La artista Nora Iniesta y un libro de collages donde documentó «la cuarentena eterna»

Fuente: Copyright Clarín by Gisela Daus ~ «Cuarentena: la fragmentación de la imagen» tiene 85 obras creadas en ese tiempo y un prólogo del escritor Guillermo Saavedra.

El famoso “es lo que hay” o cómo hacer con lo que se tiene en un contexto desesperante, ciertas limitaciones que retan nuestra capacidad de adaptación así sea obligadamente –como pasó en la época de la cuarentena más larga del mundo–, otras rutinas inciertas, esa experiencia íntima con sus vivencias, y más aún: abordarlo pero reconvirtiendo todo eso en obras de arte, así lo hizo la consagrada artista plástica Nora Iniesta en su reciente libro Cuarentena: la fragmentación de la imagen (de edición independiente, gracias al apoyo del programa porteño de Mecenazgo).

Más que un libro, de y con arte, es una obra en sí misma pero con otro formato: un volumen artístico impreso en alta calidad. “Cada obra siempre es un desafío”, anticipa.

“Todos mis libros tienen un propósito determinado e idea que se concreta, eso es la posibilidad de hacer, al crearlo en cuarentena documenta esa etapa desconocida, comunitaria e inédita ocurrida en el mundo. Me puse a trabajar en casa, sin poder salir, armé mi estudio, taller o lugar de trabajo en la mesa del comedor. Durante la pandemia cada obra fue un desafío mayor. Las lecciones del libro son ese registro histórico y mostrar que se puede hacer desde lo que hay: lo ideal siempre es ideal, lo real es otra cosa”, describe la artista plástica."Cuarentena: la fragmentación de la imagen", el libro de Nora Iniesta se consigue en el Museo de Bellas Aires y el Malba a $3.800. Gentileza «Cuarentena: la fragmentación de la imagen», el libro de Nora Iniesta se consigue en el Museo de Bellas Aires y el Malba a $3.800. Gentileza

Sin embargo, su conclusión no es tan optimista: “Lamentablemente –tras la pandemia– seguimos iguales”.

Ahora, cuando el mundillo artístico se vuelve (mala) noticia al protagonizar casi a diario una nueva tendencia en alza: víctima de vandalizaciones de obras maestras e íconos del arte como protesta.

Siendo ella artista, ¿cuál es su mirada? “Hubo problemas, porque todos tienen vidrio pero lo tienen que retirar, limpiar: es intervenirla. Da tristeza ver que se recurre a eso, no todos los medios son válidos para un fin; entiendo que es el arte, es un museo, una cosa histórica y son acciones que buscan la atención por algo muy tremendo que sucede pero disiento absolutamente con esos modos”, agrega.“Lamentablemente –tras la pandemia– seguimos iguales”, opina Nora Iniesta. Foto JM Foglia “Lamentablemente –tras la pandemia– seguimos iguales”, opina Nora Iniesta. Foto JM Foglia

Iniesta charló de todos estos temas y más con Clarín Cultura en su estudio porteño de San Telmo, el marco son piezas y objetos variados: esculturas diversas en formas, tamaños, colores; materiales nuevos y una notable pared repleta con diplomas de galardones y honores obtenidos durante su trayectoria, prueban su talento.

“Nunca imaginé que a esta altura tendría 13 libros editados y cuando me preguntan si soy escritora les digo: soy artista plástica y es un libro de imágenes”, señala.

La publicación de Iniesta tiene 85 collages creados en ese tiempo quieto, algunos disponibles; otros, vendidos y todos reflejan la belleza como patrón junto a su sensibilidad creativa, con un prólogo del escritor Guillermo Saavedra en castellano e inglés. Tras presentarlo en el Museo Nacional de Bellas Artes, está disponible en su tienda y también en la del Malba.“Nunca imaginé que a esta altura tendría 13 libros editados y cuando me preguntan si soy escritora les digo: soy artista plástica y es un libro de imágenes”, se sorprende Nora Iniesta. Gentileza “Nunca imaginé que a esta altura tendría 13 libros editados y cuando me preguntan si soy escritora les digo: soy artista plástica y es un libro de imágenes”, se sorprende Nora Iniesta. Gentileza

Según Iniesta, la inspiración le llega haciendo, no al revés y sin dudas su cuarentena resultó fructífera: en ese tiempo –dice– creó más de 350 obras, la serie del volumen y otras dos más.

«Al terminar esta hice una segunda que no está en el libro. En algún momento uno se va despidiendo…, es como hacer un libro: tiene principio y fin». Además, anuncia que sus collages de la publicación más otros 50 se exhibirán a principios de abril en La Compañía, que lleva adelante el arquitecto Carlos Galli.

¿Cómo fue el proceso de volverlo libro? «Trabajo con un diseñador y fotógrafo: es como una maqueta que se va armando. Tenía el material, en la pandemia hice fotografiar parte de las obras y apenas pude lo concreté ágilmente: armarlo, producirlo y publicarlo. Es una síntesis: como una sala con paredes».

También destaca lo valioso de hacerlo en equipo (aunque sea uno pequeño) ya que refiere, si bien no es una muestra está la doble exigencia de una elección.Nora Iniesta: "Quiero seguir aprendiendo y siendo mejor cada día de mi vida: mejor persona, artista, vecina, amiga". Foto JMFoglia. Nora Iniesta: «Quiero seguir aprendiendo y siendo mejor cada día de mi vida: mejor persona, artista, vecina, amiga». Foto JMFoglia.

“Es importante compartirla, el peor error es querer hacer todo solo… Creo en la mirada objetiva, sabia, del afuera y de alguien que conoce mi obra –hago mis libros hace años con Albano García–; facilita la posibilidad de ganar tiempo y calidad de entendimiento: para mí, eso es un libro”.

Un proceso de cierto descubrimiento, explica. Gracias a una vecina encuadernadora, que le aportó las primeras hojas y fueron el soporte inicial para sus creaciones. Además, de su estudio rescató un popurrí: “Cajas, bolsas, cosas que mi madre guardaba con moños de paquetes; estampitas de los bautismos de mis hermanos y el mío; algunos libros –por más que son algo sagrado, dejaron de serlo– ya estaban recortados; imágenes de Ceferino Namuncurá; los ángeles incluidos en las obras son herencia de Eduardo Bergara Leumann; de una librería que cerró recibí tarjetas de fin de año y más cosas sobre paisajes de Argentina; materiales que tenía en casa de Tandil, Mar del Plata, o versiones infantiles -me encantan- de algún diccionario, alfabetos, una suerte de catálogo y abecedarios con distintas caligrafías fueron mi hoja de base: todo me sirvió para componer”.

«De esa conjunción tuve que seleccionar, fue muy satisfactorio y feliz, luego de haber estado con rigor en otra mecánica de trabajo: así cerré la ‘cuarentena’. Me aboqué a eso un año y medio, después en 2021 volví a utilizar objetos, expuse; se iba abriendo el panorama. Lo viví como un túnel: uno entró, estuvo en esa oscuridad y volvió a salir”, relata.Los collages de Nora Iniesta. Gentileza Los collages de Nora Iniesta. Gentileza

–¿A qué remite la fragmentación de esa imagen, del título?

–Cuarentena ahí era una fija pero la fragmentación no es algo buscado, trabajé muy estoicamente sin (nunca hay) un propósito claro, uno puede leer lo que hizo recién a posteriori. Noté que estos collages eran como pequeñas ventanas al mundo, si bien estaban prácticamente cerradas uno tiene esta experiencia; la memoria, más aún al haber usado elementos que venían de familiares o amigos: muchas cosas vividas y recuerdos, de viajes u obras de arte… Hay toda una fragmentación en ellos: la sensación era como de volver a empezar.

Acá se conjugan las guardas escolares –con las cuales suelo crear–, dando distintas posibilidades para que cada uno pueda elegir, es muy lúdico: como abrir en un juego una ventana, cual retablo, y entonces podés ver todo lo que pasa… Tengo enfrente un edificio con unas 20 ventanas: todos nos veíamos a la noche cuando aplaudíamos, desde la mía pude ver fraccionado lo que hacía cada uno.

–¿Cómo repercutió la cuarentena en vos y tu mirada a nivel social?

–Me sostuvo enfocarme y la obsesión hacia mi labor, tuve cierto temor al pensar en cómo volveríamos a la forma de vida que dejamos suspendida. Todo fluye al final, salimos del ‘letargo’ y en lo personal me costó volver a retomar ese ritmo pero sin imponérselo surge naturalmente, tal como dicen “los músculos tienen memoria”: aprendimos mucho y se vuelve al ruedo. Me sirvió tal vez para tamizar, valorar mucho más los tiempos.

Conocimos sobre la peste: hay un antes y un después. Ahora está la guerra (expuse en Ucrania en 2016); además tenemos el cambio climático, otro tipo de problema que azota tremendamente a la humanidad toda y no es aparte, quizá la pandemia no hubiera pasado… Cuidarnos es cuidar al otro, a nuestro pequeño territorio, empezando por uno y eso influye en el resto.La contratapa del libro. La contratapa del libro.

–¿Tu reflexión sobre la vox populi “de esto salimos mejores”?

–Lamentablemente seguimos iguales, el ser humano es empecinado muchas veces en creer que maneja el mundo y manejamos muy poco… El azar o nuestro destino –ya marcado– nos posibilita e imposibilita de cosas, hay cuestiones que uno no puede decidir; lo que imposibilita debería por lo menos pegar un poco en el ego de cada uno y las enseñanzas, son individuales. Quiero seguir aprendiendo y siendo mejor cada día de mi vida: mejor persona, artista, vecina, amiga; debido a las crisis el mundo quedó resquebrajado y estando “algo en ruinas” es más difícil esperanzar a mucha gente que la está pasando mal o fue dañada, eso hace que se defienda como puede. Nadie está ajeno: no es que yo me salvo, nadie se salva solo tampoco.

O bueno, casi nadie, salvo… ¡los políticos!

Iniesta Básico

  • Buenos Aires, 1950. Artista plástica. Artista visual que en su extensa trayectoria aborda la iconografía patria en todas sus variantes, usando medios y materiales cotidianos.
  • Vinculada al diseño gráfico, la objetística, la moda y la comunicación, interviene con sus obras espacios urbanos, comerciales y domésticos. Expuso en muestras individuales y colectivas en el país y el exterior.
  • Participó en Bienales y recibió prestigiosos premios. Egresada de las Escuelas Nacionales Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón, especializada en técnicas de grabado en metal en la Slade School of Fine Art, University College de Londres.
  • Ganadora de la beca George Braque en 1980; vivió en París hasta 1983, cuando retornó la democracia y volvió a la Argentina. Representó al país en numerosas bienales internacionales y regionales.

El costurerito cordobés que dio el gran paso: sus bordados cautivaron a Tini y ahora cobra en dólares

Fuente: TN ~ David tiene 28 años y es apasionado del arte. Las redes sociales le permitieron cumplir sus sueños y anhela con trabajar con artistas. Hoy, sus diseños tienen precios en dólares y los vende a todo el mundo.

Desde su casa en Río Cuarto, Córdoba, David Brito realiza los bordados hiperrealistas que deslumbran a las redes sociales. Desde Tini hasta Rosalía, retratos personalizados con mascotas o Messi levantando la copa, borda trabajos que son requeridos de todas partes del mundo.

Para llegar al resultado final, trabaja entre 30 y 40 horas por semana. Siempre dependiendo de la complejidad de cada pedido.

Hoy, luego de mucha dedicación y la explosión en las redes sociales, llegó hasta Tini.

(Foto: Instagram @britodavids)
(Foto: Instagram @britodavids)

Cómo inició el amor por el bordado

Desde muy chico David se apasionó por la pintura. Su familia, al notar esto, lo incentivó para que se capacite en lo que más le gustaba. “Pudieron ver desde muy temprana edad que tenía interés en lo artístico, me gustaba dibujar y mi vida básicamente estuvo cruzada por ello”, dijo el joven a TN.

Apenas comenzó el secundario se anotó en una escuela de arte en donde realizó una carrera de cuatro años. Una vez que finalizó sus estudios, viajó a la capital cordobesa para hacer una tecnicatura en artes visuales y luego la licenciatura.

“Mi formación académica tiene más que ver con el dibujo y la pintura, al bordado lo encontré hace siete años”, recordó. “Yo venía desarrollando una cierta obra o imagen personal en lo que era la pintura que tenía que ver con la figura humana y en paralelo siempre me gustó hacer muchas cosas, siempre me llamó la atención otro tipo de técnica”, detalló.

(Foto: Instagram @britodavids)
(Foto: Instagram @britodavids)

Y surgió el amor: un día llegó a un taller libre que dictaba una profesora del secundario en el que participaban más docentes. Allí, una de ellas estaba aprendiendo a hacer telar y necesitaba un bastidor. David se ofreció a hacer uno para así poder pagar sus estudios y fue en ese momento que se dio el flechazo.

“Ahí me despertó el interés en telar. Mi idea era hacer tapices para después llevar al tejido esos mismos trabajos que hacía en pintura. Hice dos y empecé a bordar, me pasé directamente al bordado en tela porque me llevaba mucho tiempo de producción el tapiz para después bordar arriba”, aclaró.

(Foto: Instagram @britodavids)
(Foto: Instagram @britodavids)

Al principio arrancó con bordados más sencillos, hasta que de a poco le tomó el ritmo y se desató la belleza de su trabajo. “Poco a poco fui profundizando en el bordado y en un momento agarré fotos de mi galería y las trataba de reproducirlos. Eso me ayudó para entender como funcionaban los colores porque en la pintura era totalmente distinto: ahí mezclaba los colores y acá es diferente, tengo que mezclar las puntadas”.

Después de un tiempo, logró encontrarle la “vuelta comercial” que para un artista es tan complejo y asegura que puede vivir de estos bordados. “A cada trabajo lo tomé como un aprendizaje”, señaló.

Hace dos años que David dedica su trabajo cien por ciento al bordado. (Foto: gentileza David Brito)
Hace dos años que David dedica su trabajo cien por ciento al bordado. (Foto: gentileza David Brito)

Además, insiste, que no todo es cuestión de talento. “La gente que quiere aprender o que no tiene mucha idea respecto al bordado cree que tiene que tener talento para hacerlo y no: todo es práctica y esfuerzo. Yo tuve la suerte de tener padres que me apoyaron y me incentivaron. Para mí influyen más las horas de dedicación que me llevaron a hacer lo que hoy hago. Nada de eso hubiera sido posible sin todo lo que estudié”, sostuvo.

Cómo son los retratos bordados

Hoy, entre sus obras más destacadas, figuran retratos de Tini, Rosalía y Messi.

Hace dos años que Twitter hizo lo suyo: sus obras explotaron y hoy se dedica 100 por ciento a bordar. “Me ayudó mucho a que se viralizaran mis trabajos y poder llegar a más gente, por eso uso mucho redes sociales”, explicó y agregó: “Estoy re contento de poder trabajar de esto, disfruto un montón de mi laburo”.

(Foto: Instagram @britodavids)
(Foto: Instagram @britodavids)

Entre los más destacados está el que recreó de Cassie, una de las protagonistas de la exitosa serie Euphoria. “Fue realmente un desafío, yo quería reproducir la emoción en sus ojos”, precisó.

El bordado que cautivó a Tini

Las redes sociales nuevamente entraron en juego cuando consiguió que uno de sus trabajos llegue a manos de Tini. “Tuve la suerte de que una persona que trabaja para su equipo me siga en Instagram, así que cuando ella vino a Córdoba me comuniqué con él para preguntarle si había una posibilidad de acercarle un bordado”, contó. “Él fue muy amoroso y se lo llevó a ella momentos previos al show. También me invitó junto con mi hermana al concierto. Fue muy gratificante verla y saber que tenía mi bordado con ella. Uno, cuando hace un trabajo como ese, espera que tenga cierta repercusión o que le llega a la persona, es un recuerdo muy feliz”, añadió.

El bordado que le llegó a Tini. (Foto: gentileza David Brito)
El bordado que le llegó a Tini. (Foto: gentileza David Brito)

Los costos de los retratos

Los precios arrancan en $40 mil, entre los que se encuentran los retratos de animales. Según el tipo de pelaje y todo lo que es bordado botánico, ya sean hojas o flores, se cobra aparte. Los retratos de personas por encargo cuestan de $45 mil en adelante, y también depende del diseño.

Los de Tini, Rosalía u otro artista tienen otro costo. “Estandaricé el precio y los cobro en dólares para llegar a cualquier otro lugar del mundo. He vendido a China, Estados Unidos, México, España, Bélgica, por eso puse el trabajo en dólares, para tener otro alcance”, explicó.

David también hace retratos de animales. (Foto: gentileza David Brito)
David también hace retratos de animales. (Foto: gentileza David Brito)

Planes a futuro

“Disfruto mucho de reproducir imágenes en bordado y me gustaría a futuro empezar a pensar una muestra, un proyecto más grande, una imagen personal con algún concepto”, indicó. Además, desea volver a incursionar en el tejido y el telar.

También sueña con diseñar ropa y planea para este año tomar clases de corte y confección. “Me gustaría poder dar clases para poder ofrecer todo mi conocimiento en bordado y me encantaría poder trabajar con artistas, diseñar las portadas de los discos, sería un sueño”, confesó.

David, que siempre quiso vivir del arte, hoy cumple con sus metas y deja un mensaje para aquellos que están arrancando: “No se rindan, con esfuerzo y sacrificio todo llega. Para algunos es más difícil que para otros, pero lo importante es siempre tener la meta en la mente y que se empiece a valorar más el arte”, concluyó.

Marta Minujín cumple 80 años: un repaso por los hitos de su carrera vanguardista

Fuente: El Independiente ~La reconocida artista, que tiene un gran 2023 por delante, con exposiciones en la Pinacoteca de San Pablo, el Museo Judío de Nueva York y varias en Europa, celebrará su aniversario con una performance en el Malba en la que se casará «con la eternidad».

A sus 80 años, que los cumple este lunes y lo celebrará al día siguiente con una performance en el Malba en la que se casará «con la eternidad», la artista Marta Minujín tiene un gran 2023 por delante, con exposiciones en la Pinacoteca de San Pablo, el Museo Judío de Nueva York y varias en Europa, un aniversario que la vuelve a encontrar en la cima de una carrera pionera y vanguardista que comenzó en 1963 con «La destrucción» y que a lo largo del tiempo incluyó hitos como «El pago de la deuda externa con choclos» en 1985, o «La Menesunda», en los 60.

En una una acción similar al «Casamiento con el arte» que organizó en 2013 cuando cumplía 70, el Malba volverá a ser escenario para su performance «Casamiento con la eternidad», el puntapié de los festejos por sus 80 años. Todo era blanco en la experiencia anterior pero esta vez los invitados deberán ir vestidos de negro, con anteojos de sol, la torta será de caviar negro y el champagne será negro también.

«Marta construye historia a cada paso que da. En sus obras, entran en diálogo la capacidad de proponer una constante redefinición de las categorías del arte, la posibilidad de imaginar un destino a escala mundial y su necesidad de afirmar una libertad de cuerpo y espíritu», escribía con acierto Victoria Noorthoorn, curadora de la retrospectiva que el Malba le dedicó en el 2010 presentando cien de sus trabajos.

Nacida en Buenos Aires el 30 de enero de 1943, la artista que popularizó a niveles impensados su clásico latiguillo «arte, arte, arte», estudió en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano y en 1961 obtuvo una beca para instalarse en París, donde en 1963 llevó a cabo uno de los primeros hitos de su carrera, «La destrucción».

«Mi primer happening», rememora Minujín en sus diarios íntimos reunidos en el libro «Tres inviernos en París» (Penguin), donde relata aquel día en que destruyó todas sus obras, acompañada de otros artistas, mientras un hombre vestido de verdugo, encapuchado, las destruyó a hachazos; ella luego las prendió fuego y soltó cientos de aves y conejos entre la audiencia. «Fue una sucesión de imágenes orgiásticas incontrovertibles», recuerda la artista en el libro sobre el momento en que vio desaparecer su trabajo de tres años.

En 1964 comenzaría con su serie de colchones intervenidos, pintados de colores estridentes, fluorescentes, de formas variadas (como «Revuélquese y viva» o «Eróticos en technicolor»), una serie que la acompañaría durante el resto de su carrera. «Nacemos, morimos, hacemos el amor, pasamos gran parte de nuestra existencia en un colchón», decía.

De regreso en Buenos Aires, en 1965 llegaría otra de sus obras destacadas, «La Menesunda», instalada originalmente en en el Instituto Di Tella y reconstruida para su 50 aniversario en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, presentada como un laberinto de once ambientes que provocan aromas, sensaciones y experiencias de todo tipo en el espectador, lo que representó una ruptura respecto a los lenguajes visuales de la época.

Por entonces inusual obra buscaba provocar al espectador y sacarlo de la calma de su cotidianeidad: luces de neón en una sala, una pareja acostada en paños menores en una cama, olor a fritura, una maquilladora profesional y una masajista que ofrecían sus servicios, una heladera con temperaturas bajo cero, o ventiladores que hacían volar gran cantidad de papel picado. Su gran logro fue el «arte de participación masiva, el arte que es para todos, que no es elitista», recordaba la reina argentina del pop art en una entrevista. Había largas filas todos los días para ingresar a ver la obra que tenía indignada a la prensa de entonces: «lamentable», «decadente y de mal gusto», «sentimos que nos han tomado el pelo», eran algunos comentarios publicados en los diarios de la época.

Influenciada por el entorno intelectual que rodeaba al Instituto Torcuato Di Tella, creó también «Simultaneidad en simultaneidad» en 1966, una acción en la que invitó a figuras famosas, según su popularidad mediática, quienes fueron filmados, fotografiados, registrados por un circuito cerrado de televisión. A los tres días, estos personajes eran invitados otra vez a la sala de un teatro, en esta oportunidad para verse «invadidos» por los diferentes medios de comunicación: las fotografías, los videos, el audio de sus propias voces y el registro de sus propios movimientos se sumaba a la aparición de personas que en el mismo momento les entregaban un telegrama, e incluso escuchaban sus propios nombres en el noticiero del momento. Una invitación a sentirse alienado por la tecnología. La vanguardia total.

Luego de ganar la Beca Guggenheim (1966), se trasladó a Nueva York, donde creó el «Minuphone» (1967) -recreado en el 2012 por el Espacio Fundación Telefónica de Buenos Aires-, una cabina de teléfono público convencional, con siete efectos especiales que se producían al efectuar una llamada y que se disparaban en forma aleatoria: cambios de luces, viento, ascenso de agua coloreada, deformaciones de la voz y transmisión de la imagen de quien habla por circuito cerrado de televisión a un monitor en el piso de la cabina. La idea de convertir una simple llamada en un happening instantáneo, en un «trip psicodélico», en palabras de la artista.

La blonda artista que hizo de su imagen su impronta, y que suele aparecer en público con overoles y gafas de sol espejadas, volvió a asombrar en 2014 cuando inauguró en la ciudad balnearia de Mar del Plata un gigante «Lobo Marino de Alfajores», escultura de diez metros de altura, ubicada a la entrada del Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, MAR, recubierta por 80 mil envoltorios de alfajores y ya convertida en un icono de la ciudad.

En 2016, la artista argentina obtuvo el prestigioso Premio Velázquez a las Artes Plásticas en España. Luego, presentó la reconstrucción de su emblemática «La Menesunda» en el New Museum de Nueva York, en 2019, y en la galería británica de arte contemporáneo Tate Liverpool, en 2020. En 2021, una colosal réplica del Big Ben -el famoso monumento inglés- «derribado» y cubierto de 20 mil libros políticos, se vio en Piccadilly Gardens, en el marco del Festival Internacional de Manchester (MIF 21).

Hace pocos meses, Minujín fue distinguida con el Konex de Brillante en el rubro Artes Visuales, entregado a las personalidades más destacadas de las Artes Visuales de la última década (2012-2021), la primera vez que el reconocimiento lo obtuvo una mujer.

«Un artista no se repite a sí mismo, sino que se reinventa, a través de cómo cambia el mundo», es una de las frases de esta creadora, cuya obra forma parte de museos como el MoMA, el Guggenheim de Nueva York, el Centro Pompidou de París, La Tate de Londres, el Olympic Park de Seúl, el Reina Sofía de Madrid y muchos otros.

Treinta artistas plásticos rinden tributo a Spinetta en Arequipa

Fuente: La Nación ~ Con obras realizadas en un formato que simula las portadas de los tradicionales vinilos, una muestra colectiva presenta distintas interpretaciones de la música del “Flaco”.

La ciudad de Arequipa convocó a treinta de artistas plásticos destacados, así como a promisorios nóveles pintores, para que representen con imágenes las canciones más importantes de Luis Alberto “El Flaco” Spinetta.

A modo de tributo, los participantes han procurado asignar perspectivas personalísimas a las obras del Flaco que más han repercutido en sus vidas. Las producciones plásticas están presentadas en un formato que simula en características y tamaño a las portadas de los vinilos de 12″, por lo que la muestra simula una exposición de posibles álbumes o maxi singles de Spinetta.

Toda la Vida Tiene Música Hoy
Toda la Vida Tiene Música HoyRICARDO CÓRDOVA – Arequipa Interpretando a Spinetta

La muestra se inauguró el lunes 23 en el Hall del Paraninfo de la Universidad Nacional de San Agustín (Día Nacional del Músico y natalicio de Spinetta) y seguirá hasta el 6 de febrero.

La Aventura de la Abeja Reina
La Aventura de la Abeja ReinaLIZANDRO HOLGUIN – Arequipa Interpretando a Spinetta

Algunos de los reconocidos artistas son: Ricardo Córdova, Fredy Hurtado, Carlos Ticona, Jaime Mamani, Nereida Apaza, Jhonathan Quezada, José Álvarez y Jesús Carpio.

Marta Minujín: «Creo que soy Dalí en mujer»

Fuente: El Ojo del Arte ~ Vestida siempre con su overol multicolor, su obra es un claro exponente del arte pop a nivel mundial. En 1963 realizó su primer happening: La Destrucción. 

Vestida con su overol multicolor, Marta Minujín se mueve de acá para allá en su taller de San Cristóbal. Se prepara para presentar tres libros e inaugurar nueve exposiciones en distintas partes del mundo. Pero lo que más la fascina es la acción multitudinaria que cerrará la Bienal de Performance, Find Your Equal: una aplicación para el celular hará que los participantes encuentren sus almas gemelas en la ciudad. Nada es imposible para ella. “A mí siempre me gusta descolocar para crecer. Al descolocarse, la gente crece porque se tiene que ajustar a una nueva circunstancia”, dice. 

Mientras tanto, se revisa su obra en el Centro Walker de Minneapolis, donde integra una exposición con otros exponentes del pop mundial, International pop, que luego se verá en Dallas y Filadelfia. En París, montará su Chambre d’amour en la muestra colectiva My Buenos Aires en la Maison Rouge. De regreso en Buenos Aires, inaugurará la Suite Minujín en el Brick Hotel, una habitación temática donde siempre podrá pasar la noche. En septiembre, la obra Simultaneidad en simultaneidad integrará la muestra North South By East West, en el MoMA. Para la misma fecha, en la Tate de Londres, The World Goes Pop incluirá un colchón de 1962 e imágenes de La Menesunda, una megainstalación performática que en octubre será recreada en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba). “Voy a estar dos meses trabajando en el Mamba. Pero en el medio viajo a Londres porque me invitaron de la Tate a dar una charla sobre performance con otras dos mujeres seleccionadas, una asiática y una africana”, cuenta. 

Con tanto viaje, tiene postergado su libro autobiográfico, ya contratado por Random House. En arteBA se lanzará el grueso tomo Marta Minujín. Happening & performances, auspiciado por el Gobierno de la Ciudad. Y en la galería Henrique Faría se presentan sus diarios de juventud, Los años psicodélicos, editado por Mansalva y comentado por Fernando García. “En el 69, yo venía muy hippie de Estados Unidos y me encontré con gente muy cuadrada. Nos juntábamos en una plaza con más hippies y rockeros como los de Manal, Spinetta y Tanguito, y escribíamos y dibujábamos en hojas con marcadores. Se las regalábamos a gente linda que pasaba por ahí”, cuenta. 

—¿Arte, arte, arte? 

—Yo siempre digo que hay que vivir en arte. A mí primero me pasó que era como un existencialista que se quería suicidar, y era todo negro y horrible. Cuando me hice pop empecé a gozar de vivir en arte. Es un espacio que yo me inventé, en el cual soy feliz. En cambio, en la vida cotidiana no soy tan feliz. No es una desesperación como Modigliani, Camille Claudel o Van Gogh. Esa desesperación ya la pasé, por el hecho de haber vivido en los 70, y haber sido contemporánea de los Beatles y los Rolling Stones, las minifaldas y los colores lindos. Ya soy happy y me tomo la vida como una cosa multicolor. Y quiero que todos hagan eso. No tengo miedo al ridículo o al papelón. Lo mío es el arte imposible: las Cataratas del Iguazú de Vodka, podría hacer… cosas así invento siempre.

—Y este año estás en todo el mundo. ¿Te están redescubriendo? 

—Viajo una vez por mes, porque ahora reconocieron lo que hice antes como algo único y genial. No solo en el pop sino con la tecnología: la cabina telefónica electrónica Minuphone (1967), Simultaneidad en simultaneidad (1966), Importación Exportación (1968)… Ahora posiblemente me inviten a Documenta, Kassel, por los mitos caídos: El Obelisco acostado (1978), El Obelisco de pan dulce (1979), La Torre Eiffel de pan baguette (1982), El Partenón de los Libros (1983)… Por algo varios museos compraron obras: la Tate, el MoMA, el Pompidou. Yo soy pionera desde siempre. Viajo mucho, pero me gusta vivir en hoteles. El tiempo no pasa. Tenés pocas cosas. Nada te retrotrae al pasado. Yo viviría siempre en un hotel como vivió Dalí con Gala. Yo me creo que soy Dalí en mujer. Sudamericana. Tengo ese espíritu: él era increíblemente juguetón. No paraba. 

—¿Vendría a ser tu alma gemela? 

—Sí, Dalí y Warhol. 

—El MoMA se disculpó recientemente con Yoko Ono por haberla relegado. ¿Qué pensás de esto? 

—Yo creo que ella era muy genial en los 60 como artista plástica y después pasó a otra cosa. Era muy buena, muy rebelde. Hizo un arte conceptual muy interesante. El amor con Lennon fue tan grande, que se disolvió en otra cosa. Se convirtió en la mujer de Lennon.

—¿El amor a vos te ayuda en el arte? 

—Yo creo que es paralelo. Para mí es muy bueno, porque es algo sólido en mi vida. Desde los dieciséis años estoy con la misma persona, con quien después me casé y tuve dos hijos. En mi vida no me manejo, soy frágil. Con los sentimientos soy muy frágil. Me duele muchísimo cualquier cosa, soy muy susceptible, tengo desesperación… En cambio, soy fuertísima en el arte. Cuando vengo acá al taller, soy una máquina que se pone en marcha. Encima, me creo que soy genial. Hago un arte único. Y soy mujer. Eso, hace cuarenta años, era muy difícil. ¡Y además, sudamericana! En Nueva York eso era imposible y, sin embargo, tuve un éxito brutal, salí en Newsweek, Times, The New York Times. Tenía veintiséis años, aparecía en todas las revistas y me conocían por la calle.

—En la Argentina sos muy popular. 

—Es increíble el feedback de la gente, el amor. ¡Es locura! Chicos de cinco años me reconocen, los cartoneros me gritan “¡Marta, no te mueras nunca!”. En los taxis, también. Al mismo tiempo, quisiera que no me conozcan, y entonces, me pongo una capucha, me saco los anteojos y camino, pero por la voz me reconocen, o porque soy de otro planeta. Pero soy como Woody Allen, que dice no quiero que me conozcan, no quiero que me conozcan, pero va al psicoanalista y dice, ¡ay, nadie me conoce! No quiero que me conozcan, pero no sé qué haría si no me conocieran. Por suerte me conocen con buena onda.

—Sos un ícono. 

—Sí, y en el mundo también, porque no hay mujeres de mi edad que estén vivas y activas que hayan tirado un pollo de un helicóptero o incendiado a Gardel. Y que hayan estado con tanta gente famosísima, como Le Corbusier… Siempre estuve rodeada de talento. A mí me gusta mucho la filosofía y los intelectuales. Ahora estoy leyendo muchas biografías, y estoy enloquecida con la de Mandela. Me gusta su lucha tremenda. Me gusta la gente luchadora. Yo lo soy. He tenido algunos momentos raros, estuve muy deprimida, y fue muy feo hasta que logré salir de todo eso. Ahora estoy bárbara. Estoy contenta.

—Con todo este acelere, ¿dormís de noche? 

—No, no, duermo poco. Hoy me desperté a las cinco de la mañana. Tengo una energía brutal, pero la energía se me desarrolla con la energía. Si me quedo quieta, se vuelve contra mí. Tampoco puedo estar quieta nunca, y eso tiene sus contras, porque yo no sé cómo va a ser mi porvenir. No sé si voy a soportar después estar como otros artistas que ya no se pueden mover. Yo no sé qué va a pasar conmigo. Creo que a los ochenta años voy a estar igual. Pero si no, prefiero no estar. 

—¿Cómo te cuidás? 

—Hice gimnasia toda la vida, porque me hace bien. Hago todos los días sola con la televisión, con unos DVD que tengo, religiosamente. No puedo ir a los gimnasios porque me empiezan a mirar. Ahora empecé una clase de zumba con unas chicas de veintiocho años, que me divierte, ya me conocen y no hay problema. Entonces, ¡bailo! También viajo por Latinoamérica con Bebe (su marido, Juan Carlos Gómez Sabaini), que es economista y trabaja en Centroamérica, y ahí tomo clases de salsa. Me encanta ir a Chichicastenango, en Guatemala, y por eso siempre me visto de colores. Traigo esas telas y me hago hacer cosas. Ya adopté el overol, porque te lo metés y sos de una manera. También me encantan los vestidos, pero son inaccesibles. No gastaría plata en eso, prefiero gastarla en mi taller. 

—No te imagino en comidas como la señora de… 

—No, no soy. Yo me voy por ahí con los indios, desaparezco, vuelvo a la noche. Nunca fui a las comidas de él, ni nada. La primera vez que fui, le pregunté a la mujer que no trabajaba “¿Y qué hacés todo el día?”. Quedé pésimo y nunca más fui. No tengo nada de qué hablar. Nosotros, que ya estamos solos porque los chicos ya se fueron por ahí, no comemos nunca en casa. Comemos en bares, así nomás, rápido, porque odio los restaurantes. No puedo soportar la solemnidad. Me bajoneo. O como parada al lado de la heladera cuando me levanto a la noche. Los cócteles también me gustan. Sentarme me mata. Después llego a mi casa, me subo a la bicicleta fija y anoche vi Cleopatra en la televisión. Tengo muchas invitaciones, pero ya no voy. No quiero ver tanto la obra de los demás, prefiero concentrarme en la mía. Me dispersa. Cuando viajo, veo todo en dos días y me vuelvo. Además, no me gusta juzgar. Si juzgo no lo voy a ver tan genial como yo, y eso no me gusta. Decirle sos genial a una persona joven no podría, porque tengo que ver toda su trayectoria. Hay artistas que hacen cosas geniales ahora, pero hay que ver en treinta años. 

—¿Qué arte te gusta mirar? 

—El arriesgado. Desconfío un poco de la gente joven que vende mucho. Puede llegar a contaminar. Yo no vendí nunca en mi vida, hasta hace poco. Viví de becas. No vendo todo. Si la persona no me gusta no le vendo. No quiero que mis obras tengan gente de mala onda. O no saber quién las tiene. Pero tengo una serie de arte popular baratísimo, $500 o $200, unas cositas chiquitas que a veces se las vendo a la gente. Hago muchísimo canje. Tengo canje en un café de la esquina. Al Brick Hotel le pago con un cuadro y puedo ir a dormir cuando quiera. Tengo otro hotel en Mar del Plata. En Nueva York estuve en los mejores hoteles por varios años a cambio de una obra. Prefiero el canje. Con ropa tengo trato con Min Agostini, que me hace los overoles. Si necesito algo, voy, dibujo algo y los convenzo.

—¿Qué otra profesión podrías haber tenido en tu vida? 

—Podría haber sido cantante de rock. Una Rolling Stone. Mick Jagger en mujer. Madonna también me parece extraordinaria. No podría haber sido actriz, porque no puedo actuar ni seguir un libreto. Jamás puedo hacer nada por encargo. No me sale. No sé de dónde salí. Mis padres eran lo contrario. Acá mi abuelo hacía uniformes. Siempre creí mucho en mí: abandoné Bellas Artes, pero no para estudiar en París, sino para hacer mis obras en París. Fui a romper y arrastrar colchones, vivir sin un peso, sin baño ni calefacción.

—¿Nunca se te ocurrió dar clases? 

—Nunca aprendí, tampoco. Una vez probé y creí que me suicidaba: ¡era tan lento el aprendizaje de la gente! Pero me gusta muchísimo la energía de la gente joven. Mis nietos me dominan, ¡me encantan! Mis amigas, artistas de París y Nueva York, no tienen ni hijos ni parejas ni nada. Están dedicadas al arte cien por cien. Yo prefiero tener familia.

—Sophie Calle dice que la libertad es no tener hijos. 

—Para mí, está equivocada ¡Lo de la madre fue atroz! ¡Filmarla cuando se murió! Su arte, conceptual, es interesante. Pero como persona no es tan simpática. En cambio, ¡Abramovic es simpatiquísima!

—Dice que es la abuela de la performance. 

—Noooo, yo empecé mucho antes. Ella tiene cuatro años menos que yo, pero empezó mucho más tarde. Igual creo que hay mucho invento, no creo que haya caminado toda la Muralla China… Pero en el arte no importa: si vos lo inventaste, es cierto. Si no, ¿cómo hago las cosas que hago? ¿Cómo convenzo a alguien de que pare ocho fábricas de pan dulce y me los mande todos a plaza Italia para que yo haga un obelisco? Hay que convencerlos. Hay mucha gente que solamente ve el dinero. Yo no gano un centavo. Ahora quiero hacer un laberinto con un minotauro en la costa, gigante. Se me ocurren todo el tiempo estas cosas.

—¿Qué pensás de la performance actual? 

—Son todas distintas. Lo que hace Marina Abramovic ha sido muy criticado por otras performers amigas mías que son más pioneras, como Carolee Schneemann. Dice que encontró una forma muy parecida al budismo y al yoga, pero también hizo marketing. Para mí, las performances son irrepetibles.

—¿No podría existir el método Minujín? 

—No, porque es lo inesperado. Lo insólito. Ocurre una sola vez y no dura más de diez minutos. Es como entrar en un dibujo animado… ¡es muy animado! Si pudiera hacer un arco iris o una lluvia de estrellas, lo haría. Es el mundo del arte contemporáneo, pero con el espíritu Minujín, que es un espíritu feliz. Y no es fingida mi felicidad: meterse en el arte te hace feliz, y eso es lo que quiero contagiar a la gente, toda la vida. Pero me gusta Abramovic. ¿Vos crees que se habrá operado? 

[Marta hace el gesto de estirarse la cara. Cuesta creer que la artista argentina más conocida, este torbellino de pelo plateado y gafas de aviador, tenga ya setenta y dos años. Se mueve, habla, hace y piensa como una muchachita…].

—¡Estás bárbara! 

—Puedo estar mejor, pero no tengo tiempo. Yo no me hice nada, por ahora, pero es lindo verse bien. Pero soy muy descuidada con la salud. No voy al médico hace treinta y cinco años. Pero debería: me intoxica la pintura con la que trabajo y tengo catarro crónico. No me crecen más las uñas. Odio la medicina. Pero en cualquier momento me puede dar un patatús, como a Rogelio (Polesello), pobre Rogelio… Me voy a hacer un chequeo… Ya está, ¿no? 

BIO. Nació en Buenos Aires en 1943. En 1963 realizó su primer happening, La Destrucción. En 1966 hizo Simultaneidad en simultaneidad, parte de Three Countries Happening, con A. Kaprow (New York) y W. Vostell (Berlín). Algunas obras efímeras de participación masiva: El Partenón de Libros (1983), C. Gardel de fuego (1981), La Torre de Babel con libros de todo el mundo (2011). Su obra es parte de colecciones del mundo: Museo Guggenheim (New York), Art Museum of the Americas (Washington D.C.), Olympic Park (Seúl), Museo Nacional de Bellas Artes, MALBA (Buenos Aires) y colecciones privadas en Francia, Italia, Brasil, Colombia, Argentina, Estados Unidos y Canadá. En 2011 expuso en New York y uno de sus colchones está en la colección permanente del Centre Pompidou. En 2017, volvió a hacer el Partenón de los libros prohibidos, en la edición 14 de Documenta Kassel, con 100000 ejemplares. 

Del libro Entrevista con el arte (India, 2018), publicado originalmente en La Nación, Cultura, 18/5/15.

Quién es la artista que pinta cuadros tan reales que parecen fotos

Fuente: La Nueva ~ Tiene 22 años y retrata modelos poco convencionales: animales. Vende sus obras en todo el mundo y tiene la agenda completa hasta el mes de junio. Mirá los vídeos de sus creaciones.

   Valentina logra plasmar en sus cuadros hasta el detalle más mínimo de cada uno de sus modelos de la vida animal.

   Cuesta creer que no son fotos. Cada fragmento de su obra es una pincelada exacta, por eso sus pinturas despiertan una profunda admiración.

   Nacida un 15 de septiembre del 2000 en San Fernando, Buenos Aires, Valentina Milagros Cucchiani es artista, pintora y estudiante de Administración Empresarial.

   Si bien creció en un entorno relacionado con el arte -su madre es profesora de Bellas Artes- el estar familiarizada con esculturas, grabados, pinturas y dibujos de todo tipo, fue el motivo que llevó a Valentina a empezar a crear sus propias obras desde pequeña.

   “Siempre tuve mucha facilidad para el dibujo, pero nunca había considerado dedicarme al arte y hacerlo mi profesión. De hecho, al terminar el secundario, me anoté en la carrera de diseño industrial”, cuenta.

   Fue durante el confinamiento estricto de la Pandemia que llegó el gran interrogante.

   “En ese momento me replantee si realmente estaba conforme con el camino que estaba eligiendo seguir, y me di cuenta que en realidad no me entusiasmaba tanto. Al mismo tiempo, retomé la pintura, y me armé una página en Instagram, siempre considerándolo como un hobby. Fue navegando en las redes que me di cuenta de que había muchas personas dedicándose exclusivamente al arte. Entonces pensé, ¿por qué no? Al poco tiempo, tuve una consulta y me hicieron mi primer encargo: el retrato de un conejito. Fue tal mi felicidad durante esa experiencia, que decidí que lo iba a intentar, poniendo todas las fichas en ese emprendimiento. Y desde ese momento, no paré”.

   Autos, retratos de personas, paisajes y vida salvaje fueron parte, a lo largo de su vida, de las temáticas elegidas para sus dibujos.

   “Mi primer retrato de mascota fue un regalo para una familiar, que tenía una relación muy especial con su perrita. ¡Siempre fue como una hija para ella! El cariño en su relación fue inspirador para mí. Al poco tiempo, en mi familia adoptamos a ‘Shiro’, nuestro primer perro. Con su llegada terminé de comprender el amor incondicional que las mascotas nos ofrecen, creo que ellas cambian nuestras vidas, y dejan una huella en nuestros corazones que nunca se borrará. Es por eso que me incliné por retratarlas y darle a muchas familias la felicidad de tener un recuerdo especial de nuestros compañeros peludos”.

   Al igual que la gran mayoría de seres humanos, Valentina considera a los animales de compañía como parte de la familia.

   “Luego de tantos años llenos de experiencias compartidas, ya sean alegrías o momentos difíciles, ellos siempre están a nuestro lado. Por eso son muchas las personas que me contactan para conmemorarlas de una manera especial, a través de una obra de arte que plasme su esencia, y que siempre los acompañará en algún lugar de privilegio de sus hogares. Muchos de los encargos que tengo son de personas que les quieren hacer un regalo sorpresa a alguien especial, o de familias que tristemente perdieron a sus mascotas, y quieren tener un recuerdo de ellas. Mi objetivo es retratar la verdadera esencia de cada mascota, para que, a través del arte, una partecita de ellas vuelva a cada hogar.  Cada retrato es único, y tiene su historia detrás, es por eso que siempre le pido a mis clientes que me cuenten sobre la vida de sus mascotas. Esto hace que el proceso sea mucho más especial a la hora de pintar, creando una conexión distinta con el cuadro. El agradecimiento y felicidad de cada familia al recibir su retrato, es sin dudas de lo más hermoso que tiene mi profesión”.

   A simple vista se comprueba que cada retrato, es una gran obra de arte en sí, pero no solo por sus detalles o el tiempo que le toma plasmarlo en los lienzos, sino por la calidad de los productos con los que Valentina trabaja.

   “Las pinturas que uso son acrílicas, actualmente pinto con Winsor&Newton porque siempre utilizo los materiales de la más alta calidad disponible. El tiempo que me toma cada retrato varía según el tamaño, la mascota a retratar. Cada una de ellas es única, dentro del pelaje por ejemplo, hay una gama súper amplia de combinaciones de colores, texturas o brillos. En todo caso, la realización siempre es de varios días de trabajo hasta poder hacer la entrega, ya que mi técnica implica pintar pelo por pelo, y trabajar en varias capas con muchos tonos diferentes, para lograr un resultado altamente realista. Es por esto que los cupos en mi agenda son súper limitados. Por lo general sólo puedo agendar de 2 a 3 retratos por mes”.

   Según cuenta, el valor de cada retrato depende de la medida, de la cantidad de mascotas en el mismo, entre otras. Pero se puede pedir un presupuesto, a través del sitio web de Valentina –vcarte.ar-, o al WhatsApp +54 9 11 68582191. También pueden visitar el perfil de Instagram @valentinacucchiani.arte.

   “¿Algún trabajo que sea mi preferido? ¡Qué pregunta difícil! Hay varias obras que recuerdo con mucho cariño, entre ellas un cuadro en el que pinté a los 4 perritos que acompañaron a mi clienta a lo largo de su vida. Ella me contó la historia y personalidad de cada uno de ellos. Fue emocionante crear un recuerdo como ése, y el resultado final fue precioso visualmente. Además, fue un regalo sorpresa para su marido”.

   A pesar de tener recién 22 años, Valentina ya ha vivido la experiencia de pintar para varios clientes alrededor del mundo.

   “¡Mis retratos se encuentran en varios países! Por ejemplo, Chile, Estados Unidos, España, Italia, Ecuador y Japón, entre otros. Es increíble pensar que mis cuadros están repartidos por todo el mundo”.

   Actualmente, Valentina está trabajando en una serie de cuados de animales salvajes, específicamente de fauna argentina.

   “La primera obra de esta serie fue mi cuadro ‘Aguará Guazú’, que está disponible para la venta. También acepto encargos de cuadros personalizados de animales salvajes de todo tipo”, cerró.

«El arte, si no lo acercamos a la gente, no va a funcionar»: Melisa Boratyn, curadora y autora de la nueva y preciosa Bitácora de Arte

Fuente: Cronista ~ Apasionada, versátil y multifacética en la escena del arte/ Melisa Boratyn fue curadora y coordinadora de muestras en galerías y ahora lidera proyectos que abren la escena artística a más personas/ Nos cuenta de su primer libro: «Bitácora de Arte» junto a Fera/ ¿Cómo está transformándose el consumo de arte con los cambios tecnológicos? ¿Cómo deben adaptarse las instituciones?/ ¿Hay más inclusión en la escena artística?/ ¿Hay más inclusión en la escena artística?

Ya desde muy chica y motivada por las visitas a los museos con su papá, Melisa Boratyn sabía que este mundo tan atractivo y desafiante, como lo es la escena del arte, iba a ser parte de su vida diaria. Y así lo es, desde el día en que empezó la carrera de Curaduría y Gestión de Arte. Trabajó casi una década produciendo y coordinando ferias y muestras en las galerías de Buenos Aires, hasta que se volvió independiente y decidió fragmentar su trabajo en distintos proyectos que tuvieran más llegada al público en general. Porque ese es el pensamiento central de toda su carrera: el arte tiene que ampliar su llegada a todos, no importa si saben o si no. Convivir con el arte es una necesidad.

Melisa (gran redactora de la sección arte en MALEVA desde siempre) dirige «Homenajes Urbanos», junto a su pareja y artista Ale Giorgga, donde empapelan la ciudad con citas de artistas fallecidos, y acercan sus nombres a la gente. A su vez, es codirectora de Tienda Quorum, en San Telmo, donde venden prints, telas, libros, pañuelos, stickers y más objetos de artistas directo al público. Su último gran proyecto, que sigue en línea con esta ideología, es la Bitácora de Arte, que lanzó hace muy poco junto a Fera; un libro amigable y cercano que te guía por los museos, galerías y centros culturales, acompañándote con ejercicios prácticos para que generes una experiencia propia y personal con el arte.

Entre las vibrantes obras de su tienda, nos recibió para contarnos de su nueva creación – su propia obra que la llena de orgullo -, y de cómo ve la transformación de la escena del arte en una sociedad más digital, más abierta y (lentamente) más inclusiva.

Contame de tu primer libro, la bitácora de arte que lanzaste hace tan poco con Fera. ¿De dónde surgió la idea?

Es algo que quería hacer hace un montón. Empecé editando libros de artistas en el 2017 con una editorial que después no funcionó, pero el gustito de hacer un libro quedó. La bitácora es algo que existe hace un montón, pero no tanto en las artes visuales. Y yo sentía que el contenido, si es que acá lo había, no era tan profundo. A Vicky, que es una de las editoras – junto con Mara tienen «Fera Editorial» que es un proyecto hermoso – la conocí dando un taller, la contacté en verano del 2021 en plena pandemia y le dije: tengo la idea de hacer este libro. Empezamos a hablar y me llevó un año hacerlo. Opino que es la primera bitácora de arte que, para empezar, es actual. No importa donde estés en el mundo, la idea es que lo agarres y lo utilices donde quieras. Y siempre con este pensamiento central que tiene que ver con toda mi carrera: al arte si no lo acercamos a la gente no va a funcionar.

¿Por qué elegiste a Fera?

Me parecía muy importante no ir a una editorial que ya se dedicara 100% a la curaduría, sino a un lugar más expansivo, porque las chicas de Fera tienen otra mirada. Ellas toman ese interés que tienen y esa persona que «sabe» pero lo redireccionan a personas que, primero se compran una agenda, un cuaderno, y de golpe la bitácora y van al taller de escritura, y así se interesan y se meten en este mundo.

Sería apta para todo público entonces.

¡Si! La bitácora es lo más amigable que vas a ver. Evitamos estadísticas, números o citas complejas. El objetivo de los ejercicios es que vos desarrolles un criterio completamente independiente con respecto al arte. De hecho, yo menciono en el libro a un artista y teórico, Luis Camnitzer, que escribió un texto, «El Fraude en el arte». Él viene de la enseñanza, y trabajó con el MoMA, haciendo ejercicios para que la gente se acercara a las obras de otra forma. No llegar y decir: «esto es un Frida Kahlo excepcional», sino «esto es una obra». Mirala, apreciala, fijate qué sentís y después vas trayendo información. Es re importante que sepas de quién es, pero no es lo más importante.

¿Qué otras personas formaron parte del proyecto bitácora?

Las ilustraciones las hizo Juliana Vido. Ella recibía a través de las chicas lo que yo escribía e ilustraba. Y cuando vi la maqueta, ¡casi me muero! Mucho tiene que ver con el mundo privado, hay una ilustración mía y de mi hija, una obra que hizo Ale Giorgga en el Recoleta en una muestra de arte urbano, las galerías de las que a mí me gusta hablar y un pasteup de Homenajes Urbanos – el proyecto que tenemos en común -, entre otros guiños.

Otra cosa súper importante son los aportes, las invitadas. Son todas amigas de hace muchos años, colegas con las que yo me siento muy cercana y representada. Vic tolomei que habla de la pata de arte y tecnología. Con ella fui a la facultad y también con Luz Peuscovich, que da su testimonio en la sección de ateliers. Ro Villani, mi socia y amiga trabaja mucho con colecciones por eso habla del cuidado de una obra de arte. Con Lu Seijoo nos conocimos en un momento en la pandemia, cuando había hecho un video para el museo de arte moderno donde hablaba de cómo adueñarte con los espacio a través de ejercicios físicos, y me gustó replicarlo en el libro, en el capítulo de arte urbano. Y después Ale, la persona con la que más me peleo por arte tenía que estar.

Me gusta el concepto de acercar el arte a la gente, ¿de qué forma lo estás haciendo vos, además de con la bitácora?

Con esa idea existe esta tienda – Tienda Quorum – que la gestaron mis socios, Santiago Carrera, María y Oli; y yo me sumé hace casi 2 años. Lo que buscamos es justamente eso: vení, entrá, agarrá, tocá, mirá, todo tiene precio atrás, sentite cómodo.

Después está el proyecto que llevo con mi pareja, Homenajes Urbanos, un proyecto de arte urbano donde llevamos un poco de historia del arte argentino a la calle. Te doy una herramienta, vos después googleá, pensá, dudá. Porque a veces los museos no lo proponen y las galerías no lo están proponiendo. Les pregunto a ustedes, ¿van a esos lugares y se sienten realmente cómodos? No está bueno suponer que «hay que saber» para entrar. Yo puedo ir a una carrera de autos si quiero, no «tengo que saber» nada en esta vida. Pero el que está generando y proponiendo tiene que abrir y decir: el que quiera puede abordarlo. Porque sino, ¿cómo se sigue construyendo?

Y no hay artista en el mundo que diga: «yo solo hago esto para fulano, fulano y mengano. El resto no lo puede mirar». Eso no existe. Por eso, ingresar en la comunidad de arte urbano a través de mi pareja sí me ayudó a pensar más esa necesidad de hacerlo más cómodo.

Decís que las galerías hoy en día no están siendo tan inclusivas, ¿por qué es eso?

Yo trabajé 8 años en galerías y me encantó ese proceso, son espacios que valoro muchísimo. Las galerías tienen que existir y están en un lugar muy importante y necesario en el mundo del arte. Están haciendo a veces trabajos de gestión que no hace ni el Estado. Hay muchas galerías jóvenes que empezaron hace 10 años o menos y han logrado internacionalizar a sus artistas, Piedras, por ejemplo, acompañó a Monica Heller que fue la artista que quedó en la Bienal de Venecia. Pero son equipos muy chicos que tienen que hacer un montón de cosas; salir a buscar financiamiento, vender las obras, mover a los artistas. Entonces esa pata de «¿y cómo hacemos para que más gente venga o para empezar a armar una generación que te compre dentro de 20 o 30 años?» no la tienen. Ahí para mí está la falencia.

Otra limitante es el tema de los precios de las obras de arte…

En Argentina muy poca gente compra arte. Porque, si bien el arte argentino a nivel mundial es muy barato, en la situación en la que estamos, si una obra sale 4 mil dólares, no la puede comprar alguien que gana 500. Es muy difícil. Por eso existe esta cosa intermedia de la tienda de arte – pienso en IDLB, en Sach, en nosotros -, acá sí un montón de gente que nunca había comprado nada se compra algo y a veces ni siquiera terminan de ser tan conscientes de que están comprando arte.

No digo que todo lo que está acá sale dos pesos. Tratamos de ser lo más coherentes con el mercado y tratamos de explicar por qué una cosa vale lo que vale. Si bien es un cliché lo que digo, a veces ni dudás en pagar 50 mil pesos unas zapatillas que en 5 años no vas a usar más. Y el cuadro o la obra muy probablemente te siga acompañando en 5 años. Si te enamorás de algo que tenés en tu casa vas a generar una relación.

Encontrar que no esté todo dirigido a ese uno por ciento y lentamente ir fragmentándolo o agrandando el panorama: cuanto más grande sea, más rico va a ser para nosotros.

Claro, si más gente conoce de arte, explora, visita galerías y aprende, más público o más potenciales clientes va a tener el mercado.

Exacto. Podés no comprar pero ir con tu clase de 2do grado a una galería. En la educación inicial y en la educación primaria no puede no haber un abordaje de las artes en general. No podemos no saber quiénes fueron nuestros artistas y qué pasa hoy en el mundo del arte. Hay 800 millones de artistas en el mundo y las puertas se abren al infinito. Tener gente especializada que quiera abordar eso me parece fundamental. Que todo el tiempo convivamos con las artes, yo creo que esa es la necesidad.

Hiciste una diplomatura en Género y Movimientos Feministas. ¿Qué lugar ocupan hoy las minorías en el mundo del arte?

Seguimos sin conocer a muchas artistas mujeres o artistas de la comunidad LGBTIQ+. Todavía hay un montón de desigualdad. Hay muchos museos que les están les están otorgando más lugar pero otros que no tienen eso en agenda. Y, en el mercado secundario, las obras de los artistas hombres siguen saliendo mucho más que las artistas mujeres o de la comunidad. Son diferencias muy grandes todavía.

¿De a poco va cambiando?

Naturalmente se está ablandando un poquito, aunque ya no debería ni ser una cuestión. Acá en Argentina hay museos, por ejemplo el MALBA, que desde el 2017 viene haciendo un trabajo muy sólido al traer exposiciones individuales de artistas mujeres. Así es como se vio la primera muestra individual de Mirta Dermisache – que es una artista argentina que ya había fallecido – y la primera gran muestra en el país de Alicia Penalba. Este año 2023 van a tener tres muestras grandes de artistas mujeres, incluyendo a Cecilia Vicuña, una artista chilena que ganó el premio máximo en la Bienal de Venecia.

Otros museos, o no tienen la intención de hacerlo o lo hacen muy lento. Irónicamente en todo lo que es gestión, hay muchas curadoras en este país, brillantes, que trabajan muy bien. De las carreras salen muchísimas artistas mujeres, mujeres gestoras… ni quiero hablar de mujeres, son seres humanos.

¿Estás con algún proyecto relacionado con la inclusión de minorías?

Con dos colegas estamos haciendo un libro donde vamos entrevistando a artistas de 80 para arriba. Y hay algunas que nunca tuvieron una profunda conversación acerca de su obra, una buena entrevista. Algunas son muy conocidas y tienen carrerones, otras no tanto. ¿De qué todavía no se está hablando? ¿Qué todavía no se está discutiendo? Si yo puedo proveer ese tipo de contenido me genera mucha más satisfacción que caer en el lugar común.

Con el cambio social que trajeron las redes sociales, la instantaneidad, la virtualidad, ¿cómo se están adaptando los museos?

Hay espacios que abrazan todo lo que está cambiando tecnológicamente y lo potencian. Hace unos años, museos como el MoMA ofrecían charlas en Youtube o vivos en Instagram. Las redes sociales son una gran herramienta para conocer más de la escena. Ya con que sigas a instituciones, fundaciones o museos en Instagram, si te dedicás 5 minutos por día vas a aprender mucho.

Después hay muestras que apelan a lo que el público hoy quiere. Yo no sé si soy fan de la muestra inmersiva pero sí soy fan de todo lo que puede hacer un pasito más. Sé que tengo amigas que no van a ir al museo, pero a la inmersiva de Van Gogh van felices. Y te dicen que les encantó, que también aprendieron y que llevaron a sus hijos. Bueno, buenísimo, si de alguna forma sirve, ¡hacelo!

El arte salió más a la calle también, ¿no? Por fuera de museos y galerías.

Si, ahora hay hasta marcas de ropa que trabajan con artistas. Hace poco Paola Vega trabajó con Ay Not Dead para hacer toda una serie de vestidos, remeras y medias, ¡y están buenísimas! Te ponés un Paola Vega y salís a la calle. Eso es legendario, lo han hecho marcas como Nike y Adidas, pero si lo hacés acá con alguien como Paola vos te estas poniendo a una artista que tiene 30 años de carrera en un vestido. Sí hay un aceleramiento en la sociedad, pero el arte se está acoplando.

La calle, con su furia, su acelere, su todo. Andando en el colectivo seguramente vas a pasar por un mural, vas a ver un cartel pegado, vas a ver un sticker. Si le prestás un segundo de atención, está ahí. No importa quién lo hizo, después hay mil etapas. Podés investigar más, menos, sacarte una foto, que te guste o no, pero está ahí. ¡Los tatuajes! Los tatuadores son artistas. Y esa obra la cargás con vos a todas partes. Capaz no lo comprendemos así pero lo estamos haciendo.

Por último, y para que empecemos a armar concretamente un mapa, ¿Me contás un poco las distintas categorías de galerías que hay en Buenos Aires?

Para mi el ecosistema del arte hoy a nivel local está creciendo y, en ese sentido, está buenísimo. Hay una generación que tiene muchas ganas de hacer, y que está mucho más profesionalizada; entra sabiendo lo que quiere. Mencioné a «Piedras» y lo voy a mencionar siempre, porque creo que es un proyecto que va muy para adelante y se mantiene muy constante con sus metas y con la relación con los artistas. «Hache» es otro proyecto que siempre quiero mencionar, son dos galeristas que también se mueven mucho y se nota cuando hay vínculos reales con les artistas. «Isla Flotante» no es una galería con la que no tengo tanta familiaridad, pero la veo ya hace un montón de tiempo llegando a lugares que muy poca gente logra llegar.

Y después hay galerías más «grandes» en el sentido de que se conforman de otra forma, como puede ser «Barro» o «Ruth Benzacar» que existen hace muchos años. Galerías que uno se olvida que tienen más de 60 años como puede ser «Aldo de Sousa» o «Van Riel«, ¡con tres generaciones de galeristas! Yo a veces hablo más de los proyectos más chicos y no hay que olvidarse de estos que siguen ahí de alguna forma u otra.

Y después siempre mirar proyectos jóvenes. Como «Pionera», la nueva galería que abrió en Pinamar y MALEVA le hizo una nota. Siempre qué salgan de Buenos Aires, está bueno ver qué galerías hay afuera; «La Arte» en Salta, «Diego Obligado» en Rosario, en La Plata también hay galerías que están buenísimas; podés ir a un montón de lugares. Si googleas vas a encontrar. Hay que tener siempre el espíritu curioso.

Marta Minujín: el arte por encima de todo

Fuente: Hoy Día ~ Históricamente subvalorada, por mujer, por contemporánea, por incontinente e incontenible, o sencillamente por artista, Marta Minujín demuestra que es uno de los grandes íconos del arte argentino. Pocas personalidades tienen un caudal nacional e internacional tan importante. Y ninguna una historia de vida similar.

Abandono y sobreestimulación

Nacida en una familia formal, madre católica, padre médico, tuvo una infancia marcada por la muerte de su hermano -estudiante de medicina- y el posterior abandono de sus padres.

Ella misma definiría su niñez como “horrible”. Su carácter, al comienzo retraído, floreció en fuego desde la adolescencia. Incontenible y atravesada por un rayo creativo, estudió arte desde los 12 años. Con la personalidad en proceso de modelado, sus primeros amigos -mayores que ella- fueron quienes compartían el aula en Bellas Artes: Le Parc, Polesello, Pérez Celis y otros precursores. Eran tiempos convulsionados desde todo punto de vista: el arte, la política y el pensamiento constituían una masa que hervía a borbotones de colores.

Su familia hubiera querido una carrera para que se ganase la vida, pero ella eligió “trabajar para ganar la inmortalidad”.

El amor constante

Viviendo con intensidad adolescente, se enamoró. Impredecible, eligió un compañero completamente fuera de cuadro. Con sólo 16 años y un documento falsificado, se casó con Juan Carlos Gómez Sabaini -con quien compartió una inusual pareja de 50 años- hasta 2021, cuando la viudez los separó.

Gómez Sabaini, encumbrado economista, no era un actor de reparto: directivo de la OEA, el BID, y otros organismos internacionales, fue un reconocido colaborador en temas tributarios en el período de Alfonsín. “El amor es como el arte: libre”, una frase para explicar su pareja.

Marta no es la mamá del actor Juan Minujín, es su tía. Su hijo es Facundo Gómez Minujín, actual presidente del JPMorgan para la Argentina y el Cono Sur, y ex presidente de la Fundación ArteBA. Su otra hija es Gala Gómez Minujín, experta en relaciones internacionales, también colaboradora de ArteBA.

Poco después de casarse su vida comenzó a vibrar entre distintas partes del mundo. A los 18 años ganó una beca del Fondo Nacional de las Artes y se radicó en París, donde se vinculó con los grandes artistas de los 60, como Lebel o Christo, y pensadores como Sartre. Este último la influyó sustancialmente con sus ideas existencialistas. En esa época se edificarían dos pilares interiores de la artista: el arte lo es todo, y la obra es trascendente al objeto. Desde entonces sacrificaría su persona cediendo todo para la creación, aunque le consuma. Como el fuego. Lo mismo con sus piezas: convencida que las obras tienen alma, se despojaría de la materialidad como recurso y se aferraría a las ideas de cada trabajo.

Una llamarada conceptual

Enfocada en producir, eligió vivir en un galpón sin las condiciones mínimas de habitabilidad. El baño y la calefacción eran lujos innecesarios. La fábrica Minujín requería espacio y la persona tuvo que resignar las comodidades mínimas para tener un sitio capaz de albergar, por ejemplo, los colchones que usaría en sus instalaciones desde entonces.

Su primer happening -paradigmáticamente- consistió en la quema de toda su producción artística. Nacía la artista conceptual, la creadora interesada en relacionar y darle sobrevida a la obra dentro de los asistentes.

Pasarían los años, las décadas, y los trabajos de Minujín serían comidos o regalados entre los participantes. En esa época también comienza un cambio formal en su obra y persona: deja atrás la angustia existencial -y su correspondiente aspecto oscuro- y adopta una lógica más pop y estridente. Esa condición global y social del movimiento sería la gramática de toda su obra posterior. “El pop me salvó la vida. Los colores influyen en ella… así como la risa tiene color”.

Soy mi mejor obra

Menos existencialista y más conceptual, Minujín conduce su trayectoria hacia Estados Unidos a finales de la década de los 60, donde la movida la acoge como una actriz necesaria. Simultáneamente, en el país produjo “La Menesunda”, un trabajo demencial que, en 1965, impulsó el Instituto Di Tella. La instalación era recorrida por grupos de personas que transitaban 17 zonas con neones, un video wall de televisores, una habitación con una pareja en una cama, un consultorio odontológico, o una cabeza femenina habitable donde una maquilladora atendía a los visitantes para que luego fueran trasladados a un canasto giratorio (no perdamos de vista que es 1965). También había un cuarto de espejos, luces negras y papel picado con olor a fritura.

Abraza los 70 con estadías en diversas partes del mundo y miedo en la Argentina. Adopta los lentes oscuros para no ser reconocida en el país (ahora dice que se los tiene que sacar para pasar desapercibida). Las grandes gafas siguen puestas por la noche y la acompañan en las performances del desenfreno, cuando atraviesa la nocturnidad mundial en limusina junto a figuras como Dalí o Warhol. Idealmente hacían un escándalo.

En la década de los 80 Minujín hace pie en Argentina. En 1982 recibe un premio Konex, al igual que lo haría en 1992, 2002, 2012 y el 2022 (parece que la Fundación sí la valora).

El regreso de la Democracia a la nación (con mayúscula deliberada) se celebra con una obra de su autoría. A días de haber asumido Alfonsín, la artista creó un Partenón de libros prohibidos que fueron distribuidos entre los visitantes, una acción que sintetizaría la edificación y madurez de sus investigaciones previas. Grandes obras, que dialogan con el paisaje y la ciudad, producidas con equipos de colaboradores dirigidos por su liderazgo energético, conceptuales (nos referimos al arte de las ideas y no de los objetos), y que se vinculan e interpelan a los asistentes. Tragarte, llevarte, divertirte, dormite o mancharte integran al arte de forma trascendente en la vida de quienes participan.

La dimensión política, presente en instalaciones como el Partenón, continúa durante esta década con “Pago de la deuda externa argentina” (1985) a Andy Warhol, una performance en la que entregó choclos “el oro latinoamericano” de forma simbólica.

Los 90 son un período borroso para la artista y su producción. Sus trabajos son menos reconocidos y se diluyen en un tiempo marcado por el consumo de drogas, que la misma artista reconoce como “de encierro”. En 2004 la detuvieron por tenencia de cocaína, una instantánea que recuerda como un punto sin retorno para reinventarse y llegar a hoy: “sólo tomo café”.

En la década siguiente (2010-2020) despeja todas las dudas sobre la potencia de sus trabajos, que ingresaban sonoramente a los grandes museos del mundo. Marta hace un “Lobo marino de alfajores Havanna” (2014) para inaugurar el nuevo Museo Mar, acá, y comenzamos a entender que tenemos entre nosotros a una de las artistas más relevantes del mundo.

La Documenta de Kassel lo certifica en 2017 al invitarla. Entonces, reconstruye “el partenón de libros prohibidos” allí donde los nazis quemaron un millón de ejemplares. 15.000 periodistas del todo el mundo, así como el establishment del coleccionismo, lo celebran.

Sigue sin haber público en sus acciones, hay participantes como en su intervención acá, en Córdoba, cuando montó su “Galería blanda” (2017) en la extrañada Casa Naranja. El trabajo fue donado, luego, al Museo Caraffa. También fue el tiempo de recibir el Premio Velázquez, que tiene una interesante dotación en euros.

Entonces se le preguntó “¿Qué vas a hacer con los euros? Trabajar también los sábados”, respondió.

Arte hasta la eternidad

Alguna vez dijo que se suicidaría a los 40, a los 60… Con otro marco y perspectiva, al ser contactada con motivo de su cumpleaños número 80, aclara “no voy a hablar de mi cumpleaños, al menos hasta que pase. Tampoco es tanto… es un casamiento con la eternidad. Nada más”.

Si cortara mi vida a la mitad, en la primera parte, cuando era nada más que un joven, compartí una noche con Minujín. Una parte de la noche. Todos esperaban, ilusionados, un escándalo. Pero no sucedió.

Creo que era su período excesivo, pero, en una cena divertidísima (donde tampoco se rompió nada) y con la compañía de Dolores de Argentina, tomó algunos platos del restorán y los transformó en “arte arte arte”. Siento que es un pequeño pecado tener, justo en frente mío ahora, esa pequeña obra que aclara de su puño y letra “Córdoba – 1999”. Porque la artista que no cabe en una nota, que merece una tesis doctoral, que muchas veces ha sido tildada de tilinga, está más viva que nunca y sigue exigiendo que todo lo suyo expanda la cabeza de quienes la habitan. Regalar experiencias, sembrar el cambio.

No lo entendí entonces porque ni yo -ni gran parte del mundo- estábamos listos. Pero hoy, mientras completo este texto voy a poner estas palabras picadas en el plato y, desde el HOY DÍA CÓRDOBA, se las vamos a soplar a la gente. Ojalá terminen dentro de las personas. O al menos en escándalo.

De artista a artista con Mauricio Nizzero (PARTE 2)

Fuente: Argentina.gob ~ Entrega final de la entrevista realizada al artista plástico Mauricio Nizzero para la sección de La Bitácora. Sus obras reflejan el compromiso social, cultural y político. A través de esta entrevista buceamos en los conceptos de la escuela que acuñó su desarrollo profesional.

7-Contáme un poco ¿Cómo nace el homenaje a Eva Perón que estás presentando actualmente en el Ministerio de Economía de la C.A.B.A.?

Hace bastante tiempo fui convocado desde La Fundación Evita para participar de una muestra colectiva, ese fue el primer disparador, meterme en el mundo de Eva fue iniciático ya que alguna vez me enfrenté a las contradicciones de un país dividido entre el amor y el odio, entre la justicia social y la desesperanza histórica, dividido por los desencuentros y las desigualdades donde la mentira y la violencia es lenguaje cotidiano, entonces confronté la mirada de la opulencia frente a las del hambre y la pobreza, creo que así supe con certeza en qué lugar quería estar con mi trabajo.
Para mi Eva no es solo la imagen de la remera o el poster de la foto mil veces repetida, tiene que ser la metáfora plástica que dice algo más, algo que trasciende, un lugar a donde llegar, la poesía de la otredad, si puedo aproximarme a eso, la tarea será cumplida.

8- ¿Como ves el circuito de comercialización de pintura argentina?

No hay un verdadero estimulo del estado y una puesta en valor de las artes plásticas como tal. El mercado legitima cualquier cosa que le sea funcional, es una trampa muy frecuente y hay diferencias entre valor y precio, pero una cosa es focalizar tu energía en el mercado y en sus intereses y otra cosa es tener en cuenta el valor de un trabajo, sus implicancias y la llegada a los otros, que esos otros sean “conmovidos”, la imagen dice y da batalla cultural, creo que hay una responsabilidad del estado para dar esa batalla cultural que hasta el momento no parece asumir plenamente. Es una elección, y no hay que temerles a esas elecciones si estamos convencidos desde la acción y el pensamiento.

9-¿Como te llevas con la comercialización de tus obras? ¿Te auto-gestionas o armaste un equipo para esa actividad?

Claro que todos queremos vivir de nuestro trabajo y…Arte es trabajo, y los artistas tienen que poder vivir de su trabajo, pero prefiero hacer otras cosas que vivir desesperado por vivir de esto, hasta ahora me permití hacer lo que quería sin ese condicionamiento. Vendí trabajos por mucho y regalé otros por casi nada, si tengo que hacer un balance digo que no me fue nada mal, entre premios y adquisiciones tengo una movilidad que me permite tener trabajos en muchísimas paredes que no son las mías, supongo que dependerá de la importancia que le demos a esas producciones, a lo que creemos de ellas o a lo que esperamos que ellas hagan por nosotros.

10- Tus series de grabados tienen unas líneas bien definidas y un diseño de personajes muy particular, donde las miradas y las manos son de una gestualidad muy fuerte. Contame como nació toda esa producción.

Todos los trabajos tienen algo de autorreferencial porque trabajo sobre lo que me importa, lo que me atraviesa o interesa. En mi trabajo está siempre presente el sujeto, el paisaje es el hombre, en palabras de Yupanqui “El Hombre es paisaje que anda” y me interesa representarlo de una u otra forma, el hombre o la mujer están siempre presentes. Si hago una revisión de todos los trabajos que hice hasta hoy, puedo decir que se tratan de trabajos donde intento poner en imagen aquello que me preocupa, una forma de transformar el dolor, las angustias, las tristezas y porque no el amor, en actos de creación, resolver el conflicto con una acción creativa… la psicología afirma que ante el conflicto se debe poner en palabras aquello que nos perturba, darle entidad para abordarlo, darle forma reconocible y discursiva. En nuestro caso, una manera es ponerlo en imagen, convertir esa reflexión, dolor o insatisfacción en imagen.

11- En algunas ocasiones tuviste la oportunidad de ser jurado en concursos artísticos. ¿Qué experiencia te llevaste de esa faceta?

Participar de un Salón implica riesgos, para quien desea ser seleccionado entre una cantidad de obras en una compulsa de calidad, apreciada en condiciones desfavorables y dependiendo de las subjetividades de los otros “el jurado”. Esos que evalúan, en el mejor de los casos, debatiendo y confrontando lecturas del lenguaje Estético Plástico con diferentes discursos derivados de una imagen. En un salón no puede aparecer el “me gusta o no me gusta”. Evaluamos entre otras cosas, originalidad, coherencia, temporalidad, riesgo, intencionalidad, lenguaje, profesionalismo, recorridos, discursos, sensibilidad… no es poco.
Cuando convocamos a ese jurado ya estamos eligiendo una mirada estética, es una forma indirecta de empezar a elegir y en ese acto se transfiere la responsabilidad, la seriedad y el compromiso de la tarea. En definitiva, al final de ese recorrido selectivo entre una pieza y otra, se encuentra el resultado, hacer con las propuestas de los participantes un salón digno de recorrer, en esa etapa se verá la capacidad de un buen jurado.

12-Cuál es tu técnica preferida?

Trabajo por series temáticas, eso me permite ordenar el trabajo y abordar una técnica específica para eso. Trato de no aburrir ni aburrirme repitiendo el mismo recurso, se pueden hacer muchas propuestas diferentes con la carbonilla, pero también con la tinta, el lápiz, el color, la pintura… los soportes diferentes condicionan el resultado y las maneras de resolver con el material elegido.

13- ¿Cómo seguís planeando tu futuro inmediato? ¿Proyectos?

Si no tienes proyectos es porque llegaste al final del recorrido, creo que eso es peor que el pánico al vacío de una tela en blanco. De momento estoy trabajando en varios proyectos, en simultaneo mientras continúo produciendo trabajos de esta serie, se van intercalando unos y otros, dibujos, pinturas, tintas, grabados, etc. Ya estoy cerrando una serie “LOS MISERABLES”, se trata de imágenes
que representan la miserabilidad de una parte de la sociedad, una suerte de instantánea sobre los responsables de la miseria humana.

Hace rato quiero trabajar sobre cuentos de escritores argentinos, imágenes sobre textos de Borges, Quiroga, Arlt, Discepolo, Cortazar. También trabajar sobre refranes populares, dichos populares, pero cambiando la mirada o evidenciando el absurdo… “en boca cerrada… no entre nada” … “más vale un pájaro volando que cientos en la mano…” “un buen entendedor, necesita palabras…”

Su Trayectoria:

Artista Plástico argentino, nacido en Buenos Aires en 1.958 (64 años)

Un artista con un amplio recorrido académico y artístico que abarca desde técnicas de orfebrería, pasando por la escultura, el dibujo, el grabado, el mural y la pintura.
Fue docente y directivo de Educación Media y Técnica del Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Poseen Obras Suyas Importantes Colecciones Privadas Y Oficiales en El País:

Magistratura De La Municipalidad De Vicente López – Bs. As.-
Fundación Rómulo Raggio – Vicente López – Bs. As.-
Museo De Artes Visuales – Santa Rosa – La Pampa. –
Sec. De Cultura – Municipalidad De Avellaneda – Pcia. De Bs. As. –
Museo De Artes Visuales – V. Roberano – Quilmes – Pcia. De Bs. As. –
Sec. De Cultura – Municipalidad De Azul – Pcia. De Bs. As.-
Casa de la Cultura San Andrés de Giles, Pcia. De Bs.As. –
Museo De Bellas Artes Ciudad De Tandil – Pcia. De Bs. As. – MUNBAT
Museo De Artes Visuales de General Roca, Víctor Roberano – Río Negro. –
Museo López Claro De Artes Visuales de la ciudad de Azul, Pcia de Buenos Aires. –
Museo Guamán Poma de la Pcia de Entre Ríos. –
Museo de Bellas Artes F. F. Amador de Luján Pcia de Bs. As. –
Museo Quinquela Martin CABA –
Sala E. Saraco – municipio de Neuquén. –
Museo de Bellas Artes de Lincoln. MACLA
Municipio de Trenque Lauquen

Sus obras han sido exhibidas en innumerables sitios del País, y también ha exportado su arte fuera de Argentina a espacios oficiales y privados en Países como: JAPÓN, FRANCIA, PERÚ, URUGUAY, BRASIL, CHECOSLOVAQUIA, E.E.U.U, PANAMÁ y ECUADOR.

Con más de 200 exposiciones colectivas e individuales, Mauricio Nizzero continúa en constante actividad desde su taller ubicado en el barrio porteño de Saavedra, es allí mismo donde nos recibió y nos brindó ésta amena charla.

El Museo Nacional de Bellas Artes estrena la segunda temporada de “Pensamiento de artista”

Fuente: Argentina.gob ~ El ciclo reúne entrevistas a once referentes de las artes visuales del país, que puede verse en el canal de YouTube y la web del Museo.

El Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) presenta la segunda temporada de Pensamiento de artista, el ciclo original de entrevistas audiovisuales a creadores argentinos de relevancia y trayectoria que están disponibles al público en distintas plataformas digitales de la institución.

En esta oportunidad, el ciclo producido por el Museo Nacional de Bellas Artes incluye diálogos en profundidad con once grandes hombres y mujeres que han dejado su huella en la historia visual del país: Dalila Puzzovio, Luis Felipe Noé, Tulio de Sagastizábal, Leopoldo Maler, Pedro Roth, Elba Bairon, Diana Dowek, Elda Cerrato, Marta Minujín, David Lamelas y Fermín Eguía.

“Se trata de un ciclo de entrevistas inéditas a grandes artistas argentinos que nos brindan su enorme experiencia, sus reflexiones y su visión acerca del arte y la creación artística”, explica el director del Museo, Andrés Duprat.

En estos videos, de unos siete minutos de duración, los y las entrevistadas expresan sus ideas sobre diversos temas relacionados con su profesión, y responden preguntas del tipo para qué sirve el arte, qué significa ser artista o cuál es el vínculo entre arte y política, o arte y género. También reflexionan sobre cuestiones como el arte argentino, la formación y la enseñanza, la crítica, el éxito y el rol del espectador frente a la obra. En esta edición, además, cada autor rememora su vínculo con el Bellas Artes, elige su obra favorita y la comenta.

Las nuevas entrevistas de Pensamiento de artista están disponibles para el público en el canal institucional de YouTube y en la página web del Bellas Artes. También se compartirán en todas las redes sociales del Museo (Instagram, IGTV, Facebook y Twitter).

Esta segunda entrega del ciclo se suma a la edición de 2020, estrenada en el contexto de emergencia sanitaria global a causa de la pandemia, que tuvo a Julio Le Parc, Juan Carlos Distéfano, Norberto Gómez, Sara Facio, Marie Orensanz, César Paternosto, Eduardo Stupía, Delia Cancela, Manuela Rasjido y Roberto Jacoby como protagonistas.