos. Desde su carrera en el fútbol profesional hasta su éxito como pintor, Fondato ha demostrado que es posible reinventarse y encontrar nuevas formas de expresión.

Luis Battaglia, un arquitecto y escultor mendocino que combina proyectos de lujo con arte popular

Fuente: Diario UNO – Fue parte de la creación del resort Los Chozos, en Alto Agrelo y al mismo tiempo está creando un espacio cultural en Godoy Cruz abierto a la comunidad artística.

El trabajo del arquitecto y artista mendocino Luis Battaglia podría definirse de muchas formas, pero quizás la más cercana definición, fuera la más lejana a aceptar la realidad tal y como esta se presenta.

Es que el artista y creador de innovadoras obras de arquitectura que, sin dejar de ser de lujo, se presentan como un desafío a los materiales convencionales, no quiere ser el mejor en nada. Solamente quiere dejar una huella y que sus creaciones inviten a pensar el mundo de otra manera, a través de las ideas y de las formas.

Cada obra de Battaglia, desde las arquitectónicas, hasta las escultóricas, son una invitación a mirar desde una nueva perspectiva una realidad que parece completamente pensada.

Esta idea fuerza es transversal a todas las creaciones del artista. El metal, el hierro, la totora, podrían convertirse perfectamente en chatarra. Pero en las manos de Battaglia, están listas para resignificarse.

La búsqueda de Battaglia es la de no aceptar la realidad tal como es, sino resignificarla a través del arte.

La búsqueda de Battaglia es la de no aceptar la realidad tal como es, sino resignificarla a través del arte.

Las dos caras de un artista

Un arquitecto de obras de lujo y un escultor que cree y que quiere que el arte esté cerca de la gente. Estas dos caras –y podría decirse que muchas más- conviven en Luis Battaglia.

“Yo estudié arquitectura de grande, comencé la facultad a los 37 años. Esto me sirvió para muchas cosas, principalmente porque es parte de mi búsqueda de supervivencia. Lo que he hecho siempre es tratar de sobrevivir, nunca he tenido esa constancia de hacer siempre lo mismo, no he podido replicar eso. Lo que pasa es que una vez que domino una técnica la descarto”.

En este derrotero, Battaglia el artista, llamó a Battaglia el constructor. En esa fusión nacieron grandes creaciones.

El artista en plena faena creativa

El artista en plena faena creativa

Una de ellas es haber formado parte, junto al artista Sergio Roggerone, de la creación de Los Chozos Wine House, en Alto Agrelo, Luján de Cuyo.

Se trata de un resort de 15 casas de lujo, y un conjunto de glamping ubicados en un terreno de 800 hectáreas que pertenece al grupo Young Woo and Associates, cuyos dueños, en sociedad con el grupo local Armentano, desarrollaron este proyecto.

Battaglia, el arquitecto, destaca la utilización de los materiales y las formas, que remiten a una arquitectura andina, inspirada en viejas culturas nativas.

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La zona de glamping del resort Los Chozos Wines Houses, en Agrelo, Luján de Cuyo. Están cubiertos por un tejido de totora, realizado con una técnica ancestral

La zona de glamping del resort Los Chozos Wines Houses, en Agrelo, Luján de Cuyo. Están cubiertos por un tejido de totora, realizado con una técnica ancestral

En cuanto a los glamping, se trata de una serie de domos para los que también se utilizaron técnicas ancestrales de las comunidades prehispánicas, esta vez involucrando el tejido de totora para la construcción.

El concepto que Battaglia trabajó con Roggerone fue el de esculturas habitables.

En los Chozos se colocaron pisos de cerámica esmaltados, que son obra de Battaglia y luego, Roggerone y el grupo Armentano le propusieron hacer los glamping.

Así se ve el tejido con el que se cubrieron los glamping de Los Chozos.

Así se ve el tejido con el que se cubrieron los glamping de Los Chozos.

Fue una experiencia fabulosa, para mí era un desafío artístico generar estas unidades habitacionales escultóricas. Le estoy muy agradecido a Sergio y a Nicolás (Armentano) , que fueron los que me convocaron para el proyecto

El autor de bajo perfil detrás de obras gigantes

Battaglia es un autor de bajo perfil que realiza obras gigantes. Esta no es una definición poética, sino literal de lo que hace el escultor mendocino.

El espacio de trabajo de Battaglia dentro de su atelier, en donde proyecta y le da forma a sus ideas.

El espacio de trabajo de Battaglia dentro de su atelier, en donde proyecta y le da forma a sus ideas.

Una de sus obras más conocidas y al mismo tiempo, desconocidas, es la escultura que recibe mendocinos y turistas en la entrada al aeropuerto de El Plumerillo, en Las Heras.

La escultura se denomina “Origen” y tiene que ver con representar en una obra toda la matriz productiva de la provincia, que no comienza y termina con la vitivinicultura.

Allí está reflejada la agricultura, la metalmecánica, el petróleo, la minería y hasta se recuperaron cadenas de barcos antiguos para que también cobraran identidad los inmigrantes. Se construyó con materiales reciclados de empresas mendocinas y muestran todo el proceso que tiene la industria provincial.

Todas las obras de Battaglia son conceptuales. Se basan en algo que el artista tiene para decir y para lo que no bastan las palabras.

Todas las obras de Battaglia son conceptuales. Se basan en algo que el artista tiene para decir y para lo que no bastan las palabras.

Es una escultura, literalmente, gigante: está compuesta por 250.000 kilos de hierro, entre todas las piezas que se ensamblaron para construirla y tiene casi 240 metros lineales de recorrido.

Si bien está construida para que se vea a la velocidad que los autos transitan por la ruta, es importante detenerse a analizarla.

Algunas de sus obras, que componen su atelier podrían estar perfectamente en la calle. Es el caso del toro andino (que es parte de otro proyecto que Battaglia prometió contar en un futuro cercano) y otras piezas, que también pueden tener un fin decorativo, como grandes lámparas y portones.

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Un arte abierto al público

Si bien hay tantas maneras de definir el arte como artistas, críticos y espectadores, existen dos concepciones muy básicas: una tiene que ver con el arte solo reservado para elites exclusivas, que lo colocan en una especie de “salón vip para entendidos”, y otra, que apuesta por un arte popular, que no solo se coloque en un pedestal, sino que esté cerca de la gente.

Un arte cuestionador de las estructuras dadas, que interpele. Un arte para tocar y para transformarse con la comunidad.

En este sentido, Battaglia pensó en abrir su atelier al público y ese es su proyecto en un futuro muy cercano.

Su espacio de trabajo se convertirá en un espacio cultural, sala de exposiciones, y también sumará una propuesta gastronómica tanto para los vecinos de Godoy Cruz, como para quienes se quieran sumar a la experiencia.

El lugar llama la atención inmediatamente que uno pasa por la zona de la calle Paso de los Andes, a la altura de Villa Hipódromo.

Se trata de un inmenso galpón, intervenido por el artista, en el que convivirán sus enormes esculturas –todas ellas conceptuales- con las de artistas que encontrarán un lugar para exponer y vender sus trabajos, al igual que Battaglia.

Si bien Battaglia asegura no

Si bien Battaglia asegura no «comprometerse» del todo con ninguna técnica, muchas de sus esculturas son en base a hierros y metales soldados

El lugar abrirá en los próximos días y mientras se ultiman los detalles, Battaglia se da tiempo y espacio para contar, recibir y comunicar todo lo que casi no le entra en las palabras.

Hay que conocer al artista y a su obra para terminar de entender de qué va este personaje de la cultura mendocina.

La Angostura: desde lo alto de una montaña, Guido Ferrari pinta la Patagonia como pocos

Fuente: Rio Negro – El artista nacido en Villa Angostura, que pinta la Patagonia desde su atril, al aire libre, en una cumbre o en pleno bosque, acaba de exponer en Buenos Aires su obra “Mahuida”. De eso, de su estilo y de su visión del arte y del mundo habló con RÍO NEGRO.

En la quietud de la cordillera a Guido Ferrari (29) le parece oír hasta el sonido de cómo avanza el tiempo, del paso de la vida. Es un sentimiento que vive con total intensidad, que luego desaparecerá para pasar a otro.
En el mientras tanto, él lo pinta, ahí parado donde sea -en una pendiente, en una cumbre- en esta Patagonia infinita.
Su arte está ligado a la práctica impresionista del “plein air”, la pintura al aire libre.
Sea con sol pleno, llueva o truene, nieve o corra muchísimo viento, él toma su atril y su valija para internarse en la naturaleza y hacer lo que más le apasiona en la vida. Esa valija con pinceles y pinturas es también una buena metáfora de lo que se pierde, encuentra, mezcla, desaparece y reencuentra. “Es mi vida misma”, comenta este hijo y nieto de patagónicos, nacido en Bariloche y criado en La Angostura, donde vive desde hace años.
Días atrás llevó un poco de nuestra cordillera a Buenos Aires. Allá, en el Banco Ciudad en Buenos Aires inauguró su exposición Mahuida. El tamaño de la obra principal es de 18 x 1 metros. Deslumbró a los asistentes y a quienes pasan por el lugar. Él está feliz con este logro más que suma a su trayectoria. ¿Por qué lo hizo? ¿Cuál es su intención? De esto hablamos horas atrás.


-¿Qué te llevó a la pintura?
-Desde que tengo memoria que me interesan las artes, la música la pintura, el dibujo, la escultura, la ilustración, la danza y el cine.
Nos conforma un cuerpo, mente y espíritu (o emociones). El cuerpo va al gimnasio; la mente lee o estudia y el espíritu se alimenta de las artes, del bienestar social, el amor, la expresión.

Obra de Guido Ferrari.


Sobre su método de trabajar al aire libre dijo tiempo atrás a este diario: “pintar al aire libre tiene un término específico en francés que es ‘plein air’ y que significa al aire libre. Viene del impresionismo, en la segunda mitad del siglo XIX, durante la segunda revolución industrial, que es cuando los artistas pudieron llevar sus instrumentos y pomos de pintura, que antes no se podían transportar al aire libre, y terminar la obra al natural. De esa época y de ese movimiento impresionista yo rescato la vida conectada a la naturaleza y llevo mi oficio hacia allí, a una comunión, un estilo de vida donde no me aleje de lo que considero el mejor alimento. Nos podemos alimentar de otras cosas como fama, poder, likes, pero no hay alimento como la naturaleza, el sol, el agua”.


-¿Cómo se entrena la mirada y la observación?
-Siempre cito a Atahualpa cuando dijo “para el que mira sin ver, la tierra es tierra nomás”.
El ojo se entrena simplemente entrenando lo que hay dentro, pues por consecuencia damos el foco en lo que queremos ver, es decir vemos afuera lo que esta adentro.
Y el artista es entonces el que te muestra con su visión lo que estaba allí pero quizás no podías ver.
Aquí debo acentuar quizás un rol muy importante de las artes, muchas personas con roles políticos, sociales, médicos, terapéuticos, etc, podrían usar a favor las artes por el simple hecho de que revela un inconsciente colectivo, si se analiza ese inconsciente se pueden prever acontecimientos. Las artes son la expresión de lo que viene, es la expresión del futuro.

Este es solo una de las razones por las cuales el arte tiene importancia, podría nombrar varias historias del arte como terapia por ejemplo, o como concientización, no solo del planeta tierra que estamos descuidando, si no también de la importancia del tiempo, del afecto, de la bondad y la empatía por los demás seres.


-¿Tu arte le suma a la naturaleza que pintás?
-A la naturaleza no le sumo nada, simplemente me detengo a oírla, a admirarla, a aprender del cosmos en cada rincón.
Cuanto más tiempo paso contemplando, más descubro. Eso es para mí la pintura, ver los detalles y acentuar rincones y momentos de luz irrepetibles. Pero sí es cierto que pintar en el lugar es una interacción, los sonidos te traspasan, te envuelven, en un momento sos parte de la naturaleza, los animales se te acercan, ya no te huelen como algo ajeno.


-¿Cómo es tu proceso creativo?
-Mi proceso es estar meditativo previo a la pintura, por eso las caminatas en la naturaleza ayudan mucho, todo el proceso de horas de caminata por el bosque y la montaña hacen que uno llegue a tiempos naturales así es mas fácil ser lo que pinto.
En atelier es el mismo proceso, busco en qué sintonía estoy, todo lo que se pinta tiene un simbolismo oculto; si es montaña: de día, de noche, nublado, atardecer, con niebla, todas ellas te cuentan una historia diferente, cada búsqueda tiene un propósito.
No nos atrae un horizonte torcido porque sí, o uno desenfocado o un horizonte poco visible o completamente derecho.
El horizonte es hacia dónde vamos, por ende si lo vemos nublado, tenemos un futuro incierto, por ejemplo.
Esto tiene que ver con esa teoría de la belleza que sostiene que hay un sentido primitivo de atracción hacia la belleza, desde que somos agricultores desarrollamos un lenguaje con los ciclos de cultivo. Entonces podemos decir intuitivamente que mañana va a ser un buen día para plantar, cosechar, para que crezca nuestra siembra.
Por estos días, por ejemplo, el atardecer es de buenos colores rojizos, por eso nos atraen los atardeceres, y cuanto más rojo, más atractivo.
-O como dicen en Italia “Rosso di sera, buon tempo si spera”.
-No estoy diciendo con esto qué es lo bello y qué no lo es, sí estoy diciendo que los que nos atrae tiene un motivo y personalmente me gusta descubrirlo en la naturaleza.

Un poco de nuestra cordillera en Buenos Aires

Tres fotos que ayudan a imaginar parte de la exposición Mahuida que inauguró días atrás Guido Ferrari en el Banco Ciudad, en Buenos Aires.


-¿Cuál fue tu propósito con tu última obra?
-La Expo Mahuida, en el Banco Ciudad tenía como objetivo llevar un poquito de cordillera. Quería que la gente entre y se vea envuelto en los lugares donde pinto y sin preguntarlo la gente me respondió que así fue: así que cumplió el objetivo.
El tamaño de la obra principal (Mahuida) es de 18 x 1metros. Tuvimos que adaptarla al lugar así que se le restó finalmente un metro. Son 6 bastidores de 3×1 que juntos forman un pedacito de la cordillera andino patagónica. El tamaño puede sonar enorme y fue todo un desafío pintarlo pero no es nada a comparación de nuestra gigante Patagonia y cordillera, obviamente.


-¿Cómo respirás esta Patagonia que vivís en La Angostura?
-Siempre me gustó haber nacido acá, es como si lo hubiese elegido de antes.
Viajé por Europa, Estados Unidos, Latinoamérica pero es acá donde encuentro mi carga, la Patagonia tiene esa rusticidad que me alimenta. Viajé por Europa, Estados Unidos, Latinoamérica pero es acá donde encuentro mi carga, la Patagonia tiene esa rusticidad que me alimenta, protegidos, a donde quizás el humano nunca llegó…
Es un lugar donde la vida se renueva por sí misma. Me gusta también el lenguaje que dejaron nuestros ancestros, mapuches tehuelches, selknam, y onas, entre otros.

Guido Ferrari.


-Hablemos de los colores de este sur argentino.
-Si bien el color de la Patagonia es bien contrastante, tiene mucha claridad la atmósfera. A diferencia de otros lugares donde el polvo y humedad flota en el aire y el sol refleja en esas partículas, en la Patagonia tenemos un aire claro, transparente, que hace que tengamos por un lado colores, sombras y luces y por otro un azul profundo, sombras de los bosques con casi oscuridad total, sin incidencia de la luz en la sombras y distancias.
También tenemos nuestro distinguido otoño con sus colores y variaciones únicas en el mundo. Por supuesto que también están las mesetas “doradas” que son como desiertos de oro, donde los guanacos se camuflan con la tierra y los cielos nocturnos de otoño e invierno, que cuando se despejan las nubes se ve el cosmos completo.


-¿Qué historias querés contar desde tus pinturas?
-El cuidado de la tierra, el respeto hacia la naturaleza y el cosmos, la empatía por los seres, los tiempos de la naturaleza, la contemplación del todo.


-¿Para que te parece que sirven tus pinturas?
-Para sensibilizarnos sobre el entorno en que vivimos.


-¿Qué le sumás vos con tu arte a la Patagonia?
-Visibilización. La Patagonia no es un lugar donde el humano pueda exprimir la tierra y abandonarla, no es ese negocio del que tanto se habla, particionar la tierra, usarla, pudrirla, estropearla.
Por el contrario, es una tierra rica por su gente, sus tradiciones, su flora y fauna, sus distancias, el agua y el aire, su misterio, la diversidad. Estamos en una tierra que nos dio todo, sembrás algo y crece, tenemos energías de todo tipo, atracciones y turismo, aguas de todo tipo, extensión de sobra, minerales, mares, bosques. Si no empezamos a darle algo a cambio, o por lo menos cuidar “el negocio” no hace falta que yo aclare donde termina todo lo que no se cuida.

@guidofrancoferrari

Reconocimiento: la artista visual Sara Rosales ya es parte de «Guaymallén cuna del arte»

Fuente: Municipalidad de Guaymallén – El programa impulsado por la Municipalidad de Guaymallén y el Gobierno provincial, sigue homenajeando a artistas del departamento. Esta vez fue el turno de la prolífica pintora vecina del distrito de Belgrano.

La Municipalidad de Guaymallén y la Subsecretaría de Cultura de la Provincia siguen sumando hitos al programa “Guaymallén, cuna del arte”. Esta vez fue incluida en el rescate de guaymallinos trascendentes en las artes de Mendoza, la artista visual Sara Rosales.

“Guaymallén, cuna del arte” arrancó el 22 de abril con la colocación de una placa en la que fuera la casa del poeta y compositor Armando Tejada Gómez, a 95 años de su natalicio; el 16 de mayo fue el turno de la escritora Rosa Pereyra en su cumpleaños 89; ahora le tocó a Rosales, quien cumplió años el 25 de mayo pasado. La actividad estaba prevista para ese día, pero la persistente lluvia hizo que se suspendiera el homenaje a la artista visual que vive en el distrito Belgrano de Guaymallén.

El ciclo busca rescatar y señalizar los lugares emblemáticos de artistas del departamento, para que los guaymallinos conozcan obra y relevancia de sus vecinos y, de paso, crear un circuito cultural vinculado a figuras que trascendieron los límites de Guaymallén.

El intendente Marcos Calvente, la directora de Cultura de Guaymallén, Carolina Vico, la artista Sara Rosales y el subsecretario de Cultura Diego Gareca. Detrás, la placa inaugurada para reconocer a la artista guaymallina.

En el acto estuvieron presentes el intendente de Guaymallén, Marcos Calvente, y el subsecretario de Cultura de la Provincia, Diego Gareca, la directora de Cultura del Departamento, Carolina Vico y familiares, amigos y vecinos de la artista.

El jefe comunal destacó la humildad de la artista. “Conozco a Sara a partir de sus obras y e intervenciones, pero acabo de conocer a la persona, la dimensión humana. Rescato eso, que artistas tan prolíferos del departamento y de la provincia nos entreguen tanto y conserven la humildad y sigan respondiendo a las necesidades de esta sociedad. Te agradezco Sara por todo el aporte que has hecho al departamento, a la provincia y orgulloso de que sigas siendo una vecina nuestra. Muchas gracias y feliz cumpleaños atrasado”.

A su turno, Gareca explicó los motivos detrás del programa Guaymallén cuna del arte. “Está señalización que tiene que ver un poco con el trabajo de identificar, dónde viven nuestros hacedores culturales. ¿Dónde vive un artista? ¿Cuál es su entorno? Una de las características que tienen estas señalizaciones, es que nuestros artistas viven en los barrios, donde transitan nuestras vidas, donde nos desarrollamos y crecemos”.

El nieto de Rosales, Pablo Fernández, con su hijo en brazos, bailando un gatito cuyano con la bailarina del ballet Raíz del alma.

Luego, el subsecretario agradeció a la artista: “queremos agradecerte por tantos años de compromiso de trabajo y sobre todo por ayudar a otros artistas, porque no todos los artistas son generosos y la generosidad y la solidaridad también debe ser una práctica política para una construcción de una sociedad más justa e igualitaria para todos. Así que agradecido de estar en la puerta de tu casa y conmemorando tu cumpleaños, pero también celebrando tu obra”.

La artista agradeció el homenaje. “Gracias. Es un honor para mí que estén acá”. Rosales recordó que llegó al distrito Belgrano hace 50 años. “Mis niños eran chicos; no había rejas, tampoco llaves, simplemente se anunciaba, ‘soy fulano tal’ y entrábamos a las casas. Mis hijos han compartido momentos maravillosos. El tiempo fue pasando y mi casa siempre estuvo llena de chicos que ahora también son papás y muchos también son abuelos”.

Rosales manifestó que “no me considero ni artista, ni maestra, soy una persona apasionada por pintar, soy una trabajadora de la cultura y el tiempo dirá si realmente mi trabajo es importante o no, pero mientras tanto lo disfruto”.

Sara Rosales agradeció el homenaje y dejo fluir los recuerdos vividos durante 50 años en su casa del distrito Belgrano.

“Quiero agradecer especialmente la contención enorme de mi familia, de mis hijos. Cuando eran muy chiquitos ellos me preguntaban por qué pintaba tanto, porque otras mamás a lo mejor tejían. Con el tiempo fueron mis grandes compinches y ahora se va sumando este chiquitito, mi bisnieto”, dijo la artista.

El acto constó del descubrimiento de la placa que incluye un código QR para escanear con celulares y que abre un video sobre la artista guaymallina, que incluye palabras, anécdotas y un pantallazo por su obra.

Al cierre del acto, hubo dos cuadros de baile, a cargo de miembros del ballet Raíz del Alma. Incluso bailó el nieto de Sara Rosales, Pablo Fernández, junto al bisnieto de la artista.

Artista multifacética

Sara Rosales nació en Mendoza, el 23 de mayo de 1939. Se formó artísticamente en la Academia Provincial de Bellas Artes, donde obtuvo el título de profesora de dibujo y pintura. Vive en Guaymallén desde 1970 y es una referente de las artes visuales en la provincia, el país y el mundo.

En sus obras se reconoce su gusto por la anatomía humana, especialmente manos y rostros. Mujeres, pájaros e instrumentos musicales pueblan muchas de sus telas. El óleo como materia prima la acompañó desde el inicio, pero a medida que pasó el tiempo fue alejándose de los preceptos académicos y le dio lugar a técnicas mixtas: collage, cera, tintas y –particularmente- dorado y plateado a la hoja.

A lo largo de su trayectoria se ha nutrido intelectualmente de grandes referentes de la cultura mendocina como Américo Calí, Luis Ricardo Casnati, Fernando Lorenzo, Ana Villalba, Edgardo Robert, Marcelo Santángelo, Armando Tejada Gómez, Carlos Alonso, Juan Draghi Lucero, Hernán Abal, Sergio Sergi y Roberto Azzoni.

Sara ha sabido aplicar su talento y conocimiento en diversas tareas y emprendimientos, haciendo un gran aporte a la cultura provincial. También ha sido reconocida y cosechado innumerables logros en el plano internacional.

Participó de exposiciones de arte en Cuba, Brasil, Chile, Estados Unidos y Uruguay. Sus obras se encuentran en colecciones privadas, museos y embajadas de Argentina, Israel, España, Venezuela, Italia, Estados Unidos, Chile, Grecia y Cuba (UNEAC y Casa de las Américas, de La Habana).

Es, sin dudas, una artista incansable que con su talento y capacidad conquistó el mundo del arte y se convirtió en orgullo para el departamento de Guaymallén.

Julieta Kishimoto – La salida es después.

Fuente: @galeriadeartepalermoh by Por Matías Mansilla – Tuvimos la oportunidad de conversar con Julieta Kishimoto en las instalaciones de la Galería Palermo H, en pleno centro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La artista, llegada hace relativamente poco a la Argentina, comienza a exponer sus trabajos en el país después de más de veintiocho años viviendo en Japón. Su estilo, atravesado por el cruce de culturas, la empatía y la resiliencia frente a la adversidad, es un claro ejemplo de un elemento biográfico que delimita una visión particular del mundo.

En esta ocasión, nos cuenta sobre el panorama cultural en Japón y cómo es que llegó a formar la perspectiva que la hace una de las artistas emergentes más interesantes de la escena en Buenos Aires.

Descendiente de japoneses, Julieta Kishimoto nació en Argentina y vivió sus primeros once años en el país. Durante este tiempo, desarrolló un fuerte vínculo con el arte gracias al apoyo de su familia. En especial de su madre, Irene, y de su tía, Ana María, que solía llevarla a exposiciones de arte. Julieta recuerda una de esas exposiciones como un momento clave:

“…esa vez, era un día de lluvia. Yo no quería salir, pero mi tía insistía. Al final me terminó llevando a una exposición de Picasso. Como dije, al principio no quería, pero de repente vi al Guernica y quedé maravillada. Fue en ese momento que pensé: quiero ser artista. Tendría alrededor de ocho años…”

Julieta Kishimoto junto a Matias Mansilla en Galería Palermo H. La obra en exposición en la foto actual corresponde a Hugo Dinzelbacher (izq.) y Miguel Angel Ferreira (der.).

A partir de ahí, cuenta, nunca más se despegó del arte, en particular, de la pintura.

Llegaron sus once años. El padre consiguió empleo en Japón. Al poco tiempo, la familia entera se había instalado en un pueblo de la provincia de Shizuka. Pero ese lugar casi no tenía extranjeros, por lo que el choque cultural era abrupto, total. 

El contraste de culturas fue el gran drama de una joven decidida a volverse artista. La imposibilidad de relacionarse fluidamente con el resto de los habitantes del pueblo, la sumió en un periodo de profundo bloqueo y tristeza.

Cumplidos los quince años, Julieta tomó la decisión de entrar a la escuela artística. Pero el golpe fue inmediato:

“…me dijeron que por la cantidad de faltas que había tenido en la escuela hasta ese momento, no podía entrar. Lo único que quedaba era la escuela comercial: contaduría, informática, todas esas cosas. Tuve que ir. En esta escuela íbamos todos los que no habíamos encajado. Era una escuela mal vista, pero por lo menos nos daban el título para después poder salir a trabajar. Ahí, me encontré con personas con problemas de conducta, motoristas de pandillas… ese era mi tipo de compañeros. Creo que lo bueno fue eso: yo era extrajera, el otro era otaku, el otro era motorista… ¡eramos todos raros!”

En el contacto con otras personas de trasfondos tan disímiles, Julieta ganó perspectiva sobre la complejidad de la sociedad que la rodeaba. Una perspectiva que tomó forma definitiva con el intento de ingresar a la universidad de arte. En este punto, ella recuerda su examen de ingreso, se toma un segundo y luego reproduce las palabras de su evaluador: “tus colores son muy llamativos, poco japoneses”.

El veredicto era tajante, pero frente a él vuelve a aparecer uno de los profesores de la escuela comercial: “¿por qué tanto lío? Andá al extranjero, vos sos extranjera. Tenés una buena base en español, reforzá eso”.

Recuerda la artista, sonriendo y reflexionando sobre la importancia de esas palabras:

“me lo dijo entendiéndome.”

Poco tiempo después, Julieta logró viajar a España para estudiar dibujo y alfarería. Volvería a Japón cuatro años más tarde y tendría finalmente sus primeras exposiciones, con la ayuda de sus hijos, Emi y Ryuichi.

Recientemente regresó a Argentina y su primera exposición en el país fue realizada en la Galería Palermo H.

Hoy, la historia de Julieta Kishimoto está marcada por el contraste cultural:

“Argentina es multicultural, muy abierta. Es normal ver tanta variedad. Allá en Japón es al revés. Darme cuenta de eso, me ayudó, aunque tardé años. (…) Cuando no tenés fronteras, aprendes a negociar, incluso te podés escapar. Eso te salva, al menos mentalmente. En cambio, otras culturas como la japonesa son tan herméticas que no podés irte, ahí empezás a entender a la gente. Yo siento que descubrir el hermetismo, la no-escapatoria, me relajó mucho. Por supuesto que en un principio sufrí la presión, de hecho, me quedé en ese sufrimiento por muchos años. Pero después fui entendiendo. Creo que se trata de eso, de entender. Nunca de señalar.”

Entender que el hermetismo cultural del Japón de aquel momento no era una cuestión de restricción malvada sino de un arraigo estrecho a las tradiciones del país, hizo que Julieta desarrolle un sentimiento de empatía que practica con las personas que se encuentra en su trabajo como traductora. Un nexo entre pueblos, costumbres, lenguajes y culturas, tal como lo habría sido con sus padres en sus primeros años viviendo en la provincia de Shizuka. 

De esta forma, la artista aprendió a situarse entre ambas culturas, la argentina y la japonesa, aceptando las herencias que forman su identidad e impactan en sus obras. Actualmente, sigue sosteniendo que sin importar lo fuerte que golpeen los cambios, la salida viene después y viene de la mano del arte.

“El arte siempre me salvó. Y me sigue salvando.”

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Una escena mitológica, un pedido oficial y tres desnudos: la historia de una escultora elogiada y censurada

Fuente: La Nación – Con sus misivas, a principios del siglo pasado la artista replicó las críticas a sus esculturas y a los rumores de amores prohibidos.

Un encargo oficial, una escena mitológica y tres desnudos fueron suficientes para que la carrera completa de la escultora Lola Mora (1867-1936) fuera puesta en tela de juicio. A pesar de su extensa trayectoria, que incluía trabajos en nuestro país y en Europa, la artista fue atacada de forma despiadada por los sectores más conservadores de la sociedad argentina de principios del siglo XX.

¿El motivo? Dolores Candelaria Mora Vega, conocida posteriormente como Lola Mora, realizó junto a sus colaboradores una obra que fue tildada de “indecorosa”. Se trata de la Fuente Monumental Las Nereidas, cuyo emplazamiento original era la Plaza de Mayo, frente a la Catedral Metropolitana de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Este conjunto escultórico realizado en mármol de Carrara representa el nacimiento de la diosa Venus, que es asistida y sostenida por dos criaturas mitológicas, las Nereidas, quienes dan nombre a la obra. “Estas ninfas del océano, hijas del dios del mar, Nereo, representan en la mitología griega, además de belleza y seducción, cierta compasión por los navegantes y la humanidad. Completan la fuente tres tritones montados en sus caballos, que emergen del agua”, detallan desde el Ministerio de Cultura de la Nación.

Nacida en la provincia de Tucumán en 1867, Lola Mora era una mujer que siempre se atrevía a dar un paso más y sabía aprovechar las oportunidades que se le presentaban. Comenzó a tomar clases de pintura y dibujo en su provincia, en 1887, con el artista italiano Santiago Falcucci. Su formación, sumada a su habilidad y desenfado a la hora de presentarse, le abrió una posibilidad poco común para las mujeres artistas de su época: fue contratada para retratar a distintas personalidades de la aristocracia tucumana.

La artista Lola Mora mostrando sus hombros; era considerada una transgresión a principios de siglo XX
La artista Lola Mora mostrando sus hombros; era considerada una transgresión a principios de siglo XX

Gracias a esos contactos, Lola Mora comenzó a hacerse un nombre más allá de las fronteras de la provincia y a recibir un sinnúmero de encargos. En 1894 realizó su primera muestra, en la que exhibió varios de los retratos que había pintado hasta el momento. Aprovechando la atención que había recibido por parte del público y la prensa, solicitó una beca para continuar sus estudios en Roma, cuna del arte clásico.

Poco después, cuando la beca le fue otorgada, emprendió viaje al Viejo Continente. Logró que el pintor Francesco Paolo Michetti, quien no aceptaba mujeres en su taller, la tomara como discípula y, gracias a él, conoció al escultor Giulio Monteverde, su gran maestro. El artista era considerado en su momento como “el nuevo Miguel Ángel”, y fue él quien la convenció de que tenía grandes aptitudes para dedicarse a la escultura. En ese taller, Lola Mora cambió para siempre el pincel por el cincel y el martillo.

Mientras su talento y la carrera crecían, también aumentaban, a pasos agigantados, los rumores y prejuicios sobre su vida personal. La artista fue criticada por la ropa que usaba para trabajar (bombacha de campo y camisa) y por ser aceptada en mesas en las que solo se podían sentar hombres. Sus decisiones amorosas eran parte de las habladurías, por ejemplo, la de casarse con Luis Hernández Otero, un hombre 17 años menor que ella. Además, las malas lenguas aseguraban que la escultora habría sido amante del ex presidente Julio Argentino Roca, su principal benefactor.

Los estudios de Lola Mora sobre arte antiguo y neoclásico la llevaron a profundizar en la anatomía del cuerpo humano, conocimientos que acabó por plasmar en la fuente de las Nereidas. “En un principio, la fuente tenía como destino la Plaza de Mayo. El emplazamiento propuesto suscitó un acalorado debate, especialmente por la sensualidad de los desnudos que, por aquel entonces, era motivo de discusión moral. Descartada la ubicación en la plaza porteña, se propusieron el Parque Patricios y el Parque Colón. Este segundo lugar finalmente resultó elegido”, explica el investigador Nicolás Gutiérrez en Legado, la revista del Archivo General de la Nación.

La artista trabajando en su taller de Roma, en 1905
La artista trabajando en su taller de Roma, en 1905AGN

Las crónicas de la época destacan la poca presencia femenina en la fiesta inaugural de la obra, que se realizó el 21 de mayo de 1903, y el ojo crítico con el que muchos miraban los desnudos de las estatuas. El malestar por la presencia de estas figuras fue en aumento y, según señala Gutiérrez: “Los sectores más tradicionales de la sociedad comenzaron a protestar por la sensualidad de los desnudos de la fuente. Las despedidas de soltero solían finalizar con un chapuzón entre tritones y caballos encabritados y las madres preferían que sus hijos miraran hacia otro lado al pasar por el lugar”.

“Por tales motivos –agrega–, quince años después de la inauguración, la Municipalidad de Buenos Aires decretó su traslado. Esto condenaría al ostracismo a la majestuosa creación de la tucumana”. Actualmente, la fuente está ubicada en Costanera Sur (Av. Dr. Tristán Achával Rodríguez 1401) y, desde 1997, es considerada Bien de Interés Histórico Artístico Nacional.

Al enterarse del cambio de locación de su obra, Lola Mora escribió una carta pública en la que expresó su decepción por lo sucedido: “No pretendo descender al terreno de la polémica. Tampoco intento entrar en discusión con ese enemigo invisible y poderoso que es la maledicencia, pero lamento profundamente el espíritu de cierta gente, que la impureza y el sensualismo hayan primado sobre el placer estético de contemplar un desnudo humano, la más maravillosa arquitectura que haya podido crear Dios”.

Continuando con su descargo, la artista añadió: “Cada uno ve en una obra de arte lo que de antemano está en su espíritu. El ángel o el demonio están siempre combatiendo en la mirada del hombre. Yo no he cruzado el océano con el objeto de ofender el pudor de mi pueblo. Lamento profundamente lo que está ocurriendo, pero no advierto en estas expresiones de repudio llamémoslo de alguna manera la voz pura y noble de este pueblo y esa es la que me interesaría oír. De él espero el postrer fallo”.

La famosa fuente de la artista, realizada en mármol de Carrara, representa el nacimiento de la diosa Venus, que es asistida y sostenida por dos criaturas mitológicas, las Nereidas (postal de 1906)
La famosa fuente de la artista, realizada en mármol de Carrara, representa el nacimiento de la diosa Venus, que es asistida y sostenida por dos criaturas mitológicas, las Nereidas (postal de 1906)

Mientras la escultora libraba esta batalla, también comenzó a ser criticada por un grupo de mujeres anarquistas. Ellas no hacían referencia a los desnudos de la fuente, sino que cuestionaban el vínculo que Lola Mora había entablado con ciertos políticos a los que ellas consideraban “conservadores”, como Bartolomé Mitre y Julio Argentino Roca, y con ciertos personajes de la realeza italiana, como Elena de Montenegro y Margarita de Saboya.

A través de un comunicado en el diario La Protesta, ellas habían escrito de forma lapidaria: “Para nosotras, Lola Mora ha muerto. Para los que vieron en ella, cuando desafió con su magnífica fuente, hipócritas rubores de la burguesía bonaerense, una rebelada contra los convencionalismos, Lola Mora también ha muerto”.

Desilusionadas con la escultora, estas mujeres añadieron: “No podemos llorarla, la náusea hace esconder las lágrimas. Es una seducida. El destello de las monedas la arrastrará a un falso culto. (…) Y ha muerto porque ha querido hacer vida de opulencias, de falsos brillos (…) ¡Lola Mora ha muerto! Pobre artista”.

Si bien las críticas fueron moneda corriente en la vida de la escultora, ella también mantuvo lazos de amistad con algunas mujeres que no dudaron en ayudarla en algunos de sus momentos más difíciles. Una de ellas fue la educadora Catalina Jiménez de Ayala, quien se ofreció a prestarle dinero para que pudiera acabar la escultura de Juan Bautista Alberdi, otra de sus obras más importantes.

En 1900, el gobernador de Tucumán Próspero Mena designó una comisión que se encargaría de contactar a la artista, que en ese momento se encontraba en Roma, para invitarla a realizar esta obra. Lola Mora aceptó el encargo y en 1904, cuando ya llevaba cuatro años de trabajo, los pagos por parte de la gobernación comenzaron a espaciarse y luego a retacear. Molesta y preocupada con lo que sucedía, decidió contactarse con el diario El Orden, donde publicaron algunos artículos en los que describían lo que pasaba y destacaban el prestigio que la artista había obtenido durante sus últimos años en Europa.

El retrato de una adelantada a su época
El retrato de una adelantada a su época

Con ánimos de ayudar a destrabar esta injusta situación hizo su aparición Jiménez de Ayala que, además de ser amiga de la escultora, fue una pieza clave de la escena cultural tucumana de la época. A través de una carta difundida también en el diario El Orden, ofreció prestarle dinero de su propio bolsillo a la artista para que terminara la obra. Sin rodeos, la educadora propuso de forma pública: “Querida Lola Mora, me dicen que te encuentras con dificultades para que te paguen el importe de las obras de arte que dejas terminadas en esta ciudad”.

“De mis pequeños ahorros tengo el gusto de ofrecerte la suma de un mil pesos, que están a tu disposición hasta que puedas conseguir el pago de tu trabajo o hasta que tú quieras. Con cariño, te saluda tu amiga Catalina Jiménez de Ayala”. Dicha carta hizo que otros diarios de la época, como El Diario de Buenos Aires y La Provincia, también salieran a denunciar la situación.

¿Quién fue esta mujer que tuvo la audacia de desafiar al gobierno de turno? Jiménez de Ayala era directora de la Escuela Normal de Maestras de Tucumán, un cargo que ocupó durante más de treinta años. También se destacó por ser la profesora más joven del establecimiento al frente de la clase de Pedagogía e Instrucción Moral y Cívica desde su creación, en 1888. Con las ideas claras, la educadora se convirtió en la única representante de su provincia en participar del Primer Congreso Femenino Internacional de la República Argentina, organizado por la Asociación de Universitarias Argentinas en mayo de 1910, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

A pesar de las buenas intenciones de su amiga y, tal vez con miedo a sufrir algún tipo de represalia, Lola Mora decidió escribir otra carta pública en la que aclaró que su relación con el gobierno tucumano se encontraba en buenos términos. De todas maneras, convencida del valor artístico y de mercado de sus obras, la escultora aprovechó para defender el cachet que esperaba cobrar y aclaró que se trataba de un precio justo.

"Fuente de las Nereidas", de Lola Mora (Costanera Sur)
«Fuente de las Nereidas», de Lola Mora (Costanera Sur)

“No podría nadie concebir, por ignorante que fuere, que un monumento como el del Sr. Alberdi pueda costar sólo 30 mil pesos. Si no se considera el desprendimiento personal y artístico del autor, cuando tenemos ejemplos tan cerca, como ser la pequeña estatua de la tumba del Sr. Ignacio Colombres, hecha por un artista argentino también y que apenas empezaba, sin ser conocido, que costó 12 mil pesos (…) El monumento del Sr. Hileret cuesta 48 mil pesos, los calcos de bronce de la estatua de San Martín sin ningún mérito artístico ni técnico cuestan a la provincia de Santa Fe 42 mil pesos sin contar los fabulosos precios que han pagado en Buenos Aires por las estatuas de Sarmiento, Belgrano, etc. etc. (…) No me quejo del gobierno ni de nadie porque conozco mi situación. Tengo la más alta satisfacción de haber contribuido a los progresos de mi país como he podido. Es decir, con el trabajo de dos años y medio (en la escultura de Alberdi)”.

La vida de Lola Mora fue diferente a la del promedio de las mujeres de su época. El día en que murió, el 7 de junio de 1936, la prensa se inundó de mensajes para despedirla. Uno de ellos rezaba: “El decidirse por el arte ya había significado una proeza (…) Mujer y escultora parecían términos excluyentes. (Finalmente), los prejuicios cedieron, sobrepujados por la evidencia de su obra”.

Arriesgada, libre, valiente y creativa, la escultora logró hacerse su lugar en una disciplina dominada mayormente por hombres y se convirtió en una de las artistas más renombradas del país. De hecho, cada 17 de noviembre se celebra en la Argentina el Día del Escultor y las Artes Plásticas en conmemoración de su nacimiento.

Qué hará en la Argentina Craig Robins, el coleccionista que impulsó South Beach y el Design District en Miami

Fuente: La Nación – El desarrollador inmobiliario viajará a mediados de julio para inaugurar en el Malba la primera exposición panorámica en Sudamérica del artista conceptual John Baldessari.

“Me encanta trabajar acá”, dice en perfecto castellano desde Miami Craig Robins, desarrollador inmobiliario y coleccionista estadounidense que parece convertir en oro todo lo que toca. Su especialidad es la creación de “comunidades creativas”, que integran el arte, el diseño y la arquitectura para “enriquecer la vida urbana”.

South Beach no era más que un tranquilo barrio de jubilados hasta fines de la década de 1980, cuando su empresa Dacra comenzó a recuperar los históricos edificios art déco y convirtió el sur de la isla en un destino turístico codiciado a nivel global. En los 2000, Robins redobló la apuesta y transformó una zona abandonada en lo que es hoy el Miami Design District: uno de los centros más importantes de diseño, moda, comida y arte de vanguardia, con monumentales creaciones site-specificen el espacio público y tiendas de marcas de lujo como Chanel y Louis Vuitton. Como si eso fuera poco, en 2005 cofundóDesign Miami, feria que actualmente acompaña a la suiza Art Basel en sus sedes de Miami Beach, Basilea y París.

Robins con una obra de arte público emplazada en el centro del Design District: The Fly's Eye Dome, de Richard Buckminster Fuller
Robins con una obra de arte público emplazada en el centro del Design District: The Fly’s Eye Dome, de Richard Buckminster FullerGentileza Craig Robins Collection

Me encanta Buenos Aires. Estuve por lo menos seis veces, pero nunca hice un proyecto ahí”, agrega el emprendedor de 61 años desde su oficina, donde convive a diario con obras de arte y piezas de diseño de grandes referentes como Joseph Beuys, Saha Hadid y John Baldessari. De este último, uno de los pioneros del arte conceptual que se convirtió en su amigo, tiene medio centenar de obras en una colección que supera el millar. Y que incluye además piezas de Guillermo Kuitca, Jorge Macchi y del cosmopolita Rirkrit Tiravanija, también nacido en la capital argentina.

Hasta aquí vendrá una vez más Robins a mediados de julio, para asistir a la inauguración en Malba de John Baldessari-El fin de la línea. La primera exposición panorámica de este artista en Sudamérica reunirá 45 obras -pinturas, fotografías e instalaciones- de su colección, seleccionadas por Karen Grimson.

El mural de Kuitca, en el fondo de una fuente en Aqua
El mural de Kuitca, en el fondo de una fuente en AquaGetty Images

-¿Prestaste obras de Kuitca para la muestra que hizo el Malba en 2003?

-Creo que sí. Es un artista que me gusta mucho y comencé a coleccionar hace años. También hizo una obra pública en uno de nuestros proyectos, una comunidad residencial que se llama Aqua.

-A Baldessari también le encargaste murales, ¿no?

-Hizo dos murales en el Design District, que son increíbles.

Uno de los murales creados por John Baldessari para el Design District
Uno de los murales creados por John Baldessari para el Design DistrictGentileza Craig Robbins Collection

-¿Qué importancia creés que tiene el arte público?

Me gusta mucho el arte público. Creo que es otra forma de expresarse. Lo más interesante es cuando es site-specific, diseñado para el proyecto. Por ejemplo, la obra que hizo John [Baldessari] es la fachada de un edificio. La ven todos los que pasan por la autopista, y es algo permanente. Este es el tipo de arte público que me gusta, más que comprar una escultura y ponerla en la plaza. También eso puede ser interesante, pero es más clásico.

-Transformaste dos barrios importantes en Miami. ¿Cuál fue el rol del arte en ese proceso?

-Siempre he creído que para hacer un barrio es muy importante el aspecto creativo. Primero, en lo físico: el arte, la arquitectura, el diseño, el diseño urbano. Y también en el contenido: tener museos, compañías creativas que aportan al ambiente. Esta ha sido, desde el principio, nuestra fórmula. Hemos intentado dar una sensación muy personal, muy única, para que la gente pueda conectarse de una manera más profunda con el barrio. Lo que hace el mundo creativo, ya sea en arquitectura, diseño o arte, es inventar. Hace algo nuevo. Si estás copiando, ya no es interesante.

Las oficinas de Dacra funcionan también como espacio de exhibición de la colección
Las oficinas de Dacra funcionan también como espacio de exhibición de la colecciónGentileza Craig Robins Collection

-¿Qué pensás sobre los modelos de Alan Faena o Jorge Pérez, que son argentinos y también incidieron en el desarrollo de Miami?

-Creo que Alan y Jorge hacen cosas a su manera, con una idea parecida. Hay una conexión entre lo que hago y lo que ellos hacen. En el caso de Alan es mucho más con hoteles, y Jorge hace más edificios que barrios, en su mayoría. Los dos son personas que respeto mucho y que hacen proyectos muy interesantes.

-En una oportunidad dijiste que lo que hizo Eduardo Costantini al fundar el Malba te resultaba muy inspirador. ¿Seguís pensando en tener tu propio museo?

-Siempre he pensado que es más interesante integrar el arte en los ambientes en los que estoy. El Design District es como un museo abierto. Nuestros espacios son diseñados para exponer arte y trabajar. Es un 50 y un 50 por ciento, no es un despacho con cuadros colgados.

En las oficinas de Robins, los espacios de trabajo están integrados con el arte y el diseño
En las oficinas de Robins, los espacios de trabajo están integrados con el arte y el diseñoGentileza Craig Robins Collection

-Y tampoco solo en el lobby, sino que está todo más integrado…

Si andás por nuestra compañía, parece que estás casi en una galería. El diseño es de Terence Riley, que fue el curador en jefe de arquitectura y diseño del MoMA. Le dije: “Terry, lo que quiero es un espacio para exponer mi colección y un espacio para trabajar”. Y creo que llegó a una solución increíble. Me encanta trabajar acá. Ya sea que te guste el arte o no, te entra en la cabeza. Si sabés o no, si estás enfocado o no, creo que da un ambiente increíble. Utilizo la misma idea con los barrios en los que trabajo.

"Si andás por nuestra compañía, parece que estás casi en una galería", dice Robins
«Si andás por nuestra compañía, parece que estás casi en una galería», dice RobinsGentileza Craig Robins Collection

-Además de obras de Kuitca, de Macchi y Tiravanija, ¿tenés de algún otro argentino?

-Sí, pero no me acuerdo de quién. Coleccioné más cubanos al principio, porque soy de Miami, y de México. Me enfoco en ciertos sitios y e intento continuar coleccionando obras de ese artista. Siempre estoy buscando alguien que sea joven o no tan conocido, de quien pueda seguir coleccionando. El mejor ejemplo es John Baldessari, porque compré la obra importante de toda su vida. Desde los 60 hasta que se murió, como 50 años de su trabajo.

-¿Tenés unas cincuenta obras suyas?

-Decimos que tengo 49, pero hay una que no contamos. Es un cuento divertido: hace diez años fuimos con John a Venice, en Los Ángeles, a almorzar con Robert Downey Jr. De repente John dice: “Me gusta este sombrero”. Robert contó que era un sombrero hecho a medida por un diseñador increíble, y se lo regaló. Al día siguiente John nos mandó una obra, como regalo, y es ésta [muestra una fotografía del sombrero, con una flor que sale de adentro].

"Clement Greenberg", una de las tres primeras obras de Baldessari compradas por Robins, se exhibirá en el Malba
«Clement Greenberg», una de las tres primeras obras de Baldessari compradas por Robins, se exhibirá en el MalbaGentileza Craig Robins Collection

-¿Cómo conociste a Baldessari?

-Yo era muy joven. Coleccionaba artistas jóvenes, muchos de Los Ángeles, en los años 90. Y me di cuenta de que todos estudiaban con John. Nos conocimos a través de Bonnie Clearwater, una amiga, y ese año le compré tres obras: el Clement Greenberg, el cuadro de palabras de los años sesenta, y dos obras de fotografía conceptual de los años 70. Era lo que más había gastado hasta ahora en el arte. Estaba coleccionando, pero era otro nivel.

-¿Cuánto invertiste?

-Eran como 100.000 o 150.000 dólares por las tres obras. Visto desde ahora era muy barato, porque estaba comprando literalmente el arte del maestro, del profesor de los artistas. Después de coleccionar a John por muchos años, me di cuenta de que era necesario tener un Duchamp. Así que compré 3 Standard Stoppages. Tengo una carta de Matisse en la cual dice que Duchamp pensaba que era la obra más importante de su carrera.

"3 paradas estándar", de Marcel Duchamp, junto a Vidas paralelas, de Jorge Macchi
«3 paradas estándar», de Marcel Duchamp, junto a Vidas paralelas, de Jorge Macchibrooke davanzo

-Eso te debe hacer salido más caro, ¿no?

-Sí, todavía más caro. Pero es la conexión: tener Duchamp y Baldessari. Es mucho más importante. Y alrededor de todos estos artistas de California, como Mike Kelly o David Hammons. Es un camino en el cual una obra te lleva a la otra.

-¿Por qué creés que Baldessari influyó tanto sobre los jóvenes?

-Primero, era muy abierto. Él es uno de los más importantes que continuaba con la idea de arte conceptual. Pero iba inventando cosas completamente distintas. Maneras de aplicar la idea, el concepto de que el arte puede ser una idea. Por ejemplo, en los 60, al emplear a alguien para escribir palabras en una tela, y decir: “Esto también es un cuadro”. O la manera en que aplicaba fotografía: John fue uno de los primeros que decidió utilizar fotografía no para imitar a la naturaleza, sino para dibujar. Entonces tiraba unas pelotas para hacer una línea, y la foto capturaba las pelotas. Era genial porque estaba definiendo cómo el arte conceptual puede integrar fotografía o pintura de nuevas maneras. Era muy curioso, y siempre hay humor en sus obras. El artista más importante para mí, el que me inspiró a tener interés en el arte, fue Francisco de Goya. Y a Baldessari lo había influido mucho Goya. Tocaba muchas cosas que otros artistas habían hecho.

Grabados de Goya, el artista que inspiró a Robins a interesarse por el arte
Grabados de Goya, el artista que inspiró a Robins a interesarse por el artebrooke davanzo

-El quemó sus obras en los 70 y empezó de nuevo. Marta Minujín lo había hecho en el 63… ¿Sabés si hay algún vínculo entre ambas acciones?

-Hubo un Proyecto Cremación. John comenzaba a hacer cuadros más influido por el arte contemporáneo en aquel momento. Y decidió, cuando ya comenzaba a hacer los Word Paintings, que todo lo anterior no tenía importancia. Entonces quemó esas obras, y eso fue otra obra. Puede ser que haya tomado la idea de otro artista de quemar sus cuadros, pero fue con su perspectiva, completamente distinta. Su perspectiva de lo que es pintura, de lo que es fotografía… Todo era conceptual, era una idea.

-En el libro Siete días en el mundo del arte, Sarah Thornton dice que lo llamaban “Papá Noel Pie Grande”. ¿Es así?

-(Ríe) Esto también es divertido. John era muy, muy alto. Entonces, cuando iba a fiestas con sus amigos, en las que había mucha gente, para organizarse y no perderse decían: “A las 10 nos encontramos en Baldessari”.

Baldessari era tan alto que, en las fiestas, sus amigos acordaban volver a reunirse donde estuviera él
Baldessari era tan alto que, en las fiestas, sus amigos acordaban volver a reunirse donde estuviera élGentileza Craig Robbins Collection

-¿Tenés pensado hacer algún desarrollo urbano en la Argentina?

-Nunca he hecho un proyecto ahí. A veces he ido con otra gente a mirar posibilidades, pero yo hago muy pocas cosas. La mayoría de mis contemporáneos en Real Estate hacen muchos proyectos; yo hago muy pocos. Prefiero hacer un barrio bien hecho, que muchos edificios.

-¿Qué consejo le dirías a alguien que empieza a coleccionar?

Coleccionar es un proceso y toma tiempo, porque tenés que educarte. Y no podés educarte solamente por escuchar a una persona o mirar a un artista. Es el tiempo y la experiencia lo que te va mejorando, porque vas a conocer lo que te gusta. Yo escucho a otras personas, pero me enfoco en lo que me interesa. Y es algo que no puedo explicar. Si veo algo y tengo una conexión, mirándolo, entonces me inspira comprarlo. Con los años, seguir mirando me ha dado más experiencia, y creo que me estoy mejorando a mí mismo en este proceso. Por mirar.

Para agendar:

John Baldessari-El fin de la línea en Malba, del 17 de julio al 30 de octubre. Exposición organizada en colaboración con la Colección Craig Robins y curada por Karen Grimson.