Randa Testigo: una muestra sobre una práctica textil centenaria vigente en Tucumán

Fuente: Télam ~ La muestra en el Museo de la Casa Histórica de la Independencia busca compartir el valor de la randa, un tejido fino de la familia del encaje a la aguja, que en nuestro país lo producen mujeres artesanas, conocidas como randeras, asentadas en la comuna rural de El Cercado.

Entre el arte y la tradición, la muestra “Randa Testigo”, que se exhibe en el Museo de la Casa Histórica de la Independencia hasta fin de año, expone distintos aspectos de la práctica textil de la Randa, una técnica de tejido centenaria que es realizada de forma activa por artesanas de una comuna rural ubicada en el centro este de Tucumán.

A partir de obras realizadas por artesanas y artistas, la muestra busca compartir el valor de la randa, un tejido fino de la familia del encaje a la aguja, que en nuestro país lo producen mujeres artesanas, conocidas como randeras, asentadas en la comuna rural de El Cercado. Lo que busca esta exposición es reponer el valor cultural de las piezas y documentar una práctica tradicional y comunitaria con varios siglos de historia en la provincia.

Tras su paso por el Museo del Traje de la Ciudad de Buenos Aires, la exposición «Randa Testigo» se puede ver desde julio pasado en el Museo Museo de la Casa Histórica de la Independencia y en el Centro Cultural Eugenio Flavio Virla de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) y seguirá en exhibición hasta fin de año.

El guion curatorial está organizado en tres ejes y cada uno ocupa una sala: materialidades, corporalidades y hábitat, «los cuales mantienen una íntima relación con la identidad de sus autoras», según explica a Télam su curadora, Alejandra Mizrahi.

«Uno de los principales objetivos que me planteé en la configuración de la muestra fue reponer el nombre de las randeras que participaron y que cada vez que aparezca una pieza esté vinculada a su autora», señala la curadora.

Tradición milenaria

La randa tiene su origen en Europa y «llegó a la provincia por el año 1565, durante el periodo de colonización, se instaló en lo que conocemos como Ibatín -primer asentamiento de la ciudad de San Miguel de Tucumán- que se encuentra a aproximadamente a cinco kilómetros de El Cercado», cuenta Mizrahi . Finalmente, este tipo de tejido desapareció del territorio europeo y cinco siglos después se sigue produciendo en ese asentamiento tucumano.

En diálogo con Télam, Claudia Aybar, una de las cincuenta mujeres randeras de El Cercado, define a la práctica textil como «un tejido que se hace con un hilo finito de algodón, para el que se usa una aguja y otra aguja o un palito como guía. Primero se hace una malla y después se borda, es decir que todos los dibujos que se ven en la randa, son bordados posteriores».

Generalmente, «la randa aparece en blanco o en crudo pero también se puede hacer en negro o en otros colores», destaca la artesana, quien sostiene que en El Cercado «hemos formado un equipo de veinte randeras que agarramos trabajos, tejemos en conjunto con encargos, también nos reunimos para presentar proyectos, participar de festivales».

La muestra: «Randa testigo»
En la primera sala del Museo Casa Histórica de la Independencia, que corresponde al eje materialidades, «se encuentra montado el panel de tipologías en donde se pueden apreciar las distintas formas en la que aparece la randa: cuellos, punta de mantel, puntillas, tapetes», describe la curadora.

Como parte de este eje, Mizrahi explica que se agregó «el patrimonio textil del Museo que cuenta con tres piezas de randa, una de ellas es una bandera que fue donada por randeras tucumanas en 1916 en la conmemoración del centenario de la Independencia Argentina, esta bandera permanecerá tres meses y luego será cambiada por un tapete que también fue donado, por la Escuela Profesional de Mujeres».

Las dos piezas restantes que componen el eje de materialidades son: un vestido fechado entre finales del siglo XIX y principios de XX y un tapete del Museo Folclórico que tiene bordada la Casa Histórica.

«Cuando sacamos estas piezas un grupo de randeras vino al museo a leerlas lo que nos permitió conocer cómo fueron confeccionadas, cuántas personas pudieron haber participado en el tejido, entre otras cosas», recuerda Mizrahi.

La segunda sala se centra en corporalidades y allí se puede apreciar «Revés de Trama», una obra que tiene como autora a Carlota Beltrame y que se enmarca en su trayectoria de 30 años de trabajo con la randa. La pieza se inscribe en la estela de su obra denominada «Utopía», ganadora del primer premio del Salón Nacional de Artes Visuales en el año 2018, en la cual se traducen pintadas, logos, panfletos, frases y fragmentos de la escena política histórica de Argentina, a la técnica de la randa.

Beltrame define a «Revés de Trama» como «la traducción de una fotografía documental, que registra una de las pintadas que hizo la organización Montoneros en 1971 cuando todavía se encontraba como presidente de facto Juan Carlos Onganía». En ese entonces Montoneros tomó la Casa Histórica de madrugada y en la Sala de la Jura – la única sala autentica que se conserva de la casa, ya que fue demolida y reconstruida en varias oportunidades- pintó consignas como «Montoneros» o «P V» (Perón Vuelve).

La pieza fue realizada por Claudia Aybar y su equipo de randeras, «trabajaron dos meses, tiene muchísimo esfuerzo y dedicación, fue hecha con la ayuda de un subsidio del Estado», destaca Beltrame y adelanta que están evaluando la posibilidad de trabajar con una serie de seis fotografías de los retratos pintados Eva Duarte y Juan Domingo Perón por la organización Montoneros en aquel episodio.

«Este hecho -dice Beltrame- fue escandaloso para Tucumán y se mantuvo ignorado por muchos años sin darse a conocer, es más había resistencia a que se conozca, por ello me interesó rememorarlo porque pertenece a esa parte ´opaca´ de la historia de nuestra provincia. Digo que es opaca porque todos estos movimientos revolucionarios y libertarios fueron muy cuestionados y estigmatizados».

Para Beltrame «más allá que se pueda discutir si lo que estos movimientos hicieron y sus metodologías eran las acertadas o no, a mí me interesa poner en relieve que la historia no se construye solo de hechos luminosos que tendemos a recordar, sino que esos mismos hechos luminosos están llenos de matices».

Por eso, agrega la artista, «es importante dialogar con el lugar donde vas a exponer y no solo ir poner tu obra, establecer un vínculo con el contexto y me pareció lindo traer a la memoria ese momento «opaco» de nuestra historia, pero que a la vez es fundante».

En su opinión «la mano de la artesana tiene un saber que no solo es técnico, sino que también tiene su historia que está presente subyaciendo en la pieza. Ellas son depositarias de una memoria ancestral que se va trasmitiendo de mujeres a mujeres por ello me interesa que la intimidad de sus manos narre esos relatos asordinados que son memorias, que les pertenecen a las artesanas y no a mí, y que están aquí presentes».

El tercer y último eje de la muestra es hábitat y está montado en la tercera sala del museo, donde se invita a los visitantes a conocer el ambiente natural en el que se inscribe y desarrolla este encaje.

En ese espacio se encuentra el Museo Móvil (Mumora), una estructura compuesta por paneles que exhibe distintas piezas de randa, que puede recorrer distintos territorios «para mostrar lo que hacen las randeras, sin tener que depender de un edificio que lo contenga», sostiene Mizrahi y explica que la idea «surge del concepto de que al patrimonio lo tienen las artesanas en las manos y pueden circular».

El museo móvil contiene una muestra que se denomina «Autobiografía Randera» donde cada artesana cuenta a través de su tejido, de los diferentes hilos, bordados y colores, parte de su historia. Las piezas están realizadas por un grupo transgeneracional de personas, que va desde niñas de 13 años hasta mujeres de 81.

Además, cada uno de los tres ejes de la muestra está acompañado por una producción audiovisual a cargo de Alina Bardavid, que aborda las distintas temáticas trabajadas.

Para la curadora, «Randa Testigo» es una muestra que «está muy viva» porque » las maestras randeras, autoras de las piezas, han venidos casi todas. Los viernes Claudia Aybar da demostraciones de randa al público y explica la técnica, y ya hicimos una feria en donde las artesanas pudieron vender sus productos».

A partir de septiembre y octubre se lanzarán dos talleres con inscripción y cupo limitado y «tenemos muchas propuestas culturales vinculadas a la randa que iremos contado a medida que vayamos concretándolas», anticipa Mizrahi.

Las randeras de este proyecto son Aybar, Agustina Sosa, Ana Belén Costilla Ariza, Marcela Sueldo, Ana María Toledo, Anice Ariza, Antonia Ariza, Cristina Costilla, Elva Aybar, Elba Sosa, Gabriela Belmonte, Tatiana Belmonte, Giselle Paz, Johana Elizabeth Pacheco, Johana Patricia Torres, Magui Ariza, Margarita Ariza, María Dolores Nuñez, María Marcelina Nuñez, María Laura González, María Magdalena Nuñez, Mirta Costilla, Silvia Amado, Silvia González, Norma Briseño, Julia Silvia Robles y Maira Alejandra Robles. También participaron las diseñadores Fernanda Villagra Serra, Sandra Mora, Josefina Luna y Gonzalo VillaMax.

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