Raúl Soldi: un nuevo aniversario por el natalicio del maestro de la pintura argentina

Fuente: El Día – Su genio creativo no se limitó al lienzo, sino que se expandió a otras formas de expresión artística. Un racconto de su legado.

En el vasto lienzo del arte argentino, la figura de Raúl Soldi (1905-1994) resplandece como un faro, iluminando con su creatividad y sensibilidad cada rincón de nuestra cultura visual. Nacido el 27 de marzo de 1905 en la efervescente ciudad de Buenos Aires, Soldi fue testigo desde sus primeros días de la sinfonía urbana que caracterizaba a la capital porteña en aquella época. Hijo de músicos, la influencia de las notas y melodías se entrelazó desde su infancia con el lienzo y el pincel, marcando el compás de una vida dedicada al arte en sus múltiples formas.

El entorno familiar de Soldi estaba impregnado de la magia del arte. Sus padres, Ángel y Celestina, músicos consumados, le legaron el amor por la creatividad y el refinamiento estético. Inspirado por la ópera “Los Hugonotes” de Giacomo Meyerbeer, recibió un nombre que resonaría en el escenario del arte argentino con una fuerza inusitada. Desde sus primeros pasos, el joven Raúl mostró una inclinación hacia el teatro y la pintura, construyendo pequeños escenarios de títeres y sumergiéndose en la escritura y montaje de obras teatrales.

Fue en su adolescencia, tras la mudanza familiar al barrio de Villa Crespo, cuando el fervor por la pintura comenzó a adueñarse de su ser. Rememorando aquellos días, Soldi transporta a su iniciación artística: “Recuerdo que la primer copia que hice fue sobre un cuadro de Quinquela Martín reproducido por Caras y Caretas”. Este episodio, simple en apariencia, marcó el punto de partida de una carrera que habría de conquistar múltiples horizontes.

Soldi mostró una inclinación hacia el teatro y la pintura, construyendo pequeños escenarios

El anhelo de explorar más allá de las fronteras lo llevó a Europa a temprana edad. En tierras europeas, el joven Soldi absorbió la riqueza cultural de ciudades como Hamburgo, Berlín y Venecia, esta última desempeñando un papel crucial en su desarrollo artístico. Fue en las calles empedradas de Pinceto, el pueblo natal de su madre, donde el fresco se convirtió en su lienzo y la historia en su musa. La capilla San Fermín presenció los primeros trazos del joven artista, quien, con la misma pasión que una sinfonía desgarradora, pintó su destino sobre el portal de aquella pequeña iglesia.

El retorno a la patria no marcó el fin de su periplo formativo. Soldi se sumergió en las aulas de la Academia Nacional de Bellas Artes y más tarde en la Academia Brera de Milán, labrando con esfuerzo y dedicación las herramientas necesarias para dar vida a su visión artística. El reconocimiento no tardó en llegar, con premios y exposiciones que atestiguaban el talento incuestionable de este hijo prodigio de la pintura argentina.

Su genio creativo no se limitó al lienzo, sino que se expandió a otras formas de expresión artística. La escenografía de cine y teatro encontró en Soldi un virtuoso capaz de tejer mundos imaginarios con el trazo de su pincel. Desde las pantallas de Argentina Sono Films hasta los escenarios del majestuoso Teatro Colón, su huella artística se entrelazó con las historias que cobraban vida sobre las tablas y las pantallas.

Pero es en la humilde localidad de Glew donde el alma de Soldi encontró su morada más entrañable. La Capilla de Santa Ana se convirtió en el lienzo sagrado donde el artista dedicó veintitrés veranos de su vida, pintando murales que narraban la historia de la madre de la Virgen María.

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