Parejas de artistas: cómo viven los que unen trabajo, creación y amor

Fuente: La Nación ~ Historias locales y extranjeras de referentes del arte visual, la fotografía y la experimentación que encontraron en la colaboración artística otro modo de estar juntos.

Crear y amar. Ese es el camino que transitan algunas reconocidas parejas de artistas que lograron avanzar a dúo en un campo donde la mirada más íntima y personal está en juego. En esta nota, nos cuentan cómo experimentan este desafío vital y qué encuentran en ese singular acto creativo compartido.

Avanzada pop

Pareja pionera pop en el ámbito local, Delia Cancela (Buenos Aires, 1940) y Pablo Mesejean (1937–1991) se conocieron en el bar de la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, se casaron en 1965 y desde ese momento hasta fines de los años setenta crearon juntos. Escribieron el manifiesto Nosotros amamos. Participaron en el Centro de Experimentación Audiovisual del Instituto Torcuato Di Tella, donde lanzaron el desfile Ropa con riesgo. En Love and life, un universo galáctico en la galería Lirolay, conjugaron performance, pintura, instalación y música. Delia hoy considera que la pareja de artistas Galaxia y Mar son “hijos trans” de aquella pareja que formó con Pablo.

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Consultada sobre qué los motivó a trabajar juntos, Cancela responde: “Fue por una cuestión de competencia, ahora lo puedo decir, antes no lo decía. Me da mucha pena que Pablo no esté para poder discutirlo con él. Pablo era terriblemente competitivo: no era celoso por cuestiones amorosas, sino que era competitivo en el trabajo. A los dos nos iba bien, pero cuando a comienzo de los años sesenta yo empecé a tener invitaciones Pablo se volvió loco: no podía soportar, por ejemplo, que no lo invitaran a algún lugar. Como todo era un problema, le dije ‘solucionemos esto: trabajemos juntos’. A mí me encanta trabajar con otros”.

“Después de separarnos, a los dos nos costó muchísimo recomenzar. Yo hacía muchas obras pero no las podía mostrar: me daba mucha inseguridad”, dice Cancela

Sincronías

Unieron una obra de cada uno: esos bastidores ensamblados marcaron el inicio de la creación mancomunada. Luego, durante una década, trabajaron a cuatro manos en la misma pieza. Viajaron a Nueva York y luego a Londres, en 1970, donde a ritmo vertiginoso sus trabajos se publicaron en revistas como Vogue y Harper’s Bazaar. Hicieron textiles y estampas para el diseñador japonés Kenzo y la maison francesa Hermès. Y crearon Pablo & Delia, su propia marca de ropa que integra la colección del Victoria & Albert Museum de Londres. “Él decía que sonaba mejor Pablo y Delia. Sí, quizás sonaba mejor, pero podía ser al revés: yo creé un logo con nuestros nombres que podía leerse como Pablo y Delia o Delia y Pablo”, comenta la artista.

Entre ellos, recuerda Cancela, siempre hubo crisis, pero al mismo tiempo deseo, creatividad y la capacidad de pensar lo mismo en sincronía perfecta. “En nuestra pareja el trabajo era lo más importante: todo se construía ahí”, señala. Y añade: “Nuestra atracción tenía que ver con la creación. Después de separarnos, a los dos nos costó muchísimo recomenzar. Yo hacía muchas obras pero no las podía mostrar: me daba mucha inseguridad. Empecé a recuperarme después de muchos años: era una mitad”.

Hoy Cancela, que vive entre París y Buenos Aires y ajusta detalles para el fanzine de Nosotras cautivas, piensa mucho en Pablo: a veces imagina cómo hubiera sido su vida sin ese hombre al que recuerda “muy lindo (gustaba a hombres y mujeres), muy bueno, querido por todos, capaz de brillar, pura exuberancia”.

Fascinación mutua

Como Cancela y Mesejean, Juliana Laffitte (Buenos Aires, 1974) y Manuel Mendanha (Buenos Aires, 1976), que hace más de dos décadas conformaron el colectivo Mondongo, se conocieron en el bar de la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. El primer beso fue durante una salida a comer en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova. Tras terminar de cursar la escuela, se casaron. Una foto de esos años, la del beso que selló la alegría cuando aprobaron el examen final, ilustra la invitación a Conejos blancos, deslumbrante exhibición que puede verse en galería Barro desde el lunes 7 de febrero.

“Entre nosotros fue fascinación: encontramos en el otro muchas cosas que desconocíamos”, recuerda Mendanha de ese lazo profundo que los une hasta hoy. En los primeros encuentros intercambiaron libros preciados para cada uno y, al mismo tiempo, desconocidos para el otro.

Un año después de casarse, cuando aún no trabajaban juntos ni imaginaban que llegarían a exponer en el Museo de Bellas Artes de Houston, el museo Maxxi de arte contemporáneo de Roma, el Lacma (Los Ángeles) y el MNBA, o que su obra sería comprada por la jequesa de Abu Dhabi, pasaron por una crisis profunda y decidieron viajar a Nueva York para ver si podían “hacer resurgir la relación”. “Después de ese viaje comprendimos que nuestra unión verdadera y más fuerte estaba dada por el arte –considera Laffitte–. Eso fue una marca profunda para sostener nuestra pareja en las crisis y pensar más allá de nosotros”.

“No tenemos celos ni problemas por cuestiones cotidianas, simplemente nos podemos pelear a muerte por un cuadro, pero lo otro siempre pasa a segundo plano”, dice Manuel Mendanha

Seres bicéfalos

“Creemos que el trabajo de los dos juntos es más potente que el individual: cuando nos conectamos nos transformamos en algo distinto”, sostiene Mendanha. Y continúa: “No tenemos celos ni problemas por cuestiones cotidianas, simplemente nos podemos pelear a muerte por un cuadro, pero lo otro siempre pasa a segundo plano”.

Trabajan 12 horas seguidas en su taller de Palermo (desde las 7 de la mañana sin excepción; sábados y domingo, si hay exhibición en puerta). “Nosotros a esta altura somos como un monstruo de dos cabezas: aunque a veces una idea la diga Manuel o la diga yo, no pensamos que uno es el iluminado, sino que este es un caldo que se viene cocinando entre los dos –dice Laffitte–.Y no sólo entre nosotros, sino que todo lo que hacemos está embebido en cantidad de influencias”.

Unidos por sus largos cabellos entrelazados, en Relation in Time, Marina Abramovic (Belgrado, 1946) y Ulay (Alemania, 1943- Eslovenia, 2020), pareja consagrada en la vida y en el arte desde 1975 hasta 1988, aludieron a una nueva extraña entidad nacida de ambos. En varias de sus performances abordaron las tensiones latentes de su relación. La cooperación devenida en ahogo asfixiante quedó plasmada en Breathing in / Breathing out, donde respiraron unidos por sus bocas hasta caer desmayados. Con performances más violentas aún, se adentraron en la ligazón entre amantes capaz de devenir espeluznante.

En Rest Energy, que para Abramovic representó un retrato de lealtad mutua, ambos sostuvieron un arco con una flecha tensada que apuntaba directo al corazón de la artista. Con una acción artística, pusieron fin a la relación: cada uno caminó desde un extremo de la Muralla China hasta encontrarse para un desgarrador adiós.

Obras como hijos

Jeanne-Claude (Marruecos, 1935-EE.UU., 2009) y Christo (Bulgaria, 1935-EE.UU., 2020) envolvieron con telas exteriores de edificios emblemáticos, puentes y espacios al aire libre. Su sueño de empaquetar el Arco de Triunfo se cumplió de manera póstuma. Una muestra retrospectiva de la pareja de artistas, que incluye fotografía, dibujos, collages y planos, puede verse en el flamante MACA (Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry) en Punta del Este, que abrió sus puertas el 8 de enero. Jeanne-Claude y Christo, que trabajaron juntos por más de medio siglo y decidieron firmar las obras con el nombre de Christo, consideraron cada proyecto compartido “como un hijo”.

Retrato de los artistas  ​​Jeanne-Claude (1935 - 2009) y Christo mientras posan juntos en la Harlem School of the Arts, Nueva York, 26 de abril de 1997
Retrato de los artistas ​​Jeanne-Claude (1935 – 2009) y Christo mientras posan juntos en la Harlem School of the Arts, Nueva York, 26 de abril de 1997Rita Barros – Archive Photos

Gilbert & George, famosa pareja de artistas que ya llevan más de medio siglo juntos haciendo performances, body art y esculturas vivientes, a la hora de describir su relación en la vida y en sus obras, sostuvieron: “No es una colaboración: somos dos personas, pero un solo artista”.

Gilbert & George: “No es una colaboración: somos dos personas, pero un solo artista”.

La unión hace la fuerza

Robert Capa fue el seudónimo que crearon André Friedmann y Gerda Taro (seudónimo de Gerta Pohorylle), quienes tras huir de la persecución nazi se enamoraron y empezaron a trabajar juntos. Ese secreto unió aún más a la pareja: ella lo ayudó a crear el perfil indicado para este hombre imaginario (un fotógrafo norteamericano inaccesible, que solo tenía contacto con ellos) que llegó a convertirse en el corresponsal de guerra más famoso del siglo XX, cuyas fotos, hasta la muerte de Taro, eran las que tomaban ambos. Como compartieron seudónimo, muchas veces es difícil asegurar de quién es cada toma, por ejemplo durante la Guerra Civil Española, que cubrieron juntos.

La fotógrafa alemana Gerda Taro (nacida como Gerta Pohorylle, 1910-1937) y el fotógrafo húngaro Robert Capa (nacido como Endre Friedmann, 1913-1954) juntos en un café al aire libre, París, Francia, 1936
La fotógrafa alemana Gerda Taro (nacida como Gerta Pohorylle, 1910-1937) y el fotógrafo húngaro Robert Capa (nacido como Endre Friedmann, 1913-1954) juntos en un café al aire libre, París, Francia, 1936Fred Stein Archive – Archive Photos

Artistas interdisciplinarios, Emilio García Wehbi (Bs.As, 1964) y Maricel Álvarez (Bs.As., 1973) se conocieron hace más de 20 años, cuando Wehbi dirigía Sin voces en el Centro de Experimentación del teatro Colón y Álvarez era actriz de esa ópera.

“Juntos somos fuertes”, afirma Álvarez, quien en este momento es curadora de Archivo Filoctetes, documento de una intervención en el CCK, exhibición inspirada en el Proyecto Filoctetes de Wehbi. A dúo crearon y dirigieron La Columna Durruti, colectivo de acciones performáticas que hizo pie en 2020 en el Museo Reina Sofía; viajaron a residencias en el Museo del Chopo (Ciudad de México), codirigieron Casa que Arde en el Teatro Estatal de Berna y viajaron juntos por trabajo a la Universidad Libre de Berlín y a la Universidad de Artes y Diseño de Kioto, entre incontables proyectos compartidos.

Larga data

“Cuando no trabajamos juntos, el otro siempre colabora desde la sombra. Todo lo que escribo pasa por el filtro de Maricel, y lo que ella hace por el mío. Cuando digo filtro no me refiero a decir si está bien o si está mal, sino que la mirada del otro le da un plus”, señala Wehbi, que hizo la primera curaduría conjunta con Álvarez en la segunda edición del festival Chandon Artground .

La pareja cuenta que los efectos del tiempo no desgastaron ni un ápice la relación. Álvarez –curadora de la Bienal de Performance, con dirección de Graciela Casabé– define el vínculo de la pareja como “una larga conversación constante”: “Nos estamos consultando o dando nuestras opiniones, que son encontradas a veces. Somos de discutir, pero afortunadamente jamás hemos peleado en términos personales ni artísticos”.

Intercambios

Wehbi añade: “No tenemos los mismos intereses ni los mismos puntos de vista ni los mismos criterios: esto es lo interesante. Se generó una dialéctica, en la que cuando hay una voluntad de escucha y en nosotros la hay, siempre la mejor idea o la mejor propuesta es la que gana”.

Por su parte, Leo Chiachio (Banfield, 1969) y Daniel Giannone (Córdoba, 1964), que trabajan juntos desde hace dos décadas, bordan telas como si fueran pinturas barrocas.

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“Descubrimos que juntos somos mejores”, dice Giannone. Chiachio añade: “Nunca más hicimos obras por separado ni dimos entrevistas solos ni hicimos sesiones de fotos por separado: tenemos muy claro, como parte de nuestra obra, ese concepto de la marca registrada”.

También Lolo y Lauti, dúo de artistas de videoarte y performance que ya llevan una década trabajando juntos y cuya instalación interactiva Mirtha eres tú se puede ver en Arte en juego, fabulosa exhibición en Proa, consideran que “son buenos editores mutuos”. Lolo, quien junto a Lauti en 2022 hará una residencia en Nueva York, dice: “Compartimos el cien por ciento de la autoría de los trabajos: las ideas nunca son de uno o del otro, sino que son un producto de la conversación entre ambos”. Una conversación que, como en el caso de Álvarez y García Wehbi, uno intuye que se nutre de un fructífero ejercicio dialéctico.

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