Galaxia y Mar: innovadora conexión con el arte

Fuente: Clarín ~ El coleccionista Gustavo Bruzzone nos pasó el dato. “¿Qué te interesa de lo nuevo?”, le preguntamos la galerista Clara Martínez y yo una tarde en su casa abarrotada de arte. Así oímos sobre Galaxia y Mar por primera vez.

Galaxia y Mar son un dúo de artistas (según sus palabras, Galaxia es actor y actriz, y Mar, abogado y experta en el arte de coser); mucho antes de trabajar juntas ya eran pareja. Su obra es ecléctica: bordan, intervienen objetos, incursionan en la fotografía, hacen videoarte y performances y construyen piezas icónicas de vestuario. El modo de relacionarse con sus compradores es la verdadera novedad. Inventaron un sistema que llaman “Membresías 1111”, que devuelve al coleccionista al centro de la escena.

Con ganas de conocerlas, empezamos un diálogo por Whatsapp amable, como de ensueño. Finalmente agendamos un encuentro y allí fuimos Clara, Teresa Tedín y yo a tomar el té con Galaxia y Mar, en un espacio coqueto y prestado sobre la Avenida Figueroa Alcorta.

Conocedoras del poder de la primera impresión, nos recibieron en lo alto de la ondulante escalera; del balcón superior colgaban dos tules bordados en lentejuelas con aves, sirenas y animales fantásticos en diversos y pensados tonos de rosa. Pero la obra más deslumbrante es el dúo mismo: dos altísimas bellezas de melena y vestidos largos del mismo corte y distinta tela, la barba y la postura de danza de Galaxia y la simpatía caribeña de Mar.

Galaxia contó su derrotero de modelo de varios fotógrafos, entre ellos Marcos López, y su experiencia en la performance. Mar contó que nació en Venezuela, que allí terminó la universidad y que heredó de su abuela humilde que cosía para otros y de su otra abuela, la burguesa, que cosía para sí, su pasión por el diseño y la realización de vestuario. Ambas contaron que son pareja hace 10 años y que hace dos decidieron trabajar juntas en la búsqueda de un lenguaje que las describiera y las contuviera, y que en su caso es sobre todo una mirada sobre el mundo y una manera de estar en él.

Su obra se despliega en piezas de vestuario, videoarte, fotografía y objetos. (Cote Bonavia).
Su obra se despliega en piezas de vestuario, videoarte, fotografía y objetos. (Cote Bonavia).

La estrechez económica y los vericuetos del muy reducido mercado del arte local las impulsaron a imaginarse una instancia de contacto directo con potenciales compradores. Buscaban un sistema que les permitiera financiar el proceso de obra y comprar materiales. En el camino se encontraron con la posibilidad de un diálogo directo con los “apasionados” coleccionistas, que “entienden y se juegan”. Solas y a pura intuición, se plantearon saltear el sistema de galerías, ferias y expertos apelando a la empatía y complicidad del último eslabón de la cadena: los compradores.

Así nació “Membresías 1111”. El contrato se despliega en un folleto casero. Se trata de un abono de suma fija que dura 11 meses, que las compromete a producir 11 piezas (una por mes para cada abonado, de formato fijo, originales y únicas), y que pretenden vender a un total de 11 compradores. El primero en arriesgarse fue el juez Bruzzone.

La lista incluye un tul bordado, un dibujo, dos fotos polaroids, guantes a medida, una performance en la que además se puede elegir participar, un link por un mes a videos ya producidos, un retrato del abonado con producción, vestuario y maquillaje, una foto sublimada bordada con lentejuelas (¡una belleza!), un objeto intervenido, una bata bordada, y una sorpresa. Artistas y compradores conversan cada mes sobre la obra de turno, que se realiza a medida de los intereses de los comitentes.

Largas cabelleras y barbas, tules bordados en lentejuelas: el estilo Galaxia y Mar. (Pablo Gómez Samela).
Largas cabelleras y barbas, tules bordados en lentejuelas: el estilo Galaxia y Mar. (Pablo Gómez Samela).

Galaxia y Mar cuentan que ya vendieron dos membresías más, a una coleccionista de perfil muy alto, y a una naciente colección de tres amigos menores de 30 años. Y que se sienten profundamente agradecidas del feedback de todos ellos, que les sugieren lecturas y muestras para ver y que las acompañan en una espiral de crecimiento que se acelera y las tiene felices y agradecidas.

Entre las tres compramos la cuarta membresía. Salimos de allí decididas, más que a poseer una obra, a apoyar estas cosas para que existan. Tenemos la esperanza de que nadar en el mismo magma de Galaxia y Mar por 11 meses nos contagie la mirada encantada y la idea de belleza que ellas comparten; sus obras serán para nosotras la evidencia de que el mundo es también el modo en que lo miramos, y la vida es sobre todo la dignidad con que la afrontamos. Mientras tanto, ya nos estamos repartiendo el botín: Clara quiere la bata, Teresa la foto sublimada y yo me le animo al retrato.

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