Laura Ojeda Bär explora una singular escultura de Penalba

Fuente: Ámbito ~ “Ancêtre Ailée” (“Ancestro alado”) ha sido retratada, analizada y homenajeada desde múltiples perspectivas, al punto de que compone una lección sobre el ejercicio de la contemplación.

El Museo Fortabat presenta un nuevo capítulo del programa Explorando la Colección, esta vez dedicado a una escultura de Alicia Penalba (1913-1982). “Ancêtre Ailée” ha sido retratada, analizada y homenajeada por la artista Laura Ojeda Bär (1986). Es preciso llegar hasta la última sala del último piso del extenso Museo, para encontrar el bronce de diseño alado de Penalba. Allí domina el espacio, rodeado por 21 pinturas de pequeño formato que lo reproducen en distintas versiones.

Ojeda Bär compone una lección sobre el ejercicio de la contemplación. Su galería de retratos depara el placer de mirar algo bello. Pero es una fiesta para quienes se integran al diálogo entablado por dos formidables artistas, reunidas casi por azar, por el concurso para curadores que ganó Irene Gelfman. Para comenzar, Ojeda Bär descubre los rasgos de la escultura y advierte la diversidad formal al mirarla en derredor, al dar la vuelta de 360 grados. “La obra de Penalba sorprende con formas inesperadas”, observa. Sus pinturas dependen del ángulo desde el cual se observe. Luego, destaca un factor clave: la inspiración en la naturaleza de la escultora, y las alas o pétalos que se abren para capturar la luz. La exposición es didáctica. Cada retrato está pintado en un horario determinado y revela la incidencia de la luz en la escultura. Hay una pintura donde las formas se desmaterializan como las de Turner, envueltas en la bruma blanca de las 07.03 de la mañana. Un cartelito apenas visible, indica el horario de la
toma fotográfica, punto de partida de todos los retratos. Los colores cambian cuando ingresa el sol en la sala y cuando llega el crepúsculo.

El Museo diseñado por Rafael Viñoly posee luz natural. Su fachada vidriada es el orgullo del arquitecto y una genuina dificultad para curadores y montajistas. En este territorio, la artista junto a la curadora Gelfman, coincidieron en un montaje especial: decidieron potenciar y trasladar al interior de la sala el paisaje exterior. Pintaron entonces el cielo del amanecer en los muros con los colores lila, rosa y amarillo, fundidos en suave degradé.

Los antecedentes de la artista prefiguraban un proyecto ideal para explorar a Penalba. Durante la pandemia Ojeda Bär indagó su propia vocación a través de los libros de historia del arte. Consiguió buenas reproducciones y pintó obras de Man Ray y también esculturas de Brancusi, Kiki Smith, Sarah Lucas, Ennio Iomi, Saint Clair Cemin o Elba Bairon. “Pinté cuadros de pequeño formato que van en busca de una experiencia íntima, sensible y personal con quien los mira”, observó. La propuesta del Fortabat parecía pensada para ella.

La obra de Penalba, aunque es casi plenamente abstracta, está estrechamente ligada a la naturaleza. ¿Cómo hablar del fitomorfismo sin pronunciar ni una sola palabra? La pintura de la figura alada en color verde, habla de la relación con las plantas. Para subrayar esta interpretación, hay otra pintura, también verde, donde las alas se abren y entre ellas se percibe una flor. La artista pone a prueba la capacidad visual y retoma la enseñanza que nos dejaron los impresionistas, las variaciones que provoca en la percepción de una obra la distancia desde la cual la mira el espectador. La escultura, pintada en la lejanía del horizonte, ostenta la cualidad de un árbol, mientras colocada a una distancia media, parece aprestarse a girar sobre sí misma.

Por otra parte, la firma de Penalba en primer plano y en versalita, con la P superpuesta a la A, recuerda la vida trágica y hasta novelesca de la escultora que cambió su nombre cuando se instaló en París. Allí rompió su obra figurativa y en medio de una ascendente carrera de conquistas que parecía no tener fin, murió en un accidente.

Al terminar el recorrido de la exposición, sobre pedestales, se encuentran dos afiches que presentan la muestra. El proyecto era ofrecer láminas para que el público se las lleve, como las de Félix González Torres, pero los protocolos sanitarios lo impidieron. Finalmente, la artista concluye: “junto al tema de la luz, otro pilar fundamental de la muestra es poder generar intimidad con un objeto tan aurático como una escultura famosa. Una persona me dijo que ahora puede ‘ver la obra de Penalba con amor’. Y es lo que me importa”.

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